*Hola mis luces*

2.2K 138 31
                                        

Pov. Henrik

Pasamos toda la tarde hablando con Josie sobre nuestro plan. En eso, mi hermana recibió una llamada y se alejó con Landon a quién sabe dónde.

—¿Crees que tengo una oportunidad con ella? —me pregunta un poco desanimada.

—Claro que sí. Tú al menos ya la has besado —sonreí con esto—. Eso es algo que Landon no ha logrado.

Vi cómo se sonrojó ante eso, pero me dio una sonrisa de suficiencia, esa sonrisa que pocas veces la hacía lucir.

—Volviendo al tema principal —llamé su atención—. Gracias por ayudarnos hoy.

—Tranquilo, sé cuánto deben extrañar a sus padres. Aparte de que, si no lo hacemos, podemos desaparecer de este mundo —se rió tan dulce que me di cuenta de por qué a Hope le gustaba.

—A Lizzie le gustan las orquídeas —dijo de repente. Sonreí ante la mención de cierta gemela que no abandonaba mi mente—, así que será mejor que compres orquídeas.

—Gracias, en verdad.

Ella me dio otra sonrisa.

—Supongo que debemos ir a descansar hasta que sea la hora.

—Sí, es verdad.

Revisó su celular y frunció el ceño.

—Ya me tengo que ir, nos vemos en la noche.

Nos despedimos por última vez y cada uno se dirigió a sus propias habitaciones. Cuando llegué a la mía, vi que mi cama estaba destendida. Arrugué mi rostro y salí directo donde mi tío Kol para ayudarle con Niklaus.

Golpeé la puerta por dos minutos hasta que salió mi tía Davina con una sonrisa al verme. Me hizo pasar a su dormitorio, donde solo vi a mi tío dormido en la cama.

—¿Dónde está Nik? —pregunté al no verlo por ningún lado.

—Se fue con Hope y un amigo de ella.

Suspiré al escuchar eso, pero asentí conforme.

—Supongo que encontraron a alguien que los cubra —reí un poco desanimado.

—Muy bien, muchacho —se sentó en la cama y palmeó un espacio para que yo me sentara, y así lo hice—. ¿Qué te preocupa?

—¿A mí? Nada, estoy bien.

Mentí. Miré su rostro, pero evité a toda costa sus ojos.

—No me mientas —la miré a los ojos—. Prácticamente te vi crecer, así que no me ocultes nada.

La miré por un momento. La tía Davina sacaba su lado maternal con sus sobrinos, lo cual me dio paz, y simplemente le conté.

—Yo... bueno... eh... yo... —tartamudeé sin sentido—. No me gusta ser vampiro. Todos mis sentimientos se están intensificando y... no sé cuáles son reales o... solo fantasía, no lo sé —hundí mi rostro en mis manos—. Me gusta Lizzie... pero... no sé si sea real o...

—Alto ahí, muchacho —paró mi divagación—. Primero tienes que saber que, como vampiro y hombre lobo, tus sentimientos son mil veces más intensos. Eso no significa que sean falsos.

Ahuecó mis mejillas y me dio un beso en la frente. La abracé fuerte; por esta razón extrañaba mucho a mi familia.

—Gracias, tía —dije en sus brazos.

—No hay por qué agradecer —me dio una gran sonrisa—. Así que te gusta la hija de Alaric, ¿no?

—Bueno... emmm, sí —reí nervioso—. Pero no sé si ella sienta lo mismo.

Los Mellizos MikaelsonDonde viven las historias. Descúbrelo ahora