Capítulo 12

125 25 3
                                        


—No puede ser, no es cierto.

Los recuerdos de aquella noche pasaban por mi mente una y otra vez como la luz de un flash; eran incesantes y por más que quería no podía dejar de pensar en cómo me hizo suyo en ese balcón, como me penetró, el movimiento de sus caderas, su respiración en el lóbulo de mi oreja; cuando llenó mi interior de su esencia. No podía parar de sentirme culpable porque lo había disfrutado, ese había sido el mejor polvo de mi vida.

Salí de aquella habitación con el pijama que era lo único que llevaba puesto y al salir por la puerta del penthouse en dirección al ascensor pude ver que los dos guardias yacían dormidos en uno de los sillones del lugar. Traté de hacer el menor ruido posible y salí corriendo de allí sin que ninguno de los dos se diera cuenta.

Una vez en la calle mi mente quedó totalmente en blanco. No sabía que hacer; a mi hermana no podía molestarla a esta hora de la madrugada porque de seguro me mandaría al diablo por interrumpir su sueño al lado de Suho, además, ahora estaba su embarazo también. Cogí mi teléfono y marqué el número de Xiumin; en este momento lo que necesitaba era un amigo. El teléfono sonaba y sonaba y el maldito no respondía. Me estaba volviendo loco y el frío ya estaba helando mi cuerpo así que corrí lo más rápido que pude con el objetivo de hacer que mi cuerpo entrara en calor; no me detuve ni para respirar, mi mente estaba en blanco.

Cuando paré de correr me di cuenta que estaba frente a la casa de la única persona que no sabía si quería ver en ese instante. No me importó así que me armé de valor y soné el timbre varias veces hasta que un rostro adormilado apareció en la puerta.

—Baek, necesito un amigo—. Dije entre lágrimas.

—Kyungsoo, ¿qué sucede? ¿algún problema con la misión? ¿se arruinó tu tapadera? —. Preguntó sorprendido a la vez que me cogió por un brazo y me jaló al interior del inmueble. Sacó la cabeza y miró a ambos lados de la calle para asegurarse que nadie sospechoso estaba cerca. Finalmente cerró la puerta y fuimos al interior de la sala.

—Estás helado, deja que te pase una manta—. Y pasó una pesada manta por encima de mis hombros. Esa acción me reconfortó y me sentí finalmente seguro.
—Todo está bien Baekhyun, no te preocupes. Salí a correr y se me pasó el tiempo. Esta misión me está costando más trabajo de lo que esperaba. Ahora solo necesito un amigo y un lugar donde descansar unas horas. —

Realmente no estaba cansado ni tenía sueño, pero si era cierto que necesitaba un brazo amigo. No estaba seguro que Baek fuera la persona correcta, pero era la única que había encontrado en este momento.

Sin esperarlo Baekhyun se lanzó sobre mi comiéndome la boca y yo le retribuí el beso arrebatador que me estaba dando. Puso su mano derecha en mi nuca para no dejarme escapar a la vez que la otra bajaba por mi espalda agarrando fuertemente una de mis nalgas. Pude sentir su desesperación, su hambre de sexo, pero donde una vez hubo una llama que me quemaba con un solo roce de su piel, hoy no quedaba ni una chispa. Separé mis labios de su boca y me aparté de su cuerpo.

—Baek, hoy solo quiero un amigo, no busco más nada. Si no puedes aceptarlo es mejor que me valla—. Dije apenado al ver la mirada que se cruzaba por su rostro. Al parecer no entendía nada de lo que estaba sucediendo porque nunca lo había rechazado así.

