Capítulo 14

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Tumbado encima de la cama con la cara pegada a la almohada me sentía débil; de esa manera Jongin podría hacer conmigo lo que quisiera y no se lo podía permitir. A pesar de que su cuerpo yacía sobre el mío y era bastante pesado busqué fuerzas para liberarme. Kai anticipó mis movimientos por lo que fue inútil mi intento por la libertad. Con una de sus enormes manos sujetó mis dos muñecas y comenzó a atarlas con lo que parecía ser el cinto que una vez estuvo en su cintura.

—No por favor, no me ates—. Supliqué con voz llorosa. —Te prometo que no volveré a desobedecer ninguna de tus ordenes jamás. —

—¡Silencio! No haré nada que no te guste. Sé que desde aquel día en el balcón has estado esperando que se repita—. Afirmó Jongin y sentí como deslizaba uno de sus dedos por mi espalda hasta la unión de mis nalgas. Mi cuerpo era sensible a su tacto, tanto así que un sonido gutural salió de mi boca cuando sentí que mi pequeño hueco comenzaba a abrirse dándole paso a su dedo.

El maldito me estaba torturando, no soportaba más aquella situación; si no me penetraba ya, lo iba a matar yo mismo cuando sacara mis ataduras. Su dedo se multiplicó una y otra vez hasta que sentí tres de sus largos dedos jugueteando con mi apretado ano.

—¿Te gusta? —. Preguntó el desgraciado y por mucho que lo estaba disfrutando no quería admitirlo –me gustaba provocarlo- así que opté por morder la almohada que estaba debajo de mi cara. Entonces sacó sus dedos para de un solo golpe volver a empotrarme. —Te hice una pregunta—. Y de mis ojos salieron lágrimas que no supe identificar si eran de dolor o del placer que estaba sintiendo
.
—Acaba de follarme de una vez—. Grité despegando mis dientes de la suave almohada que funcionaba como amortiguador para mis gemidos. No me importó que los vecinos del 708 me oyeran; que se fueran al diablo.

Entonces ahí estaba la tan anhelada penetración. Pude sentir cada uno de sus centímetros entrando en mi interior y la experiencia me dijo que debía levantar un poco mi trasero para hacerle el trabajo más fácil a Kai. Al parecer le gustó porque su respiración se agitó y el movimiento de sus caderas se intensificó. Después de un rato en esa posición no aguantaba más, necesitaba moverme un poco y se me hacía difícil debido al peso de mi amante.

Me dio la impresión de que había leído mi mente porque comenzó a quitar las ataduras que apresaban mis manos.

—Ahora te dejaré tocarme —. Dijo el bello moreno al momento que dejó caer su espalda sobre la cama.

Nunca supe en qué momento se había despojado del resto de su ropa, pero cuando puse mis ojos en él estaba completamente desnudo. Aquel bello dios estaba en mi cama conforme había venido al mundo, con la excepción de que su cuerpo estaba mojado por el sudor. Había estado trabajando duro encima de mí y había llegado la hora de retribuirle. Sin calcular el riesgo monté encima de mi semental y volví a caer ensartado. Me agarré de su duro pecho y comencé a cabalgar como el más experimentado jinete. La expresión de su rostro me decía que lo estaba disfrutando tanto como yo y que estaba haciendo un buen trabajo.
—Más rápido —. Le oí decir mientras posaba una de sus fuertes manos por debajo de mi nalga derecha haciendo que sintiera más honda la penetración. La otra mano la llevó a mi cintura para darme el impulso que necesitaba y así aumentar las embestidas. Lo único que se oía en la habitación eran los sonidos de nuestros gemidos acompañados del golpeteo de sus testículos en mis nalgas; ese sonido obsceno que tanto nos estaba encendiendo.

—Bésame. Déjame sentir tus suaves labios una vez más—. Ordenó y yo cumplí.
Lo besé una y otra vez sin despegar nuestra boca ni parar mis arremetidas contra su duro órgano. Entonces sentí que su movimiento de caderas aumentaba en señal de su eminente final. Llevé una de mis manos a mi duro pene y comencé a moverlo descontroladamente.

—Estoy llegando. Es el momento—. Confesó mi amante entre jadeos.
—Aun no—. Le ordené a la vez que mordía con fuerza uno de sus labios que aún tenía en mi boca con el objetivo de disminuir un poco su concentración y así me daría tiempo de llegar al éxtasis a la misma vez que mi amante.

Cuando sentí que el momento anhelado estaba llegando aceleré mis movimientos de caderas y a la vez haciendo la penetración más honda. Podría jurar que llevaba media hora haciendo aquello y seguiría toda la noche, pero mi organismo necesitaba liberar lo que tenía aprisionado así que apreté mi esfínter y pude sentir como Jongin gemía debido a mi acción. De repente sentí un calor acogedor inundar mi interior a la vez que mi líquido salía disparado para caer en el abdomen de mi compañero. Mis ojos se pusieron en blanco involuntariamente y mi cabeza miró hacia el techo.

—No, mírame a mí—. Todo eran órdenes. Este hombre me sacaba de quicio porque no sabía pedir nada amablemente, pero esa vez se la dejé pasar porque entendía su frustración así que lo miré y él también lo hizo. Nuestras miradas se cruzaron y Kai me pegó a su cuerpo; me abrazó tan fuerte que amenazó con romper cada hueso de mi entonces débil cuerpo.

Quedamos exhaustos en la cama y por un largo rato lo único que hicimos fue abrazarnos; no dijimos ni hicimos nada más. Nos mirábamos mutuamente casi sin pestañear y en el silencio de la noche solo podíamos oír nuestras respiraciones que ya estaban llegando a su ritmo normal.

¿Qué acabó de suceder?

¿Por qué dejé que un criminal me poseyera así?

Tenía muchas preguntas pasando por mi mente en ese momento, pero sobre todo ¿Qué sucederá a partir de ahora? Preguntas vanas que por más que me doliera admitirlo, yo podía responderlas en un momento. Acabé de tener el mejor sexo de mi vida con el nombre más guapo del mundo, el hombre que con una sola mirada me hacía derretir, y a partir de ahora estaba a mi merced; no estaba seguro que después de esta noche, la agencia me apoyaría en alguna situación.

Infiltrado [KaiSoo]Donde viven las historias. Descúbrelo ahora