4. Papá, no.

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Ya es jueves, se me ha pasado la semana volando, mañana es la fiesta y ahora que la veo venir de cerca no sé si ir o no, si voy probablemente lo pasaré mal, estaré pendiente de Aiden y de sus amenazas, no creo que lo disfrute.

¿Puedes dejar de comerte la cabeza por un puto segundo en la vida, Layla?

Soy una de esas personas que siempre va estresada por la vida, me estresa la gente, me estrasa el ruido y me estreso yo. En fin, soy un caso perdido. Voy rodando en mi cama pensando en mis movidas mentales y en lo fácil que es estresarme por cualquier cosa cuando me llega un mensaje.

Hermanita<3
–Ey, hoy no hace falta que vengas tengo cosas secretas que hacer.;)

Abro el mensaje para responder. –¿Cosas secretas? ¿Qué es tan importante para que no pueda ver a mi hermanita la plasta? –Me sorprende que no quiera que vaya, siempre me lo cuenta todo. Debe ser una estupidez infantil.

–No vengas y ya está, si te lo cuento tendré que matarte y aunqué a veces me gustaría hoy no es el caso. –Eso me hace sonreír.

–Vale, pesadilla. Hasta el sábado entonces.

–Chao.<3

El viernes si al final voy a la fiesta tampoco podré ir al hospital. Miro la hora del reloj para ver cuanto tiempo me que da para ir al insti.

¡Mierda! Quedan 10 minutos. Estúpida Layla, estúpida. No voy a llegar a tiempo.

Me visto en una sudadera grande y roja de AC-DC y unas mallas negras de pitillo, en cuanto mi pelo desordenado, me lo recojo en una coleta rápida, sin peinarme, no tengo tiempo. Me pongo la mochila negra con los libros y me llevo el bocadillo de la encimera que preparé ayer por la noche.

Salgo a toda prisa de casa, estoy rogándole a dios para que el bus se haya retrasado y pueda subirme a tiempo. Al llegar a la parada no veo nada de nada, ni una sola persona, el bus se ha ido.

¿Qué te esperabas? Eres la persona con menos suerte del mundo. Hoy no llegas ni de coña.
¡Perfecto!Suspiro con melancolía.

Al fondo de la calle veo aparecer un coche muy llamativo, es naranja con una ralla negra que le da toda la vuelta, parece carísimo y muy lujoso. Estoy pensando en echarme a correr para llegar lo menos tarde posible cuándo de repente ese cochazo se para en frente de mí. Estoy muy intrigada al ver que se bajan las ventanillas lentamente.

Oh no, otra vez tú no.

–¿Has perdido el bus, niña?– Aiden. Conduce con una mano en el volante, despreocupado.– Qué irresponsable por tu parte. –Chasquea la lengua y hace que no con la cabeza sarcásticamente.

Que rabia. –Por lo visto no soy la única que llega tarde. –Le doy una mirada de asco.

–Yo tengo este trasto, en un minuto estoy dónde debo.– Empiezo a caminar y me sigue con el coche cerca. –¿Y tú? ¿Qué tienes?

– Tengo a un imbécil distrayéndome al lado.– Su alegre rostro se desvanece.

– ¿No te han enseñado que las niñitas no pueden decir malas palabras?–Suelta una risita.– Deberías relajarte, te saldrán arrugas.

Me paro en seco haciendo que se pare su coche junto a mí.

–¿Puedes dejar de ser tan insoportable? Agh, te he dicho que no me llames así, ¿Simios como tú son los populares de nuestro insti? ¿Porqué? No lo entiendo.

–Que descarada eres. -Se ríe.- Te iba a ofrecer un asiento pero veo que eres demasiado orgullosa.

-No lo ibas a hacer. Eres un mentiroso, y aunque me lo ofreciéras lo rechazaría, prefiero morir antes de que me vean contigo. –Sonrío sarcásticamente.

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