20. OPERE D'ARTE

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Obras de arte

*

Primera víctima.

Estaba ahí, de pie, esperando a que cerrará la biblioteca.
El plan era simple, entraba y salía, rápido. Preciso.

Al ser su primer asesinato, usaría algo que le tapara la cara. Tampoco quería despertarla y dejar que ella regresará, sin memoria, sin recuerdo. La idea era no despertarla, así y solo así, aliviaba su dolor.

Las calles estaban vacías, no se veía casi nada porque las luces no alumbraban mucho. El frío no le molestaba, había estado ahí por varios años que ya no le hacía ni cosquillas.

Abrió la puerta del lugar, escuchando como crujía por lo vieja que estaba. Camino entre los estantes, tocando con la yema de sus dedos los libros. Hacía mucho tiempo leía uno, puesto que no le dejaban tener nada de pertenencias. O nada con lo que pudiera matar a alguien.

Avanzó por el pasillo, con ansias de poder llevar a cabo su locura. Puesto que habían dejado de tomar sus medicamentos, por unos meses, las cosas se salieron un poco de control. Estaba despertando.

Entró a la oficina, para ver a la encargada sentada en su escritorio escribiendo en un montón de papeles. La miró, fijamente, pensando lo mucho que disfrutaría aquello. Como siempre lo hacían.

—Buenas noches, corazón. Vengo a matarte.

La señora alzó su cabeza y el horror cubrió su semblante. ¿Qué estaba sucediendo? ¿Sería esa una broma?

No todos los días aparecía alguien que decía iba a matarte.

—Verás que no te dolerá ni un poco. —Le cortó la garganta, antes de que pudiera siquiera hablar.

Se movió con rapidez, siendo un borrón en los ojos de la señora. Después, subió al escritorio y poniendo su mano izquierda en el pecho, metió su mano y lo sintió. Palpitar, húmedo. Como latía con velocidad, ante la escena.

Y lo arrancó. Arrancó su corazón de su pecho.

La señora abrió los ojos sorprendida, manchando el piso, las paredes, de su sangre. Sonrió con el corazón, dejando de latir, en su mano. Relamió sus labios e hizo una inclinación, como si estuviera frente a un público grande.

—Fue un placer matarte.

Segunda víctima.

Arreglo sus mangas, mirando sobre su hombro para poder caminar por el pasillo. No había nadie, así que fue el momento perfecto para hacerlo.

La mujer estaba ahí, arreglando su maquillaje mientras tenía su celular pegado a la oreja. Ni siquiera notó que había entrado ahí. Sus ojos la escanearon, viendo lo delgada que estaba y lo satisfactorio que sería hacerla sufrir.

El color blanco la hizo enloquecer, su mente parecía un canal con mala señal. Estaba ahí, luego volvía a los pasillos fríos y blancos, y volvía otra vez.

Estaba intentando volver.

Se situó junto a la mujer y le sonrió, pareciendo inocente, pero con un millón de ideas en su cabeza. Después, atacó.

Primero, la golpeó detrás de su cabeza, causándole una contusión. Ella gritó, soltando su celular, con este cayendo al suelo, pero nadie podía escucharla. Parecía como si el lugar estuviera hecho a prueba de sonidos.

Iba a morir ahí y nadie podría salvarla.

—Shh, nadie podrá oírte.

La tomó del brazo y sacó una daga de su bolsillo, cortando en su pecho sin nada de tacto. La mujer chillo de dolor, viendo como la sangre salía a montón. Lloraba, tratando de soltarse.

Los Salvatore ✔Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora