Ayer no tuve energía para escribir.
Le he enviado un montón de mensajes a Sabrina, pero no hay respuesta. Me ignora.
Además, este asunto se ha mezclado con otra cosa, una cosa que no se ve prometedora.
Verás, querida amiga, el lunes te dije que las cosas no parecían marchar muy bien que digamos. Después de la escuela, después de saber que había perdido a Sabrina para siempre, me topé con mis padres en la mesa. Me hicieron sentarme.
Aunque no estaba de humor, accedí, porque no podía permitirme otro percance emocional.
Sin embargo... No pude evitarlo.
—¿Cuándo inician tus vacaciones? —preguntó mi padre.
Secamente contesté con la fecha que me producía dolor de cabeza.
—Le podemos avisar a Rosa que se va desde el 8 de junio. —dijo ella, volviendo la cabeza hacia mi padre.
Extrañado, pregunté cuál era el tema de la conversación.
—Te quedarás a ayudar en la granja de la tía Rosa durante el verano.
La noticia me cayó como un balde de agua fría.
—¿Qué?
—Así como lo oyes. —dijo él, apoyándose en la mesa para levantarse. —Eres, ciertamente, la persona más irresponsable que conozco. La tía Rosa te enseñará lo que es en verdad trabajar. ¡Eso te dará una lección para que te des cuenta de que el nivel de vida que tienes no se ganó de la nada! ¡Quizá así dejes de estar perdiendo el tiempo y empieces a tomarte un poco más en serio la universidad!
Me reí un poco. Le dije que dejara de bromear. Entonces me miró, solemne. Supe que no andaba de juegos. La verdad no sé por qué esperé que lo estuviera, dado que, nunca lo he conocido de buen humor.
A pesar de todo, me seguía pareciendo posiblemente, imposible. ¿La tía Rosa? ¿No estaban ellos dos, en riña con ella desde que mi abuelo materno falleció? ¿Y no se suponía que seguían sin comunicación desde que yo tenía cinco años? ¿Qué estaba sucediendo en ese momento?
Tenía un escaso recuerdo de la tía Rosa. Una mujer arrugada, de tez morena, y de cabellos sobresalientes entre el promedio de su grisácea trenza. A pesar de que pueda parecer una descripción bastante detallada, hay momentos en los que mi cerebro nubla la imagen. Hay ocasiones, en las que, creo, que en realidad la confundo con otra persona, la imagen de alguien que cruzó al azar las calles de mi memoria y a quien mi cerebro decidió adjudicar el nombre de Rosa.
Lo que sí recuerdo, es que, Rosa, no es una persona agradable (si es que es la misma Rosa).
De lo que sí me acuerdo, es de que odio el campo.
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Junio |EN EDICIÓN
Truyện ngắnOliver no puede decidirse por una carrera universitaria aún. No tiene ni idea de qué es lo que hará con su vida después del verano, después de junio. Hartos de su indecisión, sus padres deciden mandarlo lejos, a la granja de la rezongona tía soltero...
