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Kara

Cuando desperté no recordaba nada, Alex me dijo que me habían disparado con una bala de kriptonita, no se como esos ladrones pudieron conseguir armas que pudieran herirme, si de algo estoy segura es que no eran criminales comunes, el hecho que una hora después de ser atrapados por la DEO sé suicidaron con un veneno potente lo confirma. He pasado todo el día entre archivos y papeleo investigando mientras Winn intenta localizar alguna venta de armas ilegal que podamos interceptar para hacer interrogatorio, pero todo está tranquilo, demasiado tranquilo, me recuerda a los incesantes quince minutos antes de que mi planeta explotará, había una tranquilidad terrorífica, devastadora, ensordecedora. Temo que este sea el caso, que este viviendo nuevamente los quince minutos, los malditos quince minutos de paz antes de la devastación. Me siento frustrada, mi corazón late con fuerza, salgo rápidamente del DEO sin darle atención a una Alex que me llama a gritos. Me siento sobrecargada, de esta manera no soy buena compañía para nadie, tiendo a ser impulsiva, mis instintos se nublan y no quiero herir a nadie. El cielo crepúscular se extiende sobre mi, el sol  comienza a desaparecer en el horizonte, los últimos rayos de sol se reflejan en las cristalinas aguas del mar, las aves emprenden vuelo para esconderse de los depredadores nocturnos, el viento cálido golpea mi rostro, la arena brilla cuan cristales, yo estoy sentada en el peldaño más alto del risco, todo es silencio, amo los atardeceres, siempre me tranquilizan, cuando el sol se esconde el cielo se torna anaranjado, me recuerda a Argo, siempre hacia lo mismo, siempre miraba el cielo, creo que tal vez venir a la tierra fue mi destino siempre, el cielo me hace sentir menos sola, más conectada con mi pasado, con mi gente y mi planeta. Cuando me siento más tranquila emprendo mi camino al DEO, Al llegar Alex me ve con los brazos cruzados.

-. ¿Dónde mierda estabas? - cuestiona con un gesto sumamente enojado.

-. Teniendo sexo. - miento, ella niega con la cabeza, me mira con enojo.

-. ¡Sexo! Para ti esa siempre es la respuesta a todo ¿Verdad? ¡Dios Kara! No puedes tener formalidad por un segundo. - me dice, yo ruedo los ojos sin mucho interés.

-. ¿Solo quieres un segundo? - cuestionó divertida, ella está roja de furia, toma su arma y la avienta fuertemente en mi cabeza.

-. Eres una idiota. - me dice

-. ¡Eso dolió Alex! - dramatizó

-. ¡Eres una mentirosa! Oh y hablando de mentiras, Lena me ha llamado como cinco veces hoy queriendo saber de "Supergirl" - dice haciendo comillas con sus dedos, yo la miro molesta. Más sin embargo una calidad desconocida se posa en mi pecho al saber que Lena está preocupada por mi. Sin decirle nada más a Alex me dirijo al balcón, ella me grita nuevamente pero la ignoro -ella odia que la ignore-, me dirijo al departamento de Lena, no tardó mucho en llegar, justamente ella está parada frente al balcón con las manos recostadas en la barandilla de metal, se mira hermosa con los pantalones de pijama con conejitos y la camisa de tirantes rosa palo, sus ojos están fijos en el cielo, podría decir que sus ojos ven el firmamento con melancolía.

-. El cielo también me hace sentir mejor después de un día ajetreado. - digo suavemente, ella se sobresalta, voltea su cuerpo hacia mi, justamente cuando yo aterrizó sobre las baldosas de mármol, sin siquiera darme cuenta ya la tenía abrazada a mi cuerpo, el movimiento abrupto de Lena me tambalea pero la sostengo, su cuerpo es tan frágil, puedo sentir su corazón latir con fuerza, el movimiento de sus venas en su torrente sanguíneo, cada órgano moverse y funcionar perfectamente. Sin pensar demasiado me pierdo en la suavidad de su piel, en el olor a manzanas de su cabello, en las extrañas sensaciones que Lena provoca. Su cuerpo tiembla levemente, ella está llorando. Se aleja de mi lentamente, sus hermosas perlas oceánicas están cristalizadas y varias lágrimas empañan su dulce piel, sus mejillas estan sonrojadas, parece una muñeca de porcelana. Acerco mi mano a su rostro, limpio con cuidado sus mejillas con un tacto suave, casi inexistente, es tan frágil que temo lastimarla con el más cotidiano movimiento.

-. Lo siento. - susurra. Yo niego con la cabeza, mis ojos la ven con ternura.

-. Estoy bien. - digo, ella niega con la cabeza.

-. Casi mueres hoy, por mi culpa. - se lamenta.

-. No, nada de aquello hubiera sido su culpa de ninguna manera. - exclamo.

-. Te vi Supergirl, antes de recibir el disparo, yo te quite la concentración, si no hubiera estado allí todo hubiera terminado de manera diferente. - dice.

-. No señorita Luthor, de cualquier manera hubiera salido herida, independientemente de que usted hubiese estado allí o no, por favor no se mortifique por cosas que no están en sus manos evitar, este trabajo es así, siempre está la posibilidad de no volver a casa. -

-. Hablas como si lo de hoy no hubiera sido mayor cosa. - exclama.

-. No lo fue. - digo.

-. ¿Qué hubiera pasado si no hubieras vuelto a casa? Tu esposo habría estado devastado. - dice, yo le dedicó una sonrisa torcida.

-. No lo hubiera estado. -

-. ¿Cómo estas tan segura? -cuestiona.

-. Por qué mi esposo no existe, no hay nadie que me espere al regresar a casa señorita Luthor. - digo, ella se queda en silencio, sus ojos tienen una capa de tristeza, sin decir nada más se voltea al balcón, sus ojos van al cielo, yo camino hasta estar a su lado, puedo ver como una lágrima se desliza de sus ojos.

-. Debe ser solitario. - comenta, su voz está cubierta por una gruesa capa de tristeza que me desconcierta.

-. Lo es. - acepto, ella esboza una sonrisa triste, más parecida a una mueca.

-. Me recuerdas a alguien. -exclama, yo la veo con curiosidad.

-. ¿Puedo saber a quien? Por su semblante es alguien importante. - digo, ella sonríe con tristeza.

-. Lo era. - asegura

La Dulce Mentirosa I: La Invasión Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora