Capítulo 7

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— Si, mamá. No tienes que preocuparte. Él está en el hospital y mañana iré a la hora de las visitas — dijo Atsumu mientras hablaba con su madre por teléfono, — te aviso cualquier cosa, adiós te quiero.

Colgó y se tiró a su cama, boca abajo.

Agarró una almohada, puso su cabeza  ahí y sus párpados comenzaron a cerrarse.

Estaba cansado, tantas cosas pasaron hoy.

Pero por fin podía descansar un poco.

(...)

Era otoño y los gemelos tenían 6 años.

Las hojas caían, el viento era fresco y el parque era perfecto para ir a jugar.

Osamu se puso su suéter azul marino, mientras que su mamá le amarraba los cordones a los zapatos de Atsumu.

— Vayan con cuidado — pidió su madre. Ambos agarraron sus bicicletas hacia la entrada de su patio.

— Si, mamá — dijeron ambos al unísono. Los dos subieron a sus bicicletas, comenzaron a pedalear hacia el parque. Clásico de ellos dos, viendo quién llegaba primero. La bicicleta de Atsumu era roja y la de Osamu era negra; sin embargo, tenía fallas en el freno, así que él debía medir su velocidad. Aunque de vez en cuando, se calentaba a querer rebasar a Atsumu.

Iban doblando la esquina de la avenida cuando Osamu agarró velocidad y rebasó a su hermano. Había que cruzar esta misma para llegar al parque, así que  aprovechando la velocidad, giró su volante hacia la avenida.

Sin embargo, no se dio cuenta que los autos comenzaron a aparecer y uno salió de una calle antes de la esquina que ellos doblaron y eso sorprendió a ambos niños, al punto que Osamu se asustó por que parecían que lo iban a atropellar.

— ¡Osamu! — gritó un despavorido y asustado Atsumu. Por suerte Osamu logro pasar ileso hacia el parque, pero inconscientemente apretó sus frenos. Había una bajada en ese parque, por la que él bajó junto con su bicicleta hasta que chocó con un árbol.

Atsumu espero que estuviera el alto para cruzar hacia el parque. Una vez que lo hizo, se bajó de su bicicleta y fue a asomar su cabeza para ver a Osamu, lo vio levantándose del pasto.

Bajó como pudo la bajada y corrió hacia su hermano.

— ¡Osamu! ¿estás bien? — pregunto Atsumu mientras se inclinaba hacia él.

— Creo que si — respondió adolorido y se masajeo la cabeza.

Atsumu le dio su mano para que se levantara, Osamu la agarró, pero cuando se levantó y se puso de pie, un dolor horrible le llegó desde su rodilla. Se quejó de dolor, volvió a caerse luego se quedo ahí.

— Me duele Atsumu, me duele — chilló con lágrimas en los ojos. Se agarró el muslo.

— Déjame ver — pidió. Poco a poco, levantó el pantalón de su hermano para ver su rodilla y justo pudo ver que esa zona del pantalón estaba rasgada. Cuando por fin todo estuvo descubierto, no pudo evitar asustarse.

En la rodilla de Osamu, había mucha sangre y un pedazo de piedra sobre su rodilla. Aunque Atsumu no sabía si estaba enterrada. La tocó un poco, pero se detuvo por que su hermano se quejó de dolor.

"Tendré que quitársela"

— Osamu, mira un dinosaurio — dijo y señaló hacia un lugar atrás de Osamu. Este ingenuamente volteó hacia donde señalaba su dedo. Atsumu aprovechó la distracción y le quitó de un jalón la piedra.

Obviamente, Osamu gritó de dolor. Luego comenzó a llorar y a llorar mucho. Atsumu tiro la piedra, miro a su hermano y por alguna razón, él también comenzó a llorar. Se agachó a un lado de él y lo abrazó. 

(...)

Antes de que fuera al gimnasio a entrenar con su equipo, Atsumu pasó al hospital para la hora de visita.

Entro al hospital, fue directamente al ascensor y subió a la recepción. Una vez ahí, pudo ver al doctor Nomura. Él estaba hablando con un par de enfermeras, pero cuando vio a Atsumu, terminó de hablar con ellas y se acercó a él.

— Buenas tardes, joven Atsumu — saludó, — acompáñame.

El doctor caminó hacia el ascensor y Atsumu lo obedeció. Fueron hacia ahí, pulso un botón, comenzaron a subir. Rápidamente llegaron al piso que indicó el doctor, salieron de ahí y caminaron por el pasillo.

Atsumu mientras caminaba, iba contando las habitaciones hasta que el doctor se detuvo en una.

"Piso 4. Cuarto 16. Recuérdalo"

— Tiene el ventilador mecánico y su garganta está mejor que ayer — comentó el doctor y se volteó a mirar a Atsumu, — Las visitas varían pero todas duran una hora y media. Solo tienes que decirnos a que hora planeas venir para preparar todo.

El rubio asintió, el doctor le sonrió posteriormente se retiró de ahí. Por alguna razón, se sentía nervioso, tal vez porque no lo había visto y se enojó con él, pero inhalo con fuerza después abrió la puerta.

Osamu estaba en la cama, viendo una revista. Como dijo el doctor, traía el ventilador mecánico adherido a su nariz y boca. Se veía débil, aún tenía las ojeras de sueño y su pelo estaba levemente despeinado.

Atsumu cerró la puerta, vio que había un par de sillones a pegados a la cama y tomó asiento en uno. 

Todo entre ellos estaba silencioso. El rubio estaba jugando con sus dedos también estaba cabizbajo. Se sentía culpable de lo que sucedía, si lo hubiera presionado más, no hubiera pasado esto.

— Yo... — murmuró el rubio, — ¡lo siento, Samu!

Apretó con fuerza sus parpados posteriormente levanto la cabeza para encarar a su hermano. Osamu volteo a verlo y le sonrió.

— Eres muy chillón, Tsumu 

𝓤𝓷 𝓻𝓮𝓰𝓪𝓵𝓸 𝓹𝓪𝓻𝓪 𝓵𝓪 𝓵𝓾𝓷𝓪 //  ʟᴏꜱ ʜᴇʀᴍᴀɴᴏꜱ ᴍɪʏᴀ ✔Donde viven las historias. Descúbrelo ahora