La Profecía

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Ese día había un ambiente extraño dentro del colegio. Marcos había despertado con una incomodidad creciente en la boca del estómago, no era una buena señal para él.

Herbología nunca le había gustado mayormente. Sebs le codeó en el gran comedor.

-¿Y esa cara larga?- Preguntó el rubio, tomando una porción de avena en su tazón.

-No he podido dormir bien...

-Lo que te hace falta es una buena taza de café y obviamente mi más que grata compañía.

Tomás se sentó con ellos, bostezando.

-Otro que se queda dormido.- Rió Franco, el alumno de Hufflepuff, arreglando su corbata mientras tomaba un sorbo de café.

-¡Esa era mi taza!- Reprochó Tomás.

-Tú lo dijiste: ERA.
Marcos rió por lo bajo.

Herbología en verdad no era una asignatura divertida. La mayoría de las respuestas eran de Sebs, que era honestamente bueno en todo lo que hacía excepto en su trato con la gente. Se recostó en el mesón y dormitó mientras la profesora explicaba la importancia de las propiedades de alguna planta de la que no recordaba el nombre. Extrañaba algunas cosas del mundo muggle, como los auriculares. Pidió permiso para ir al baño y se retiró de los invernaderos con dirección al lago negro.

Natalia estaba sentada mirando el agua cuando ella llegó a su lado.

-¿No deberías estar en clases?- Cuestionó el muchacho.

-¿Y tú?

Marcos se quedó callado y se sentó. Hacía frío, se frotó las manos y miró a su amiga. Había crecido mucho desde que se conocieron. Ahora era una jovencita preciosa y talentosa, aunque a veces un poco insegura.

Malía sintió un escalofrío correr por su espalda. El día tenía un extraño sabor agrio que la hacía sentir incómoda. No pudo concentrarse en clases de encantamientos. Los dibujos al borde de sus pergaminos llamaron la atención de Miranda.

-¿Todo bien?- Preguntó su amiga, tomándola de los hombros.- Puedes decirme...- Malía titubeó.

-Hay algo extraño en el aire, ¿no lo notas?... Es como una vibra rara.

Amara y Laura se acercaron tomadas del brazo.

-¿En serio sigue sin hablarte? Tremendo pelotudo que es...- Laura rodó los ojos.

-Oye!- Amara se volteó bruscamente.- Cuida el vocabulario.

-Es que o sea... Ni siquiera estás en el equipo... Igual y no le ha hablado a nadie de nuestra casa desde el partido.

Malía las miró y rió. Todo estaba bien.

Luego de unas horas de chismes y risas y el almuerzo, los alumnos de Ravenclaw y Hufflepuff de quinto año se dirigieron al salón de adivinación.

Amara saltó a los brazos de Marcos, como era costumbre. Las chicas rieron ante su efusividad. Sin embargo, retrocedió rápido.

-¡Me diste la corriente!- Exclamó haciendo un puchero.

Marcos rió.

Tomaron asiento en mesas separadas. Las cuatro muchachas por su parte hablaban sobre cosas de poco interés. Marcos, Tomás y Franco por otra parte estaban preocupados por los exámenes que se aproximaban. No quedaba mucho tiempo para estudiar, pues comenzaban, junto con Febrero, la semana entrante.

La profesora entró en el salón, que olía habitualmente a incienso.

Los presagios de humo no eran sencillos de estudiar. La profesora, con ayuda de algunos alumnos, repartió los cuencos con hierbas por las mesas. El ejercicio constaba en incendiar los manojos e interpretar las señales que el humo podía enseñar.

Puertas AdentroHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora