🏆 Finalista de los Wattys 2021🏆
"Si al principio la idea no es absurda, entonces no hay esperanza para ella."
Emmelie es una chica dulce e impulsiva, y a menudo pensaba que jamás conocería a alguien que la entendiera.
Carlos es tranquilo y tiene u...
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Carlos
Dos años antes
—¡Lidia!
Miré a mi hermana mientras se reía de mí con la olla del caramelo derretido en la mano y una cuchara de madera.
—No hay caramelo hasta que me digas porqué lo has preparado —anunció con una sonrisilla en los labios. Por otra parte, yo estaba a segundos de rendirme e irme de allí para que ella se quedara con el dulce que me había costado horrores hacer.
—No te incumbe —respondí de nuevo e hice amago de quitarle la olla, pero, para mi mala suerte, toqué la parte que estaba caliente.
Joder.
En un segundo ya estaba poniendo la mano bajo el agua fría del grifo.
—No seas nenita. Tampoco está tan caliente —ella tocó un lateral de la olla con la yema del dedo y lo mantuvo allí solamente dos segundos antes de quitarla a toda velocidad. No pude ocultar la satisfacción cuando dejó la olla en la encimera para aliviar el dolor del dedo con agua fría.
Yo tomé la olla por el mango antes de que ella lograra arrebatármela de nuevo y la alcé por encima de mi cabeza cuando intentó saltar para alcanzarla.
—Eres un tramposo —gruñó con mal humor. Era mi turno de reír.
—Nop. Tú eres enana.
Ella no se molestó en reponderme y fue a buscar una silla en la cual pararse para alcanzar la olla y yo no pude evitar reírme más fuerte. Mi hermana a veces era adorable.
Por desgracia para ella, o para mí, el timbre sonó en ese momento. Y Lidia no perdió tiempo en ir a ver quien era.
Rayos, no pensé que llegaría tan pronto. O tal vez yo me demoré mucho haciendo esto.
Era un desastre.
Escuché a lo lejos que Lidia y Emmelie hablaban mientras yo me acercaba y me aseguraba que Lidia no le decía nada extraño.
Al final, Emmelie me vio y... no. No sonrió como siempre. Hizo un gesto con la mano y se quedó parada allí. Desde que le llevé a ver la superluna hace una semana, había estado bastante rara, pero suponía que era por su hermano. Tenía que serlo, ¿verdad?
Lidia no se dio cuenta de que algo estaba mal. Solo me lanzó una mirada divertida y agregó en un susurro—: Ya entiendo para qué es el caramelo. —Luego corrió escaleras arriba para encerrarse en su habitación.
Emmelie parecía curiosa.
—¿Así que eso es lo que huele a quemado?
Mierda. ¿De verdad olía a quemado?
—No, estoy seguro que no se quemó —. Y recordé que dejé el fogón prendido. —Joder, ya sé lo que es.
Me apresuré a llegar a la cocina y apagué la hornilla. Si mamá hubiese estado aquí, de seguro ya me bubiese dado un sermón sobre que jamás debía irme de la cocina si los fogones estaban prendidos, que eso era irresponsable por mi parte y un montón de cosas parecidas.