25. Silenced by the night.

3.7K 284 137
                                        


—Hay cosas que no voy a entender jamás.

—¿Cómo cuáles..?

—El porque ni después de todo este tiempo, dejé de pensar en ti.

Sukuna acarició la frente del pelinegro para quitar el cabello que revoloteaba ahí. Suspiró pesadamente y pensó en que contestar, no quería responder con ninguna broma el tono de Megumi era serio y posiblemente quería una respuesta igual.

—Quiero creer que sí que estábamos destinados. Que volvernos a conocer era algo que debía pasar y que ahora no puedo dejarte ir. Que soy lo que soy para poder pagarte todo lo que hice y volver a verte sonreír.

—De dónde aprendiste toda esa palabrería...

—No es ninguna palabrería. Estuve pensando todos estos años que te diría cuando te tuviera enfrente de nuevo, porque sabía que volvería a pasar, estaba seguro. No sabía realmente a qué enfrentarme y lo escribí todo. Lo plasmeé en mis canciones y ahora te lo puedo decir de frente. 

—Ya... Si te soy sincero, no sé porque me enamoré tanto de ti. Podías llamarle obsesión de alguien que apenas y sabía que era amor. Pero siempre lo supe, siempre supe que tu versión más inmadura me pertenecía y así como era esa, también la de ahora.

—Mi alma te pertenece. Somos universos infinitos que jamás dejarán de encontrarse y así, aunque estés en otra vida casado y con una esposa, vendré yo y te mostraré el mundo. Siempre me pertenecerás, así como yo a ti, Fushiguro. Debes empezar a comprender eso.

Sukuna se separó luego de decir aquello, lo dijo con una seriedad increíble que era capaz de convencer a cualquier persona de cosas imposibles. Sacó algo de la mesa de noche que estaba a un lado suyo, justo en el cajón, era bolsa pequeña algo vieja y roja estaba ahí. Dentro de ella había un anillo que descansaba ahí olvidado y Megumi negó con la cabeza.

—No.

—¡Ni siquiera he dicho algo!

—¿En serio?

—Tengo que contarte la historia completa antes... Espera antes de sacar conclusiones.

Sukuna se acomodó mejor sobre la cama. Sacó el anillo y lo observó, recordando aquel día en el que lo había comprado con un deje de nostalgia.

—Quería dártelo antes de que te despidieras así y no me dejaras explicarte que aquello de “la apuesta”. Era un simple pretexto. Quedé flechado a ti desde que fui a perseguirte como un idiota para que me miraras. Y tú nunca lo entendiste. Aún así me dejaste llorando en un aeropuerto y creo que fue el karma que pagué... Y entiendo, lo merecía.  Pero yo quería darte esto como una promesa de que vendría por ti. No es ni era para pedirte matrimonio porque no te daría algo que no te hace justicia. Se vería bien en tu mano, pero simplemente mereces más.

Megumi lo arrebató de las manos de Ryomen. Lo observó con cuidado, era de oro y le gustaba parecía ya de casados y eso le agradó aún más. Entendía porque Sukuna no quería dárselo, pero no quiso devolverlo. Ya era suyo y como tal otro recuerdo del que no quería deshacerse.

Se acercó a sus labios suavemente, besándonos repetidamente. Un suspiro escapó por los del pelo rosa, acarició su espalda desnuda y quiso volver a hacerle el amor. Quiso preguntarle sus sueños, sus pensamientos, entregarle todo lo que tenía en ese instante, pero primero se encargaría de satisfacerlo.

Se entregó por completo a él como un salto de fé nuevamente. Era el amor de su vida y cómo tal, lo sabía. No había necesidad de pasar más tiempo alejados cuando podía volver a conocerlo. Quería guardar cada lunar del pelinegro, cada beso y mirada, abrazarlo, cuidarlo, besarlo.

Brokendate. Donde viven las historias. Descúbrelo ahora