Corredor de Wieland, Vittel.
—Ya se han puesto los ojos en tu vecindario —le dijo Edward a Natalie, mientras salían del restaurante y caminaban bajo la tranquilidad del conticinio y el fulgor de las lámparas de los postes y los edificios. El momento romántico que el agente mismo edificó, parecía disolverse ante el conocimiento de la desgracia de hace tres días en Lannion—. Es una medida de pronto innecesaria, sabes, aceptar esa suposición nos ha permitido deducir que no atacarán ahí.
—Existe la posibilidad de que lo hagan tarde o temprano —dijo, preocupada ante el raudo pensamiento de amanecer cierto día como una víctima mortal.
Por supuesto, el estudio de la pista permitió aislar la posible conexión de Belle con el nombre del vecindario, lo cual adquiría cierto significado cuando se sabía que Belleville yacía dentro de la zona de peligro.
—Permíteme cuidarte, como lo haces con esas rosas —dijo, con su peculiar irreverencia, observándola abrazar el ramo que le obsequió.
La respuesta de Natalie fue la que esperaba. Bastó con una sonrisa para notar en ella la buena recepción de sus palabras.
—¿De qué manera lo hará, agente?
—Evitando que tengas que irte a ese vecindario. Ven, siéntate a mi lado —respondió, y tomándola de la mano se dirigió hacia una banca—. No nos hemos limitado a llegar a otras deducciones. Una pista así nos lleva a eso. ¿Por qué no pensar en algún lugar bastante llamativo; en una absurda filosofía; en una tragedia mayor; o... en el nombre de alguien?
Natalie observó, pensativa, aquel ramo entre sus brazos. Esperaría a que Edward continuara con otro tópico; al menos con uno lejos de la tensión, e intervenir con tranquilidad a orillas de la llamativa avenida.
—Natalie —comentó al fin, luego de un corto silencio—. ¿Volviste a ver a Richett?
—No —respondió, aún avizorando las rosas—. No volví a verlo luego de que... Terminará la lluvia.
—Hablaste de una tragedia.
Natalie recuperó la sonrisa que por un momento se esfumó. Volteó a ver a Edward, dispuesta a relatar la mayor conmoción de su vida. Creía perdida la estela de emociones que en su momento le azotaron; pero estaba muy equivocada.
El otoño de 19... atestiguó un fatal y lamentable suceso que años después había de quedar en el olvido y sin alguna solución que permitiera dar con los responsables. Contundente era saber que seguro estos hayan perecido o desaparecido de alguna manera; no obstante, no sería hasta el momento en que Natalie finalizara su relato, cuando Edward obtendría lo que por años buscaba.
En el edificio De Duve del vecindario Cholet (lugar en que vivía) la pequeña Natalie comenzaba una relación amorosa con su tímido vecino de la misma edad, habitante del edificio de al lado.
—Su padre era un cirujano —contó Natalie—, y su madre se encargaba del hogar. Richett disfrutaba contarme de todo lo que hacía su padre en el trabajo; me hablaba de operaciones que nunca logré entender por los términos tan complejos, solo lo escuchaba, lo observaba atenta cada que me encontraba a su lado. Él quería seguir los mismos pasos que su padre, el señor Clermont Loewi.
Pronto, las palabras de Natalie tomaron camino hacia la desgracia.
La Natalie de aquel entonces adquirió la confianza de los padres de su pareja. Ellos no se opondrían a la relación de su hijo con una joven bien educada y simpática.
—Sus repentinas visitas a la ventana de mi dormitorio en el primer piso, me hicieron esperarlo todas las tardes para salir y ver la puesta de sol. Nunca faltó el día en que no lo hiciéramos. En días de lluvia disfrutábamos mojarnos y brincar felices por los charcos de toda la calle. No hubo día en que no sonriera gracias a su causa, hasta que...
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LA RUE BELLEVILLE
Mystery / Thriller⭐✒️Obra ganadora de los Wattys 2022 en la categoría de horror ✒️⭐ Inevitables asesinatos azotan la provincia de Roanne. Arrastran una insondable estela de explicaciones que solo se esconden en los recuerdos de la doctora Natalie Bellerose, recuerdos...
