EADLYN
Mis ojos se ajustan a la oscuridad del tenebroso callejón que los estudiantes de la facultad solemos frecuentar durante las horas de luz. Distingo una imponente sombra tras unos malolientes cubos de basura y otra sombra sentada en el suelo.
Aunque no logro distinguir con claridad los rasgos del chaval que se encuentra con mi hermano, puedo distinguir su pelo rubio y ojos mieles que brillan a pesar de la oscuridad que estos guardan en su interior. Varios pearcings destacan en sus orejas al igual que el par de anillos gruesos en sus dedos algo machacrados. Bajo la vista y mis ojos se encuentran con una gran mancha que abarca casi toda la barriga de mi hermano, el cuál ejerce presión sobre la herida.
—Oh Dios mío —exclamo cubriendo mi boca con ambas manos.
Cuando Nathaniel me contó que habían apuñalado a mi hermano, miles de escenas peores a la que tengo enfrente se cruzaron por mi mente, sin embargo, ver a mi hermano en esta situación y después de tantos años resulta impactante y difícil de procesar.
—Aegan, hay que llevarte a un hospital —le advierto sin apartar mi mirada de la oscura mancha que parece extenderse sobre la sudadera.
—No. No po-podemos ir al ho-hospital —protesta entre quejidos sin dejar de ejercer presión.
—¿Qué? ¿Porqué? —cuestiono confusa ante sus palabras. Si nos preguntan podemos inventar cualquier cosa, como que lo agredieron pero no logró ver su rostro, de manera que denunciaría a un desconocido.
—No quiero dejar constancia de mi presencia en ningún lugar, eso te pondría en peligro —insiste tras soltar un quejido que intenta ocultar.
Finalmente mis ojos se posan en su rostro, y el sentimiento de estar viendo a un extraño me abruma. Mi memoria recuerda esos ojos grises y rasgados que siempre parecen estar llenos de odio y rencor recordándome a una tormenta enfurecida. Su pelo rubio no luce despeinado en su cabeza como antes, si no que ahora esta cubierto por un castaño muy oscuro casi negro parecido al mío y al de mamá, pues a diferencia de mi, mi hermano siempre fue la viva imagen de mi padre, algo que siempre detestó e hizo que su odio hacia mi aumentara, pues decía que yo le recordaba a mamá en todos los aspectos... Y es verdad.
—Hay que llevarlo al gimnasio junto el Snake Room, allí una amiga mía podrá atenderte y suturar la herida. Tranquila, no es la primera vez que lo hace —añade al ver mi cara de inseguridad.
Me guste o no, y pasara lo que pasara en el pasado, es mi hermano de quien estamos hablando, y la idea de llevarla junto a una desconocida para que lo cure no resulta de mi agrado, pero al igual que esa chica resulta ser una desconocida para mi, también lo es Nathaniel.
Tras meditar mi respuesta unos segundos acabo aceptando su ayuda y entre los dos lo levantamos del sucio suelo y empezamos a caminar hacia el dichoso gimnasio que tan poco confianza me inspira.
Cuando llegamos, una joven de nuestra edad nos espera impaciente junto la puerta de entrada, observando en todas direcciones. En cuanto nos ve se acerca y revisa la herida por encima con rapidez.
—Llevarlo a los vestuarios, iré a por el botiquín —nos ordena en tono demandante.
Los tres juntos atravesamos las puertas y caminamos entre las maquinas de ejercicio pasando de largo un gran cuadrilátero. Nath abre una puerta de metal que emite un pequeño chirrido y ambos nos adentramos en los vestuarios, tal y como ordenó la joven de piel morena.
—Dejazlo sobre el banco.
Con cuidado, Aegan se recuesta sobre el banco de madera sin apartar su mirada de la morena quien parece tenerlo cautivado con su presencia. Sin más preámbulos levanta la sudadera junto la camisa dejando el trabajado torso de mi hermano al aire, y con ella dejando expuesta la herida.
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