6. Seemann. Primera parte.

7.4K 982 96
                                        

Al llegar al lugar, el corazón de Megumi Fushiguro se hizo añicos.

Destrozado, había sido poco. Aquella ilusión del primer amor que se construía amenamente, como teclas de piano que tocaban una hermosa melodía y luego chocaban estrepitosamente convirtiéndola al final en una horrible canción, fue lo que sintió en su pecho.

Su respiración se agilizó, haciendo que sus manos frías se apretaran de la desilusión. Sukuna estaba tomando de la cintura a una persona a la cual no había visto en su vida. A la cual parecía tenerle confianza, a la cual parecía mirar con deseo y eso lo destrozó. No pensó en la tristeza y enojo que sentiría y para el orgulloso Megumi, no estar preparado para eso, era algo que le afectaba incluso más que sentir que lo estaba engañando.
El no haberse preparado con anticipación, creyendo que enamorarse para él iba a ser algo sencillo, o al menos, que no terminaría como el único lastimado que tenía que recoger todas las piezas rotas y era únicamente el mismo.

Esperó ahí, falsamente calmado y olvidándose de la presencia de la demás gente que parecía estar en lo suyo solamente. Esperó, como si eso le fuese a dar respuestas a su pobre y maltrecho corazón, cómo si sólo se tratase de seguir ahí mismo para darse razones para irse corriendo y no volver a ver a Sukuna Ryomen.
El siguiente golpe fue algo que lo hizo incluso soltar un ruido lastimero, un suspiro, como si alguien hubiese pegado en un lugar donde realmente te toma por sorpresa el dolor. Algo así, como un boxeador tomando finalmente su último golpe antes de abandonar la pelea.
Y es que, frente a él, Sukuna jugaba con el cabello de aquella persona, dejándolo detrás de su oreja, como había hecho muchas veces con Megumi, antes de dejar un beso en su frente, mejillas o en sus mismos labios. Ahora ese gesto parecía estar lleno de deseo entre esos dos. También, por aquel ángulo parecía que veía sus labios y que en cualquier momento, se besarían. Era tanta la cercanía y estaban tan pronto a hacerlo, pero es que él no podía ver eso. No podía.

Eso fue mucho para él. Sus piernas sintieron que fallaban torpemente al tratar de salir de ahí y chocar con las personas que tenía cerca, armando un pequeño alboroto en cuanto Gojo trató de detenerlo.

Sus miradas se cruzaron por una cantidad efímera de segundos y Sukuna, quién nunca se había preocupado por nadie, quién nunca se había detenido a preguntarse si los sentimientos de los demás por él eran genuinos, antes de arruinarlo absolutamente todo; sintió un horrible peso de tristeza que colgaba del pelinegro. No pudo evitar notar aquellos ojos azules tan rotos que incluso creyó ver llorar. Esa imagen lo iba a perseguir por siempre. No había entendido por qué, hasta ese momento, pero había tenido en sus manos las esperanzas de Fushiguro y el haber hecho algo que conocía a la perfección, no sé había sentido tan bien como en otras ocasiones. Nada bien.

No entendía muy bien por qué, pero supo que, quizá en esos momentos anteriores, estuvo dispuesto a engañar a Megumi y la culpa era un sentimiento que estaba experimentando por primera vez.

-


[ HOOOOLAAAA. Sé que dije que iba a subir diario pero quiero echarle la culpa a los planetas porque me dió un señor bajón!!! Pero ahora sí, no les dejaré a mis diez lectoras fieles sin esta historia que incluso a mí me está haciendo querer patear a Sukuna (???). Aunque cortito, aquí está.
Amo sus comentarios, les juro que no doy de la risa a veces smkdjfj y me ayudan un montón a seguir escribiendo, ya tengo ideas para unas dos historias más igual de sad porque escribir triste es mi pasión, pero primero quiero terminar esta o avanzarla aunque no vaya a ser muy larga.
LES TQQQMMM. NETA GRACIAS POR SEGUIR LEYENDOME. ❤️❤️❤️❤️ Muac.

Pd: El título de mis capítulos son canciones y "Seemann" es una canción de Rammstein, OJO, la versión piano, es como se sintió Megumi. Por si la quieren escuchar, aquí está;

https://open.spotify.com/track/1TyW43avSSYeHS31qQNjWC?si=AcQmkKc-S1C-01SLZrK44g&utm_source=copy-link

Brokendate. Donde viven las historias. Descúbrelo ahora