7

742 84 2
                                        

Lena

Me sentía realmente mal, las cosas con Kara estaban mal, desde ese día que dejó mi departamento furiosa no nos hemos vuelto a ver, ella ya no me escribe para saber cómo estoy, tampoco volvió a regresar a la universidad por mi. Me sentía realmente mal con ella pero no sabía cómo disculparme por lo que paso; ella no debió de exigirme que me apartara de Carol, pero entendía su molestia, yo acepto que me he equivocado, aceptó que tanto Sam y yo cometimos un grave error esa noche, incluso Alex está distante con nosotras, viene de vez en cuando a ver a Rubí, pero a penas cruza palabras con nosotras. Han pasado tres semanas desde ese problema, Wanda, Pietro y yo nos volvimos inseparables, de vez en cuando Nat y Carol se nos unen para ver películas o salir al cine, nos habíamos convertido en buenos amigos, por supuesto se que en gran medida eso es lo que tiene tan molesta a Kara; de alguna manera ella debe saber que Carol y yo somos incluso más cercanas que antes. Había una profesora en la Universidad con quien había formado un lazo especial; desde la primer semana me tomo como su pupila, siempre me inspira a superarme a mi misma, me apoya y constantemente me dice lo orgullosa que esta de ser mi maestra, es una gran mujer y con el transcurso de estas semanas le he tomado un cariño enorme. Las cosas con Carol han estado extrañas, al día siguiente de la fiesta ella me busco a primera hora para disculparse por su actitud la anterior noche, me pidió olvidar todo y seguir siendo amigas, yo no le guardaba rencor ni la culpaba por lo que paso; ella no me obligó a nada esa noche, todo lo que hice fue por que así lo decidí yo. Carol me sonreia mientras conducía directo a mi casa, se había ofrecido a llevarme hasta que me sintiera segura de usar un auto en la ciudad. Cuando estaciona frente a mi departamento puedo ver algo que llama mi atención; un hermoso Audi R8 gris estacionado por mi edificio, yo conocía a la perfección ese magnífico auto; era el vehículo de Kara. Sin perder el tiempo salí a toda prisa del auto de Carol, me despedí de ella con un movimiento de mano y sin tiempo que perder casi corri hacia mi edificio, al entrar al departamento puedo ver a Kara mirando atentamente a Rubí quien está ¿Caminando? ¡Sus primeros pasos! Al cerrar la puerta su atención se dirigió a mi, sus ojos eran gelidos, fríos y desinteresados, su rostro era indescriptible. Ella sólo me dio una mirada sin interes y dirigió su mirada a Rubí de nuevo, al mismo tiempo que Alex y Sam salían de la cocina con varios recipientes de comida.

-. ¡Lena! ¿Qué haces aquí? Pensé que saldrías hoy. - me dice Sam un tanto nerviosa, era obvio que Kara había aceptado el almuerzo por que según Sam yo no estaría presente.

-. Iba a salir pero me dejaron mucha tarea, preferí venir a adelantar. - le digo.

-. Creo que será mejor que me retiré. - escucho la voz de Kara a mis espaldas, yo volteó a verla, intentando controlar el enojo.

-. No, por favor quedate, no quiero arruinar su reunión, como dije antes yo sólo he venido a adelantar tareas, estaré en mi habitación. - le digo con una pequeña sonrisa antes de dejar la estancia.

Al parecer Kara si se había quedado, escuchaba por momentos su risa, no le tome demasiada importancia y seguí con lo mío. Al cabo de unas dos horas de estar estudiando me dio hambre, con muchas ganas de comida chatarra ordene una pizza. Cuando el repartidor estaba afuera del departamento tuve que salir, me había puesto una pijama de conejitos así que si; me sorprendí cuando en la sala Alex y Kara aún seguían allí, estaban viendo una película las tres, yo habría pensado que después de la merienda iban a irse pero no; allí estaba yo recibiendo la inquisidora mirada de Kara por mi atuendo y además de el cínico coqueteo del estúpido repartidor de pizza; esa situación me había molestado, así que sólo le pagué la pizza y le cerré la puerta en la cara con molestia. Me dirigí a la cocina para buscar un plato y algo de beber sin volver a dirigir una mirada hacia las mujeres en el sillón. Quería tomar un vaso de una repisa pero era demasiado alta, me coloque de puntillas para intentar alcanzarlo pero era inútil ¡Maldita Samantha y su altura! Sentí el calor de un cuerpo atrás del mío, una mano más larga toma el vaso; al voltear mi cuerpo queda preso entre el lavaplatos y el cuerpo de una estúpida rubia.

La Dulce Mentirosa I: La Invasión Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora