Capítulo 33

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Carlos

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Carlos

Dos años antes

No pensaba claramente. Era imposible hacerlo cuando tenía grabado a fuego la reacción de Emmelie en mi mente. Todo el odio y decepción que sus ojos celestes desprendían me dejaron sin respiración y lo único que hice fue desprenderme de ella, darle el tiempo que necesitaba para analizar bien las cosas.

Para darse cuenta que yo la amaba solo a ella y a nadie más.

Para que me perdonara por un error que ni siquiera tuve la intención de cometer, que nunca quise causarle todo el dolor que se veía reflejado en sus ojos.

Y aunque sus palabras de rencor habían golpeado lo más profundo de mi ser, la entendía. Juro que entendía su furia porque si la situación se hubiera dado de diferente manera, seguramente yo ahora la estaría odiando por traicionar mi confianza. Solo el simple hecho de sopesar la opción de que ella le dedicara sus sonrisas tan únicas a otra persona que no fuera yo, me hacía querer golpear algo.

Esperé con paciencia. Horas desesperantes en que lo único que quería era ir a su casa y suplicarle que me creyera, seguir reiterando que ella era la única que tenía mi corazón entero en sus manos y nadie más importaba.

Seguía pensando firmemente en que el enamoramiento te hacía querer hacer cosas estúpidas. Antes jamás hubiera considerado esa posibilidad, ni siquiera cuando Sally fue mi novia. Creer que había estado enamorado de Sally era algo ridículo comparado con Emmelie.

Es cierto que Sally Hughs siempre llamó mi atención y tenía una personalidad espectacular de lejos, pero todo eso cambió cuando me enteré que ella tenía un serio problema con los alucinógenos. Todavía me entristece que una chica que tenía todo un futuro por delante, decidiera acabar con su vida de una manera tan cobarde, sin afrontar sus problemas como debía. Hasta el día de hoy, me arrepiento de no haber hecho nada por ella, por no haberme enterado de sus problemas antes y darle una mano. De todas maneras ella utilizó su popularidad en mi contra, para que cuando ella falleciera, en la mente de los demás solo quedara el pensamiento de que yo había sido culpable de su muerte.

¿Por qué decidió inculparme? Jamás sabré la respuesta, aunque me alegro de haber dejado la historia en los tribunales.

Pasó un día desde la pelea con Emmelie y cada hora sentía que algo empeoraba en la distancia que estábamos tomando.

A las siete de la mañana el timbre sonó, cosa extraña porque era un día normal de colegio y era demasiado temprano por la mañana para visitas.

Lidia frunció el entrecejo con confusión y fue a abrir la puerta. Unos segundos después regresó aún más confundida.

—Es la hermana de Emmelie —pasó el mensaje—. Dice que es urgente.

Caminé a la puerta principal con un peso en el pecho que no me podía quitar de encima.

Somos tú y yo | 2 |Donde viven las historias. Descúbrelo ahora