—No te vayas por favor. ¿Qué tipo de persona sería si te dejo ir en el estado en que estás? Ven, acostémonos un rato. Prometo que no te tocaré. —

Que tierno era Baekhyun, pero ya no me derretía por los hombres tiernos; necesitaba que me dieran una orden; que me recordaran lo que sucedería si no hacia lo que se me ordenaba, pero por un momento decidí tirar la toalla e ir a la habitación. Nos acostamos juntos y Baek me abrazó; sentí sus fuertes brazos por encima de mi cintura y lloré por dentro porque me acababa de dar cuenta que ya no sentía nada por aquel hombre. Mientras pensaba en eso y en todo lo que había sucedido me rendí en sus brazos.

El delicioso aroma del café matutino me despertó así que salí en busca del embriagador néctar que no podía faltarme en las mañanas.

—Buen día dormilón—. Dijo Baek mientras llenaba una taza para mí. Le Sonreí a manera de agradecimiento, pero no por el café sino por cómo se había portado. Me había ayudado sin siquiera hacer una pregunta.

—Delicioso—. Añadí luego del primer sorbo. —No sabía que hicieras un café tan bueno. —

—Créeme, hay muchas cualidades mías que aún no conoces. —

—Solo quise conocer las de mi interés—. Terminé diciendo a lo que añadimos un poco de risa después.

—Mandé a pedir un taxi para ti. Estará aquí en unos minutos. Deberías ir a casa y vestirte apropiadamente. Después hablaremos de todo. —

El Baekhyun que conocía había regresado, como siempre corto de palabras y directo al grano. Continué bebiendo el delicioso café y cuando estaba a punto de terminar el último sorbo sentimos el claxon de un auto. El hombre que estaba frente a mí se levantó de su asiento con una velocidad felina y lo vi mirar por una esquina de la ventana de la cocina.

—Tu taxi está aquí. Coge este dinero para que lo pagues. —

—¿Cómo sabes que no tengo dinero encima? —. Pregunté incrédulo.

—¿Se te olvida con quién hablas? ¿No aprendiste nada de mí en Beijín? —

Había conocido a Baekhyun hacía dos años atrás cuando ambos nos infiltramos en una banda mafiosa chino-coreana y él era el experto en reconocimiento de campo. Era un excelente observador y nunca se le escapaba nada.

Cogí el dinero que me ofrecía y sin decir nada salí al encuentro de mi transporte. Le di la dirección de mi apartamento al conductor y cuando menos lo esperaba ya había llegado al edificio donde se encontraba. Atravesé el pasillo del lobby y sin saludar al conserje entré al ascensor. Una vez en casa me metí a la ducha y comencé a pensar en todos los errores que cometí desde que había comenzado la misión. Luego de un rato de meditación llegué a la conclusión de que mi peor error fue haberme dejado llevar por el corazón. Kai era un criminal que se merecía la prisión, pero al parecer ya no sería yo quien se encargaría de eso. No tenía el valor porque había comenzado a sentir algo por él y en este tipo de situaciones se retiraba al agente del campo porque la misión podía quedar comprometida. Ese era el problema, así que tomé una decisión: llamaría al capitán más tarde y dimitiría.

En ese momento solo me apetecía hacer una cosa. Salí corriendo mojado del baño como una flecha, solo me envolví una toalla a la cintura y entré a la cocina. Como loco busqué una botella de aguardiente que Xiumin había dejado hacia unas semanas atrás.

—¿Dónde coño estas? Sé que te dejé por aquí—. Murmuraba molesto entre dientes porque no encontraba lo que incesantemente buscaba en todas las gavetas visibles de la cocina. —Bingo—. Encontré mi objetivo y sin pensarlo comencé a beber de la misma botella.

Pasó una hora, dos, tres y cuando el alcohol me estaba venciendo sentí unos toques infernales en la puerta.

—¿Qu..quién coño es?—. Pregunté malhumorado. Casi ni me entendía yo mismo debido al exceso de alcohol. —No m...e dejan ahoggar las penas en ppaz.

—Abre la maldita puerta Do si no quieres que te lave esa boca sucia con jabón.

..................................................................

Ups, se le complicó la cosa a Kyungsoo

Infiltrado [KaiSoo]Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora