Capítulo 7

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Carlos

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Carlos

Dos años atrás

Su cara era un poema. Sus mejillas estaban completamente coloradas al punto que ella completa parecía una caricatura. Sus rizos color caramelo estaban alborotados y en ellos se habían quedado algunos restos de césped. Era tan infantil y a la vez tan natural.

Me encantaba que no fingiera nada de lo que hacía.

—Ya vale. Todavía no entiendo por qué te ríes —dijo con los ojos brillando de enfado fingido y cruzándose de brazos. La última acción me hizo parar de reír al instante porque me recordó lo buena que estaba para tener sólo dieciséis años. También me recordó la razón por la cual no me separé de ella cuando me besó, aunque realmente no fue un beso de verdad. Solo un roce, un simple roce.

—¿Te digo que eres extraña y me das las gracias? —logré vocalizar al apartar de mi mente los pensamientos inapropiados sobre ella.

Frunció los labios tratando de no reírse de sí misma.

—Supongo que sí soy única —respondió mientras se daba la vuelta y comenzaba a caminar, regresando por donde venimos. Yo la seguí.

Era única, definitivamente. Se me escapó una leve sonrisa y en ese momento me di cuenta que había tomado la decisión correcta al enviar ese mensaje. Necesitaba olvidarme por un momento de la desastrosa relación que tenía con mi hermano, y toda mi familia en realidad. 

Y al desbloquear mi móvil y ver su número allí, bueno, por una vez en mucho tiempo me dejé llevar.

Aunque algo todavía no me quedaba claro sobre ese encuentro, pero no pude decirle nada porque antes ella me preguntó otra cosa.

—Oye... ¿cómo sabías dónde vivía? —me miró con sus ojos claros llenos de sospecha—. Tal vez sea extraña, pero eso lo es aún más.

—Tu hermano habla demasiado —respondí al segundo. El chico, a pesar de parecerse físicamente a Emmelie, era bastante diferente en muchos aspectos. La típica estrella del instituto: arrogante, idiota y con la sonrisa del año. No era que él me importara, pero a veces era imposible evitar a ese tipo de personas porque era de ellas de quien escuchabas todo el tiempo. Las chicas lo adoraban y los chicos querían ser como él. Todo tan... cliché. Suponía que esos estereotipos jamás dejarían de existir aunque nos enseñaran que debíamos erradicarlos—. Pero más extraño que saber donde vives es que aparezcas de la nada en mi casa.

Vi su cara enrojecer de nuevo al darse cuenta de que lo que decía era la más pura verdad. Era lindo observarla sin que tuviera esa expresión vacía e irritante en su rostro. Aunque tampoco podía culparla porque yo hacía lo mismo para que nadie se me acercara.

—¿Pero qué se supone que estás haciendo? —preguntó alzando disimuladamente la voz, escandalizada. Cuando la miré sin entender ella continuó—. No puedes fumar en el parque.

Somos tú y yo | 2 |Donde viven las historias. Descúbrelo ahora