*Problemas Lobunos*

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(Historia sin Henrik)

Pov. Narrador

Entre tantas tormentas que los Mikaelson han superado a lo largo de su vida, tal vez una más no haría tanto daño, o eso es lo que creían; pero más que un daño, sería una manera de que dos brujas reten la habilidad de esta familia al nuevo desafío que les tienen preparado. Y qué mejor manera de ejecutar este plan que llevar pequeñas ofrendas donde se guarda un hechizo que a medianoche será desatado.

Una ofrenda que espera ser consumida por cuatro integrantes en especial; ciertos miembros de la familia que serán los únicos en probar su lado más salvaje, mientras los demás buscarán una solución que puede o no estar disponible. Las horas pasan y cada familiar se encuentra en sus habitaciones, algunos solos y otros con compañía, pero sin olvidar a cierta persona que, aunque esté lejos, recibió la ofrenda y le pasará exactamente lo mismo.

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Llegando las doce de la noche, Klaus empieza a moverse de manera exagerada, asustando a Camille, quien duerme a su lado desde hace años. El matrimonio los unió hace dos años atrás, creando una felicidad en el híbrido.

—¿Klaus? —pregunta asustada.

Todos los huesos del híbrido se empiezan a romper, haciéndole agonizar. Sus ojos cambian de color mientras suplica a su esposa que lo deje solo, la cual niega tal cosa y permanece a su lado hasta que la transformación termina, para presenciar a un gran lobo negro que la mira intensamente.

—¿Pero qué está pasando? —se aparta asustada. Empieza a caminar hacia la puerta hasta que la gran criatura la derrumba—. Klaus, soy yo...

Sin poder terminar la frase, siente cómo una gran lengua le recorre la cara.

La risa tierna de la rubia hace que el lobo mueva su cola, mostrando su felicidad. Camille mira a la gran criatura encima de ella, pareciendo feliz, lo que le saca una sonrisa de amor. Lentamente acaricia su pelaje, haciendo que las orejas de este se muevan para obtener más de su tacto.

—Por mucho que adore verte de esta manera —dice divertida—, tenemos que saber qué está pasando.

El lobo, al escuchar esto, acuesta su cabeza sobre los pechos de esta, mientras se acomoda de lado para no lastimarla.

—Sé que te gustan mis pechos, pero vamos donde tu familia, Klaus —ordena, haciendo que el lobo bufe, pero obedezca rápidamente.

Por otro lado, cerca de Nueva Orleans, se encuentra otra pareja en matrimonio, quienes duermen felizmente hasta que la gran bruja siente un manotazo por parte de su esposa, sacándola de su linda burbuja.

—Keeling, pero ¿qué te...? —asustada, ve cómo los ojos de su esposa se ponen amarillos—.

Se levanta rápidamente para mirar a su esposa, quien está agitada por el dolor de todos sus huesos. Crea un hechizo en su habitación en caso de que las cosas se pongan más rudas y despierten a su pequeño Nik.

Una vez que Freya ve al gran lobo café acercándose a ella, suspira de alivio, pero eso capta la atención de su esposa, quien se acerca para restregarse en sus piernas en busca de atención. Saca una pequeña risa que hace feliz a la loba.

—Siempre quise verte de esta manera —susurra mientras se agacha para volver a acariciar el pelaje tan glorioso que se muestra—, pero aún tenemos que saber por qué te convertiste en loba.

Su única respuesta es un ladrido feliz que hace reír a la bruja con ternura.

—Muy bien, vamos al complejo.

Los Mellizos MikaelsonHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora