El tiempo había pasado tan rápido que, Sukuna ni siquiera tenía contemplado cómo salir de aquello.
Todo parecía ir peor. Megumi se acercaba más a él y Sukuna parecía querer alejarse, cómo si eso no fuese imposible. Todo por lo que rogaba era por una oportunidad. Una que le hiciera sentir que, sin dudar, pudiera estar haciendo lo correcto. Y es que, le quería. Le quería tanto lastimarlo le dolería de por vida. Sukuna terminó su último cigarro de aquella cajetilla, se asomó por el balcón y dentro de sus bolsillos había una caja con un anillo dentro.
En uno de los días que buscaba ropa presentable para poder verse bien para Megumi, encontró ese anillo en los aparadores. Se había comprado otro parecido y la señorita que le había hecho el favor de atenderlo, pensaba que se le iba a declarar a alguien. Y podía ser. De alguna forma, no significaba cómo tal una promesa si es que sus caminos simplemente se separaban, Megumi no estaba obligado a volver. Soltó un suspiro. Sus ganas de quedarse eran mayores cada vez pero eso no era una opción, necesitaba ser el hombre que Megumi pudiera admirar, aquel que lucha por sus sueños por una maldita vez y no se da por vencido.
Guardó los anillos y se alistó. Esa misma noche, en la última presentación que tenían en la ciudad, le diría. Tenía que hacerlo, por él, por todos los sueños que quiso intentar llevar de la mejor manera. Se amaría de valor y lo haría.
Al llegar al lugar, detrás del escenario estaban ya sus mejores amigos. A Megumi le reservarían un lugar junto a Nobara y eso, le hizo sentirse más tranquilo. Ella se encargaría de no dejarlo solo y de que cualquier cosa que sucediera, pudiera estar con ellos, dándoles el espacio suficiente.
Al ser su última presentación decidieron ser algo extras y juntarse antes de comenzar. Habían elegido perfectamente las canciones y tocarían una nueva que Sukuna había escrito precisamente para Megumi con su historia, que aunque breve, realmente había marcado tanto un antes y un después para él.
—Es hora de salir al escenario. ¿Listos?
—Sí. Quiero darles las gracias por acompañarme en esto. Sin ustedes no lo hubiese logrado y llegaremos lejos, gracias por toda su ayuda, por ser los mejores compañeros que pude haber tenido.
—Oh, malévolo cucarachón se nos puso sentimental...
—Bueno, decidido, no les vuelvo a decir nada.— terminó por decir Sukuna, negando con la cabeza mientras intentaba no reír.
—Pero hablando en serio, no nos tienes que agradecer. ¿Cierto, Mahito? Nada. Aquí estaremos para todo.
—Los amigos son amigos para siempre y por siempre...
—En las buenas y en las malas...
—Vaya, para de idiotas. Está bien, a dejar de perder el tiempo, tenemos que salir.
Y así, se aventuraron a su última presentación. Empezaron con una de sus más famosas canciones y la gente que los había ido a ver había llenado el lugar. Era un ambiente digno de un concierto de una banda que iba creciendo tanto. Eso le hizo sentir que todo estaba claro a Sukuna, que su éxito se daría y que podía ser un una persona digna de Megumi Fushiguro. Que podía hacer algo para realmente enorgullecerlo.
Megumi veía todo desde aquel lugar especial. Estaba nervioso y en cuanto comenzó la música intentó tomar un par de fotos, siendo observado por Nobara. Había tanto ruido que no podían hablar, pero le parecía que era una persona tan diferente a Sukuna, que no entendía porque funcionaban tan bien juntos. Suspiró antes de gritar, todo el pulmón de sus aires fue directo hacia el escenario.
—¡SOMOS SUS FANS NÚMERO UNO! WOOHOO.
Fushiguro soltó una risa, le gustaba la energía de Nobara y eso lo animó a disfrutar más de aquel concierto, aplaudiendo al final de una canción y agitando su mano para que él del cabello rosa lo pudiera notar. Ambos se sonrieron por unos segundos que parecían eternos, ahí, en medio de toda la gente que no parecía darse cuenta de nada, parecían eternos y eso, lo sintió tan cercano Megumi a cualquier metáfora que pudiera darle a su amor.
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Brokendate.
Fanfiction-¿Qué apostamos si ese chico está loco por mi a final de mes? -Sukuna, él no se ve así. Es Megumi Fushiguro. Está lejos de tu liga, y aunque no fuera así, no puedes jugar con él. Y Sukuna, listo para poner su plan en acción, ignoró que el corazón d...
