Meses atrás
Hospital Psiquiátrico Ville Lorent
El conticinio encargado de albergar una luna de sueños, así prevalecería hasta antes de la salida del alba. La luz del cielo estrellado ingresaba con delicadeza a través de la ventana de la habitación donde Addison Allard dormía.
Una estela de azulada luz se encargaba de acariciar su rostro; recorrer sus mejillas, pasear por su frente y llegar a sus ojos; subir el monte de su pequeña y blanquecina nariz y finalmente desembocar en sus rosados labios. Esta intención de la luz, coincidía con la que adquiría el esposo de la paciente dentro del maravilloso sueño en que ella apenas ingresaba.
A Addison le hubiera encantado despertar en su acolchonada cama y encontrarse envuelta en sus rosadas cobijas con grabados de las calles de Belfort, en donde, en medio de una calidez inigualable, conoció al que en algún momento consideró como el amor de su vida.
Al menos en sus sueños ella podía lograr lo que más deseaba, y disfrutar de todo lo que le formaba una agradable sonrisa; sin embargo, odiaba todas las veces en que llegaba a los últimos instantes y todo perdía el encanto que le había caracterizado, dando lugar a pesadillas y lamentos al abrir los ojos.
Esta vez no podría determinar cómo despertaría: si con un corazón latiendo de amor o con uno lamentado.
Addison entonces despertó en su habitación. Iniciaba con emoción una nueva experiencia de la que aseguraba, al día siguiente, el perfecto recuerdo de cada una de las sensaciones percibidas.
En cuanto se levantó de la cama, descendió a la planta baja. No le importó enfrentarse al frío del suelo a pesar de la cobertura de alfombra. Después de salir de su dormitorio, descendió por las escaleras mientras se apoyaba en el pasamanos. Al bajar el último escalón, tuvo frente a ella la puerta que le llevaría a la sala, en donde un detalle descansaba sobre una pequeña mesa de madera de roble.
Cuando Addison abrió la puerta para ingresar a la sala, hubo de despojarse de su bata de dormir para relucir el atuendo con el que había cautivado a su enamorado en Belfort: un vestido negro tipo evasé, con zapatillas del mismo color, que resaltaban en la claridad de su rostro que, adornado de ligero maquillaje, relucía bajo el luto de su cabello.
Frente a ella quedaba una mesa de madera. Le pareció fascinante ver sobre esta un pequeño arreglo floral.
El brillo del sol del atardecer, que acariciaba la ventana más adelante de ella, hacía relucir el color de las rosas rojas y unas cuantas lobelias. Lo que acrecentaba la delicadeza de ese bello sentir era la inscripción de una pequeña tarjeta atorada entre los pétalos de las flores —un petit détail... de votre bien-aimé... Barret—.
El estilo de estas palabras era reconocible; la pequeñez de los detalles de Barret fue grato para la mujer que él tanto amaba en esa época.
Addison tomó la tarjeta con una de sus manos, y con la otra decidió tomar una de las rosas. Al separarla del resto del arreglo comenzó lo que ella temía, una pesadumbre difícil de asimilar, un lóbrego sentimiento que aparecía después de que ella se encontraba en el máximo esplendor de su disfrute.
De pronto, el resplandor del sol a través de la ventana perdió su fuerza. A Addison le complacían los atardeceres, pero ese era de aquellos cuya faceta incomprensible le carcomía el alma; ella sabía a lo que se enfrentaría, y aún así prefería quedarse ahí en espera, hasta que el tormento terminara.
Alguien llamó a la puerta con golpecitos delicados y en patrones. Addison se acercó y abrió, sin necesidad de ver por la mirilla pues sabía a quién se encontraría. Luego de girar la manija, un fuerte golpe al otro lado culminó al fin con la tranquilidad ya edificada.
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LA RUE BELLEVILLE
Misteri / Thriller⭐✒️Obra ganadora de los Wattys 2022 en la categoría de horror ✒️⭐ Inevitables asesinatos azotan la provincia de Roanne. Arrastran una insondable estela de explicaciones que solo se esconden en los recuerdos de la doctora Natalie Bellerose, recuerdos...
