A los diez minutos de haber pedido la comida, el camarero se acercó dejando los primeros platos en la mesa: pulpo a la plancha y un surtido de gambas. Al ver el pulpo, Ana se acordó de uno de los días que visitó un restaurante en Benalmádena (Málaga), fue con su padre y su hermano en unos de los días que se tomaron para pasar juntos, allí fueron a ese restaurante tan famoso llamados 'Los Mellizos' y recordó el pulpo a la gallega. Según su hermano, era el mejor pulpo a la gallega hecho en toda España y ante aquel recuerdo la chica sonrió.
-Deberíais venir a visitarme algún día a España.- habló Ana sonriendo mientras las imágenes de su hermano disfrutando la comida le llenaban la cabeza, miró a todos.- no creo que mi padre ponga objeción en quedaros en mi casa.
Aquel comentario pilló de sorpresa a sus amigos, los cuales no se acordaban de que era de España. Riele y Sean, muy a su pesar, ya habían hablado del tema de que no volverían a ver a su amiga después de aquel verano, y menos sin que ella supiera lo que ellos eran en realidad. Sin embargo, Jace sí tenía la esperanza de volverla a ver, le gustaba de verdad, quería estar con ella, pero el futuro era algo incierto y él lo sabía más que nadie.
-Wow.- dijo Sean rompiendo el silencio que se había instalado entre su conversación.- Estaría muy bien la verdad.
Riele se quedó en silencio, no sabía que decir, no quería decir algo de lo que se podría arrepentirse porque no quería empeorar el momento en el que sus caminos se separarían, no quería hacerlo más difícil.
-Recuerdo que en uno de los mejores sitios de Málaga, una de las provincias al sur de España, hacen un plato que se llama 'pulpo a la gallega' y está delicioso.- sonrió mirando el plato del cefalópodo.- si vinierais allí, os enseñaría muchísimos lugares que conozco, tanto de comida como de monumentos.
La chica sin esperar a que contestaran, cogió su tenedor y empezó a probar la comida con los recuerdos recorriéndole la mente. Su actitud ayudó a los demás debido a que no sabían que decir por lo que empezaron a comer y cambiaron de tema.
Minutos más tarde llegó de nuevo el camarero con más comida y apuntó otra tanda de bebidas. Pasaron aproximadamente dos horas allí, hablando y comiendo lentamente, disfrutando de todo lo que habían escogido.
Las estrellas brillaban más que nunca y la luna llena se alzaba en medio de la noche, en medio de aquel océano iluminándolo como si no hubiera luz más potente, allí, aquel día.
Con todo el tiempo que pasaron allí, pudieron reposar la comida para que en sus estómagos entraran unos helados de postre de una de las heladerías que había cerca. Allí, Sean se pidió un helado de vainilla, Riele de fresa, Jace y Ana optaron por el chocolate ya que les encantaba, y al coincidir en su respuesta sonrieron.
Se sentaron en un banco que miraba a la playa y allí escucharon el sonido de las olas rompiendo en la superficie mientras engullían sus helados. Al terminar Ana, la guía, sacó el GPS para poder guiarse a uno de los mejores pubs de Miami, al estar a unas cuantas manzanas de su posición, decidieron ir andando para no tener que coger el coche con algunas copas de más después.
-Bueno, entonces ¿me concederás un baile después?.- preguntó Jace en voz baja acercándose a Ana, la chica sonrió ante la pregunta.
-¿Qué me vas a cortejar como se hacía antiguamente?
A la chica se le escapó una risita nerviosa.
-Si es eso lo que hace falta...- Jace se encogió de hombros siguiendo la broma mientras veía la sonrisa de la chica aparecer en sus facciones. Para él era la mejor sonrisa que había visto, tan sincera que se veía el fondo de la chica, todo lo bueno dentro de ella, tanta humildad y alegría juntas le enternecían el alma.
