*Pesadillas*

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Pov. Henrik

Después del entrenamiento y la visita de Lizzie me fui a mi habitación para asearme. Media hora después, mi estómago empezó a rugir por hambre humana, así que salí de mi habitación y fui al salón.

—Veo que tu entrenamiento está sirviendo.

Volteé al reconocer la voz.

—Es un gusto volverla a ver, Caroline.

Sin más la abracé. Ella es la que ha estado con nosotros después de la pérdida de nuestros padres.

—¿Cómo lo estás llevando? —me miró con su mirada maternal.

Sonreí nostálgico.

—Supongo que normal —alcé los hombros—. Marcel dice que estoy haciendo mi mejor esfuerzo, así que supongo que me está yendo bien.

—No cabe duda de que eres hijo de Klaus Mikaelson —sonrió orgullosa—. ¿Has visto a tu hermana? Me gustaría hablar con ella también.

Me quedé pensando. Solo la vi hoy en la mañana después de nuestra pelea de almohadas, pero de ahí no he tenido noticias de ella.

—La verdad no sé dónde está.

Ella alzó la ceja sin creer en mis palabras.

—La vi hoy en la mañana, pero con el entrenamiento no sé dónde está.

—Está bien, chico —sonrió—. Anda a comer, iré a su habitación.

Asentí y fui directo a comer. Con todo lo que comía lo acompañaba con una bolsa de sangre. Era tan asqueroso, pero en este momento el sabor era tan delicioso.

—Vaya, es algo nuevo de ver en ti, amigo.

Kaleb se sentó frente a mí. Venía acompañado por MG, Landon y Rafael.

—Es lo que soy ahora —respondí sin alzar la mirada de mi comida—. ¿Qué hacen aquí?

—Queremos hacerte compañía —lo miré curioso— y poder invitarte a una noche de chicos.

Me atraganté con mi propia saliva al escuchar lo que estaba diciendo.

—¿Desde cuándo me invitan a estas cosas? —pregunté con un tono frío.

—Desde ahora —miré a MG hablar—. Y-yo en verdad lo siento mucho. Si no hubiese sido por mi culpa tú...

—Tranquilo, todo está bien —corté su titubeo—. Bien, iré, pero si no me gusta me iré inmediatamente.

Todos asintieron conformes.

Hablamos un poco de cosas triviales y sobre que nadie ha visto a las gemelas ni a mi hermana. Me pregunto si Hope ya las mató.

Después de la charla amigable fui a mi habitación. Ahí encontré a Marcel viendo unos dibujos que dejé en el escritorio.

—¿Qué haces? —pregunté al ver que tenía un lápiz.

Él se volteó y sonrió.

—Quería intentar dibujar, pero no se me da bien —dejó el lápiz en el escritorio—. ¿Has visto a Hope?

Negué rotundamente. Empecé a asustarme.

—No la vi desde la mañana y si...

Mi imaginación me dio los peores escenarios.

—¿Y si está herida o le pasó algo?

—Lo hubieras sentido —dijo.

Tenía razón. Si ella estaba herida yo lo sentiría.

Los Mellizos MikaelsonDonde viven las historias. Descúbrelo ahora