Capítulo 32

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Emmelie

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Emmelie

Dos años antes

El inicio de una nueva semana. Faltaba un día para que mis padres se mudaran a Londres donde yo también me hubiese mudado de no ser porque decidí quedarme aquí con mis hermanos.

Vaya, de verdad no podía creer que tendríamos una casa para nosotros solos, ya me imaginaba la de fiestas que tendrían lugar allí conociendo a Izzi y Evan. Tenía que admitir que era algo emocionante.

Llegué al instituto alegre, viendo los carteles que anunciaban el baile de invierno y las chicas y chicos recibiendo propuestas para ir a cada momento.

Me encontré a Georgia de camino a mi taquilla, lista para ir a clase de física y ver a Carlos por primera vez desde la cena de Acción de Gracias.

Los sucesos de ese día aún no me quedaban claros. La discusión de Carlos y Sebastian me dejó con un mal sabor en el estómago y más con el infarto que le dio a Raquel. Después de eso, Catalina me dejó en casa y se fue a la suya con Lidia. Desde allí no había vuelto a hablar con Carlos. Insistí con unas pocas llamadas, pero al no contestarlas decidí que era mejor hablar con él hoy.

—¿Buen fin de semana? —preguntó Georgia a mi lado.

—Todo perfecto —contesté sonriendo, girando en la esquina que daba al pasillo donde estaba mi taquilla.

—Entonces no te importa acompañarme a la cafetería por uno de esos cafés deliciosos que ofrecen los lunes, ¿verdad? —agarró mi brazo y dio la vuelta con dirección a la cafetería.

La miré raro. No me había enterado de que servían café caliente los lunes por la mañana. Llevaba tres meses en ese instituto y era la primera vez que oía hablar de eso. Era algo muy sospechoso.

Cuando llegamos, en efecto había muchas personas allí compartiendo antes de que sonara la campana y tener que ir a clases.

—¿Por qué no me habías contado esto? —interrogué a Georgia porque sabía que me gustaba mucho el café.

—No preguntaste —se encogió de hombros.

—¿Me puedes comprar uno con caramelo y crema batida? —pregunté, encaminándome a la mesa donde Trent y los otros estaban hablando sobre algo que parecía interesante.

Georgia volvió a tomar mi brazo, esta vez con un poco más de fuerza que la vez anterior.

—No me gusta hacer fila sola —dijo nerviosa—. Acompáñame.

La fila era larga y Georgia no quiso hablar mucho más, así que comencé a fijarme en las miradas de otras personas sobre mí. Quiero decir, no era raro tener todas las miradas encima porque a la mayoría todavía se le hacía difícil de entender que yo estuviera saliendo con Carlos debido a su reputación, pero había dejado de fijarme en eso porque, además de ser molesto, tampoco era que me importara lo que los demás pensaran sobre mí y mi relación con él.

Somos tú y yo | 2 |Donde viven las historias. Descúbrelo ahora