Lunes, 7 de junio

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Oficialmente, hoy empezó mi condena.

No obstante, el día fue sencillo. Se limitó a recoger mis cosas del cuarto y empacarlas en la maleta.

Mi hipótesis es, que el infierno se retrasó un día. El día de mañana no me suena esperanzador. Tendré que estar sentado ocho horas, en un monótono tren que va hacia el sur. Y, por si fuera poco, previo a ello, son dos horas en autobús. Partiré a las 9.00 para llegar a los andenes a las 11 y esperar con antelación el tren, pues es el único medio para llegar al pueblo.

Mamá y papá casi no me han dirigido la palabra, sino para preguntarme como iba el acomodo del equipaje.

He seguido pensando en Sabrina, pero ahora tratando de aceptar la idea de que nunca más tocaré su mano. Me lo merezco. Por malagradecido, por idiota, por patán, y simplemente por seguir apestando la vida de las personas a mi alrededor.

Son cinco para las doce. Creo que ya me iré a dormir. Sin embargo, antes meteré la libreta a la maleta, pues es de las pocas cosas que me agradan de verdad.

Junio |EN EDICIÓNHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora