Después de ocho citas con ocho hombres diferentes, _______ se preguntó qué había pasado con la belleza masculina de Nueva York.
De cara eran todos bastante atractivos, pero bastaba una hora en su compañía para ver que dejaban mucho que desear.
Ninguno tenía los ojos tan azul-verdes como Harry, ni los hombros tan anchos. Y ninguno tenía sentido de humor ni podía mantener una conversación de más de diez palabras.
No llegó a besar a ninguno, y mucho a menos a invitarlos a su apartamento. Su plan no estaba resultando tan divertido como pensaba.
Mich había intentado convencerla para que llamase a Harry. pero el orgullo se lo impedía. Por nada del mundo quería pensar en el matrimonio... aunque alguna que otra vez se hubiera sorprendido soñando despierta con anillos y trajes de novia. Y tenia que reconocer que Harry sería el candidato ideal.
Cuando el teléfono sonó el lunes por la noche, esperó que no fuera ninguno de los hombres con los que se había citado últimamente. Solo le interesaba uno... y él no quería saber nada de un compromiso permanente.
Respondió a la llamada y oyó la voz de ese hombre tan especial. El corazón le dio un vuelco. Intentó mantener un tono tranquilo, pero le resultó imposible.
-Hola, Harry.
En el breve silencio que siguió, se imaginó un millón de razones que explicaran su llamada.
Si le proponía retomar su relación sexual, calla aceptaría sin dudarlo. Estaba desesperada por volver con él, incondicionalmente.
-Yo... -balbuceó él, y se aclaró la garganta-. Quería saber si vas a devolverme el abrigo.
La decepción le atravesó el pecho. Solo quería recuperar su abrigo, mientras que ella fantaseaba con finales felices y todo eso.
-¿Y qué pasa con la mesa y las sillas? -pregunto sin poder contener el sarcasmo-. Supongo que también querrás recuperarlas.
-No, puedes quedártelas. A mí no me hacen falta, pero el abrigo sí.
-De acuerdo. Se lo daré a Mich, y ella puede dárselo a Louis, y Louis puede...
-No quiero esperar tanto. Quiero que me lo traigas esta noche.
-¿Esta noche?
-Si. esta noche -repitió con firmeza.
Ella frunció el ceño con irritación. Menudo dictador... Después de todo, tal vez no fuera el marido perfecto. Menos mal que no iba a comprometerse con él.
-De acuerdo. Te lo llevó enseguida -se reprimió para no añadir: «majestad»-. Adiós.
Después de colgar fue al armario y sacó el abrigo. Harry tenía otros, así que no podía estar tan interesado en ese. Solo quedaba una explicación: quería verla.
Bueno, no era tan extraño. Le había dicho que podrían seguir con la relación sexual.
De modo que podían acostarse aquella noche, hacerlo otra vez a los dos días, luego esperar tres, y así sucesivamente hasta que pudiera superar su ausencia.
Mientras tanto le sacaría el mayor partido posible en su lujoso apartamento. Empezó a temblar de la excitación. Pero recordó que tenía que presentarse fría y serena. No podía mostrarle que estaba enamorada.
Se puso su chaqueta y a los pocos minutos estaba en un taxi.
No dejaba de temblar. Respiró hondo y trató de adoptar una actitud más despreocupada. «Finge hasta que lo consigas». Aquella sería la última prueba de su lema.
Cuando llamó a la puerta de Harry, había respirado tanto que debía de estar hiperoxigenada.
La puerta se abrió, pero no vio a nadie.
-¿Harry?
-Pasa.
Era su voz, pero no podía verlo.
Entró en el vestíbulo. Unas pequeñas velas junto a la estatua proyectaban caprichosas sombras en la estancia.
-Gracias por venir -Harry salió de las sombras que rodeaban la puerta.
Ella tragó saliva. Allí estaba, vestido con unos pantalones negros que revelaban su erección y el torso desnudo. Una ola de pasión primitiva la recorrió.
Estaba en lo cierto. Harry quería seguir con la aventura, pero ella jamás se hubiera imaginado que fuera él quien preparase el escenario.
-Te... te he traído el abrigo.
-Bien -se volvió y cerró la puerta con llave-. Ahora quiero que te desnudes y que te lo pongas - apuntó hacia la salita-.Yo estaré ahí, esperándote.
-¿Y si no quiero hacerlo? -preguntó para intentar mantener el control.
-Quieres hacerlo -sus ojos la traspasaron a través de la máscara-. Puedo ver que estás ardiendo de deseo -pasó junto a ella y entró en la salita a oscuras.
_______ se quedó perpleja... y excitada. Aquel hombre era una caja de sorpresas, incluso después de años de... No, no podía pensar así.
Se desnudó y dejó la ropa sobre la mesa de la estatua. Entonces se puso el abrigo y se lo ató a la cintura. El efecto era tan sensual!.
Al entrar en la salita vio que había velas encendidas por todas partes. Y de espaldas a la ventana estaba él, que parecía llenar la habitación con su presencia.
-Siéntate ahí -le indicó un sofá victoriano de terciopelo -ella obedeció, cada vez más húmeda-. Ahora túmbate de espaldas y ábrete el abrigo. Hazlo muy despacio.
Con el corazón desbocado, hizo lo que le pedía y se recostó sobre un almohadón.
Sin apartar la mirada de su figura, se desató el cinturón y separó las solapas, sintiendo cómo aquellos ojos ardientes le recorrían la piel desnuda.
-Ahora... -hizo una pausa y se aclaró la garganta-. Quiero que llegues tú misma al orgasmo.
-¿Y si no lo hago?
-Hazlo... Hazlo por mí -dijo con voz más suave. Ella cerró los ojos y deslizó una mano entre sus muslos. Él la estaba desafiando a ser salvaje, y ella iba a demostrarle lo salvaje que podía ser.
Se llevó la otra mano al pecho y se apretó el pezón. Entonces empezó a frotarse la entrepierna.
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soltera en new york h.s
RomanceEsta historia no es mia... No se como se llama el autor o autora pero gracias por crear esta historia 💜 aquí en wattpad no estaba completa así que se las traigo espero que les guste tanto como a mi. PD: Gracias por leer y votar
