Jueves, 17 de junio

8 0 0
                                        

Entre más largo es el silencio, más largo lo es el dolor. Entre más normal parece una persona, más fuerte es lo que oculta.

Y no lo digo por Junio, sino por mí.

Junio tiene una tormenta que me cuesta comprender, y yo tengo una tormenta que me cuesta entender. Cuando estás en el ojo del huracán, las cosas no se ven con claridad.

Son las tres con cuarenta y cuatro minutos de la mañana. Lo sé porque acabo de mirar mi celular con ese once porciento de probabilidades de sobrevivir. Todo está en silencio. Eso responde muchas cosas.

Pienso ahora, en mis padres. Hace ya diez días que no los veo. ¿Estarán en silencio? ¿La casa estará en silencio?

Y pienso en Sabrina. Pensaba poner un "la extraño", pero me he quedado reflexionando un momento, y, más bien, creo que solo extraño el amor que me daba, a pesar de que yo no sabía amar.

Sigo sin saber amar. Soy un mutilado emocional. No sé cómo expresar cariño a quienes me tienen cariño, porque, creo que inconscientemente, busco su odio, porque tal vez, yo, no sé ser amado y corresponder.

Mi atracción hacia Junio crece, pero, si me pongo a pensar, me interesa porque posiblemente yo no le intereso del todo. Persigo todo aquello que sé que no podré obtener.

Una lágrima me recorre la mejilla. 

Junio |EN EDICIÓNHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora