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Apenas estamos afuera del bar, pero la música se escucha tal y como si estuviéramos adentro, terminamos de hacer la fila, presentamos nuestras identificaciones y rápidamente entramos al lugar. Puedo notar como los hombres la miran y al contrario de sentir celos, me siento el tipo con más suerte del mundo —ven preciosa. — le digo y la tomo de la mano para así ir caminando entre la multitud de gente que se dio cita aquí esta noche y poder llegar cerca de la barra —¿quieres tomar algo? — le pregunto y asiente.

—Daiquiri de fresa. — me pide y sonrió.

Me acerco un poco más a la barra para pedir nuestros tragos y en pocos minutos el bar tender me los entrega para que así pueda regresar con ella quien ya se mueve al ritmo de la música que suena a todo volumen. Le entrego su copa y una vez que ella la sujeta, con mi brazo libre, la rodeo por la cintura —¿bailas? preciosa — le pregunto comenzando un juego como si no nos conociéramos de nada y ella asiente. 

Su cuerpo y el mío comienzan a moverse al ritmo de la música mientras que por momentos le damos un sorbo a nuestros tragos hasta que ambas copas quedan vacías y las dejamos sobre una de las mesas para así poder bailar mejor. —¿recuerdas como bailamos aquella noche o es que el alcohol también borro aquellos recuerdos? — me pregunta al oído y sonrió.

—¿Porque mejor no me lo hacer recordar bien? — le propongo y la sonrisa que me regala en estos momentos me deja saber que en su cabeza rondan muchas ideas.

Ella no responde, simplemente se las ingenia para voltearse y quedar dándome la espalda para después pegar su cuerpo al mío y tomar mis manos para que las lleve sobre su abdomen —así es que bailamos aquella noche. — dice cuando gira su rostro un poco para verme y yo me acerco a su cuello para comenzar a besarla mientras nos movemos al ritmo de la música.

—¿Aquella noche te dije que bailabas muy bien? — cuestiono haciéndola sonreír.

—Lo dijiste de otra manera, pero si...— responde y con mis manos hago que se pegue un poco a mi si es que eso es posible.

La manera que su cuerpo se mueve rozando el mío es totalmente peligrosa, pero me encanta porque es a esto a lo que vinimos aquí... a tentar a nuestra suerte y terminar esta noche tal y como debimos hacerlo aquella vez —¿te dije que me alteras? — le pregunto al oído y ríe.

—¿Quieres que te diga lo que me dijiste? — cuestiona y muerdo su lóbulo.

—Por favor...— le suplico y honestamente me importa muy poco que la gente nos mire.

Ella vuelve a girarse para que quedemos de frente y pega su cuerpo al mío para después pasar sus brazos por encima de mis hombros. Sus ojos me miran fijamente y yo muero por comerle la boca a besos... pero también porque me dé una respuesta —me dijiste que era una diosa y que te excitaba la manera que me movía. — me dice finalmente y muerdo mis labios sin poder evitarlo.

Lentamente me acerco a su boca —lo mantengo, te mueves divinamente y me provocas de maneras infinitas... no sabes la cantidad de cosas que quiero hacerte esta noche. — le digo siguiendo este juego que nos hemos inventado.

—Y yo porque me las hagas... pero ven aquí. — me dice firme y me toma del cuello para besarme como si el mañana no existiera.

Su boca con la mía, definitivamente se llevan bien, crean momentos mágicos llenos de placer que hacen que estemos solos aun con toda esta gente a nuestro alrededor. Mis manos viajan peligrosamente por su espalda al descubierto y van un poco más allá ubicándose sobre su trasero y esa sonrisa que me regala sobre mis labios me tienta infinitamente.

—Me gustan todas tus versiones. — me dice y vuelve a besar —pero este Martin, me parece muy hot...— murmura haciéndome reír.

— ¿Te provoco lo suficiente para que esta noche te vayas conmigo a un motel? — le pregunto divertido sin dejar de movernos al ritmo de la música.

—¿Un motel? — pregunta y ríe —vaya... sí que estás ardiendo nene...— me dice al oído y muerde mi lóbulo.

—Estoy on fire por ti preciosa...— respondo y este juego que nos traemos los dos me gusta demasiado.

La vuelvo a besar, pero esta vez lo hago disfrutando de la exquisita sensación de su boca y cuando nuestras respiraciones agitadas no obligan a separarnos, nos miramos fijamente —te amo...— me dice y vuelve a besarme.

—Yo a ti... — rebato y vuelve a perderme en su boca.

Nuestro juego se desarma entre besos y caricias que no son aptas para dar en público, pero las copas que van pasando por nuestras manos nos hacen perder todo tipo de vergüenza que pueda existir y es solo cuando ambos estamos muriendo de sed por amarnos, que la tomo de la mano para que salgamos del bar y vayamos a terminar esta noche como se debe.

EL INVITADO DE LA BODA [TERMINADA]Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora