Rosa nos pidió ir al pueblo a recoger un mandado. Junio y yo fuimos a por este. Camino al lago, empecé una conversación.
–¿Por qué empezaste a trabajar con Rosa?
Bufó.
–Necesito dinero.
–¿Para algo en especial?
–De hecho, sí.
–¿Quieres contarme?
–Veamos –dijo, tras una pausa. "Parece que hoy sí está dispuesta a hablarme", pensé, mientras tanto. –, quiero... irme de aquí. Esa es la principal. ¿A dónde? No lo sé. Simplemente, un día desaparecer de la nada, sin dejar rastro.
Al escuchar esto, sentí una punzada de dolor en el corazón, pero no dije nada.
–Igual, no creo que a nadie le importe, realmente. Estarían mejor sin mí, y yo sin ellos. –continuó.
–Bueno... a mí realmente me agradas. Si te desaparecieras así de pronto, me preocuparía. –dije, y ella me miró. Ambos nos incomodamos, sinceramente. "Tal vez no debí decir eso", pensé, y sentí un sonrojo subirme hasta las sienes.
Pero, entonces ella me sonrió, y con eso me bastó. Seguimos en silencio un buen rato, hasta que, de pronto, una vez que llegamos a las orillas del agua, me dijo:
–Oliver... hay algo que debo preguntarte.
Silencio.
–Sí, dime.
Pensé que, en cualquier momento, algo lo interrumpiría.
–Yo... bueno, he estado pensando, y notando ciertas actitudes tuyas hacia mí.
Noté que nos habíamos detenido, y ambos nos habíamos vuelto hacia el otro.
–¿Sí?
–Sí –desvió la mirada.
–Oliver, yo... ¿te gusto?
A pesar de que el preámbulo me hizo pensar en que me preguntaría eso, sentí como si la pregunta me hubiera tomado completamente desprevenido. Me quedé en silencio por unos segundos, que parecieron un rato infinito. Entonces, ella dijo:
–Lo siento. Creo que me confundí.
Empezó a avanzar, retirando hojas de los árboles. Y yo, como buen cobarde, no le respondí.
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Junio |EN EDICIÓN
Short StoryOliver no puede decidirse por una carrera universitaria aún. No tiene ni idea de qué es lo que hará con su vida después del verano, después de junio. Hartos de su indecisión, sus padres deciden mandarlo lejos, a la granja de la rezongona tía soltero...
