Porque me gusta Junio. Porque deliro en cuanto la veo. Porque es un enigma. Porque, pensar en ella, es llevarla conmigo, hacerla parte de mí. Porque no puedo parar. Porque no puedo parar de averiguar acerca de su mundo, incluso si son sus tormentos. Porque al ver a Junio, me veo a mí. Porque me ha enseñado más con sus silencios que muchos con mil palabras. Porque no necesito que hable para ver la profunda tristeza que hay en sus ojos de lluvia. Porque en junio llueve y hay tormentas. Porque en Junio llueve y hay tormentas. Porque su pelo huele a naranja. Porque no me mira de la manera en que yo la miro a ella. Porque hay un algo, un no sé qué, que me hace sentir ese encuentro, ese entendimiento siniestro entre nuestros huracanes. Porque me ha dejado noches infinitas de sueños, pero también de insomnio, insomnio del bueno, del que no paras de pensar en su voz, en su risa, en sus ojos, en su cabello, en ella.
Junio, ¿qué escondes?
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Junio |EN EDICIÓN
Short StoryOliver no puede decidirse por una carrera universitaria aún. No tiene ni idea de qué es lo que hará con su vida después del verano, después de junio. Hartos de su indecisión, sus padres deciden mandarlo lejos, a la granja de la rezongona tía soltero...
