1925
Nueva York, Estados Unidos.
El jazz resonaba por las calles oscuras de Nueva York. Astrid Campbell caminaba por ellas con un tapado negro cubriéndola completamente. Su pelo corto castaño se movía por el viento, haciendo que algunos rizos se posaran en su cara. Sus manos temblorosas estaban cubiertas en sangre, pero nadie las veía dentro de los guantes de cuero que traía puestos. Al llegar al primer callejón visible, se metió en él. En el momento en el que pensó que nadie podía verla, sus piernas se aflojaron y las lágrimas afloraron de sus ojos. Se encontraba sola, en la oscuridad y con un asesinato en su conciencia.
Para Astrid todo había ocurrido demasiado rápido. En un momento estaba rogando por su vida, y al otro tenía un cuchillo en su mano enterrándose en el pecho de quien había jurado amarla. En ese instante, lo único que se le pudo ocurrir fue huir. Huir lo más lejos posible y esperar no ser encontrada por la policía.
Una de las puertas de ese callejón se abrió, dejando salir humo desde el interior. Una figura masculina se posó en el marco. No se distinguía su cara, pero se notaba que llevaba un traje y estaba fumando. Un sollozo distrajo al misterioso hombre, y al voltear hacia la fuente de sonido se cruzó con una mujer hecha un bollo en el piso. Parecía como si hubieran ubicado una joya en el lugar equivocado. Llevaba ropa impoluta y que solo con verla se podía deducir lo costosa que era, su maquillaje, ahora hecho un desastre, parecía haber sido delicado en su momento y su cabello tenía un corte preciso. Había visto muchas mujeres hermosas a lo largo de su vida, aún más por el ambiente en el que estaba, pero ninguna con la clase que portaba aquella. Alguien como ella no tendría que estar en un lugar asqueroso como aquél, y menos llorando.
A paso lento pero confiado se acercó, como si fuera a explotar al momento en el que le hablara. Astrid al oír pasos cerca suyo levantó la mirada, que anteriormente estaba posada sobre el moho de la pared frente a ella completamente perdida. Al hacerlo se cruzó con el semblante serio pero curioso de un hombre. Llevaba un traje negro con el pelo oscuro pero rizado acomodado hacia atrás, dejando a la vista unas facciones definidas.
-¿Qué trae a tan hermosa mujer a este lugar de mala suerte?-Astrid inmediatamente se puso de pie mientras intentaba arreglar su maquillaje corrido por toda su cara.
-No creo que sea de su interés, si me permite decirle.-le contestó con la cara más seria que podía mostrar.
No se esperaba esa respuesta definitivamente, pero fue una sorpresa grata. Esperaba a una damisela en apuros, débil, que esperara que la rescaten. Pero se cruzó con un gatito con carácter.
-No me trates de usted, querida. Me presento, soy Isaac Smith.-estiró su mano esperando que la dama se la concediera, pero eso claramente no ocurrió.
-Astrid Campbell.-respondió cortante.
Una luz parecía haberse encendido dentro de la mente de Isaac.
-¿Campbell? Con que estoy frente a la esposa de Charles Campbell.-el cuerpo de Astrid parecía haberse helado al escuchar esas palabras. Que estúpida había sido al decir su nombre. Ya podía imaginárselo en la portada de todos los diarios. "Astrid Campbell arrestada por el asesinato del multimillonario Charles Campbell". Su estómago se revolvió de tan solo pensarlo.
-Estás pálida, querida. ¿Viste un fantasma, acaso?-le preguntó mientras tomaba sus manos. Pensó automáticamente en el fantasma de su difunto esposo, pero no creía que era un buen momento para mencionarlo.
En un momento de desesperación, ella alejó sus manos del hombre que recién había conocido, pero al hacerlo él se quedó con sus guantes, y sus manos quedaron al descubierto. La sangre de su ahora exesposo estaba seca sobre ellas. Todo su cuerpo temblaba y lo único que podía observar era las evidencias de su crimen.
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BUSCÁNDOTE
Romance"Y cuando se cumplan las dos décadas sus casualidades se encontrarán. Dependerán el uno del otro sin saber las razones. Se les obstruirá el camino a la felicidad y dependerá de ellos superar los obstáculos. Solo si sobreviven se los liberará de su...