Cuando llegaron al pub, se notaba que estaba en una de las zonas más fiesteras de aquella ciudad. Había muchísimos locales alrededor con luces de neón indicando el nombre, mucha gente joven llegando a esa hora con bonitos vestidos y camisas para entrar en algunos de los lugares. Los chicos entraron en uno de ellos, en el que tenían un pequeño reservado para ellos cuatro, sin que nadie entrara más y sobre todo sin estar apelotonado con mucha gente, ya que con la época que estaban viviendo con lo de la pandemia, aquello no era muy adecuado.
Enseñaron sus carnés al gran hombre que había en la entrada, un guardia que parecía un gorila. Ana nunca había visto a ninguno de aquellos hombres custodiando las puertas de las discotecas de su ciudad, ya que a pesar de que alguna vez que otra había ido con sus amigas, no era necesario ni enseñar el carné para entrar, pero supuso que allí la entrada a menores de edad estaba prohibida y la seguridad aseguraba que no entrara ningún menor.
Al entrar por aquellas puertas negras, Ana inspiró fuertemente y sintió el sonido de las canciones que ponía el DJ en todo su cuerpo, sintió todas las vibraciones que se desprendían de los altavoces y sonrió inconscientemente. Se dirigieron a su reservado y allí había una mesa redonda baja, unos sillones a juego con la mesita y encima de ésta un par de botellas, vasos y hielo.
Ana fue la encargada de servir las bebidas, echando ron para Riele y ella, y ginebra a los chicos. Jace se dirigió hacia el balcón del reservado para ver a unas pocas personas en la parte de abajo del pub bailando con las mascarillas, allí con poca distancia era necesario llevar la mascarilla pero ellos, al tener un reservado, no era necesario porque estaban alejados de todos los demás. Ana se detuvo en su lado y apoyó sus brazos en la barandilla haciendo que su codo rozara el de Jace.
-Esta muy bien este lugar.- dijo Jace entre la música.- ¿cómo lo encontraste?
Ana sonrió ante la pregunta volviendo su mirada al DJ que estaba en un pequeño escenario en la parte baja del pub. El pub estaba hecho de tal forma que había 4 reservados y era como una especie de teatro, había varias plantas diferenciadas por un escalón y en la planta más baja se hallaban un par de barras para pedir las bebidas y un escenario para el DJ, además en la primera planta justo al entrar también había otro par de barras con varios camareros para servir lo que la gente quisiera.
-Buscando muchísimo, viendo reseñas de gente y preguntando a mis amigos de la uni.- contestó Ana medio gritando debido al volumen de la música.- me alegro de que te guste, quería que disfrutáramos un poco fuera de casa y pudiendo hacer lo que antes hacíamos, ir de fiesta a grandes lugares.
Jace sacudió la cabeza, lo más cercano a una fiesta en una discoteca que había ido era a la entrega de premios que se realizaba en una gran sala y después los invitaban a un aperitivo. Con sus amigos de toda la vida, que eran dos de su mismo pueblo, no había ido a ninguna fiesta. Además, tenía gran apego a su hermano, lo que solía hacer es irse con él de excursión y a veces iban sus amigos también.
-La verdad es que es un chasco esto del COVID.- siguió hablando Ana.- yo no he ido mucho a discotecas pero de las veces que he ido, te digo yo a ti...- volvió la cabeza para mirarlo y luego señaló la planta de abajo.- ...que es mucho mejor estar allí abajo que aquí arriba.
-¿Por qué?.- preguntó el chico con curiosidad.
-Hombre, no me refiero a ahora, aquí estamos bien. Lo que me refiero es que las verdaderas fiestas se montan en la planta de abajo con muchísima gente. Aunque al principio puedes agobiarte al estar pegada tanto a la gente pero merece la pena.- Ana sonrió recordando otro momento con sus amigas en una discoteca.- Notas la vibración de la gente, conoces a gente nueva, te echas fotos y te diviertes como nunca sin acordarte al día siguiente de quien era esa gente.
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Reality - Jace Norman
Jugendliteratur{Completa✅} La chica levantó la cabeza y lo miró a los ojos. -No te voy a tratar de un modo distinto por lo que me has contado, quiero que seas tú mismo, como has hecho desde que te conocí. Jace sacó su sonrisa más sincera y la chica hizo lo mismo...
