—¡Eres horrible! —exclamó, aprehendido. Realmente era un disgusto, y estaba seguro de que su compañero debía verlo igual.
—Nunca has visto una quimera, ¿no es así? —cuestionó con orgullo. Era de gran tamaño, como un león enorme, de unos dos metros de altura estando solo en cuatro patas. Su pelaje era oscuro y frondoso como la noche misma, con unos ojos amarillos resplandecientes. Y como toda quimera: cabeza de león, cuerpo de cabrío y cola de reptil. Era meramente tétrico.
—Realmente, no. Y lo agradezco —le respondió, con mueca de asco, simulando arcadas. Necesitaba pensar qué diablos haría—. ¿A eso llamas una habilidad?
—Es impresionante, ¿no lo crees? —se jactó.
—¿Qué utilidad puede tener? —se burló. Le parecía increíble que ese líder estuviese perdiendo el tiempo en esa charla tan banal, pero lo agradecía, le estaba dando un tiempo valioso para pensar. Esperaba que su compañero lo estuviese aprovechando; de caso contrario, lo golpearía hasta bajarle todos los dientes. No obstante, Nakahara no bajaba la guardia—. ¿Qué sigue, un hombre tigre? Diablos, qué patético.
—Qué omega irreverente eres —alegó, con fastidio. Su voz cada vez estaba más distorsionada por el cambio de cuerpo, cada vez más ronca y oscura, imponente y peligrosa—. ¿No te han domado? Qué vergüenza.
—Eres patético si crees que alguien lo hará —arremetió, riendo. El mar chocaba con mucho coraje y se movía con frenesí, ansiando por ahogar gente en la tormenta. Sin embargo, la mente de Chuuya estaba aún más inquieta; aún no conocía la habilidad de un hombre que dominaba una quimera, mas no iba a ser fácil, y menos con los centenares de hombres allí presentes. Tendría que usar corrupción y eso ya lo enfadaba. Esperaba que Dazai fuese atento, porque de caso contrario ambos morirían. De cualquier forma, ese pensamiento se relajó al recordar que Osamu siempre lograba hacer todo bien pese a ser un maldito holgazán. Además, la conexión que los unía era lo que hacía de Doble Negro el mejor recurso de la Port Mafia; y, claramente, por eso resultaron ser unos malditos destinados. ¡Maldito Dazai! Apretó sus puños con molestia—. ¿Así son los omegas de tu organización? Qué pena das.
—Ya veo —murmuró solemne la quimera—. Aquí somos hombres de cabeza fría, cosa que en la Port Mafia parece que faltan, por lo que tus provocaciones de un marginado irrespetuoso no llegan.
Chuuya rio. El tiempo se agotaba. Sabía que con un solo toque de Dazai, aquella bestia estaría acabada, pero que este lograra acercarse a la misma era prácticamente imposible.
—Al menos no tenemos bichos raros —respondió, apretando los dientes en una sonrisa forzada. La charla iba volviéndose cada vez más estúpida y sin sentido, sobre todo por sus respuestas ridículas. Definitivamente, al recibir una mirada de desconcierto por parte de la quimera, decidió que no le quedaba más opción que alumbrar al caos con su corrupción en cuanto comenzase la pelea. Maldijo en voz baja y cerró su puño con ira. Y maldijo también a Dazai, por no haber hecho nada hasta ese momento. Puro alfa, ¡maldito inútil!
—Ya veo... –minimizó el líder—. Ya basta de charla. Me has aburrido.
Nakahara no respondió, solo esperó con cautela, analizando el entorno, contando cuántos hombres quedaban; solo pudo concluir que eran muchísimos. Asimismo, tampoco tenía idea de cuáles eran las habilidades de una quimera endemoniada. No pudo evitar pensar que seguramente Dazai debía saberlo o, mínimamente, adivinarlo.
—Destrúyanlo —ordenó a todos sus hombres.
Chuuya miró de reojo a su alrededor y activó su habilidad nuevamente, viendo a varios acercársele a sus espaldas. Maldijo por enésima vez y gritó eufórico, ampliando una sonrisa de guerra. Sin dudar, comenzó otra vez su frenesí de golpes, incluso con más ímpetu que antes. Dazai Osamu, que se encontraba aún tratando de cubrirlo desde su trinchera improvisada, sintió sus vellos erizarse al oír ese grito.
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Sobre instintos y amores ||Soukoku||
FanfictionDazai es un alfa, futuro jefe de la Port Mafia. Chuuya espera ser un alfa, uno mucho más fuerte que su compañero. Sin embargo, cuando un Chuuya de dieciséis años sufre su primer celo, nada sale a su favor.
