En el matadero
Perdón por la demora, italianas. Me tomó algo de tiempo escribir esto.
Esto es para ustedes (siempre y para siempre).
¡Gracias por los 7k y disfruten!
*
Sentía mis párpados pesados, de lo exhausta que me encontraba. El cansancio estaba tomando el control total de mi cuerpo.
Mis pies ya no resistían más en esos tacones, quería quitármelos rápido y que mis dedos tomarán un respiro.
No podía esperar a poder ponerme una bata y cerrar mis ojos, para así descansar toda lo
que restaba de la noche.
Caer en coma apenas mi cabeza tocara la almohada.
—¿Qué número es su habitación? —preguntó Dante, jugando con la llave entre sus dedos.
Veía un poco borroso el pasillo y pude haberme estrellado en el suelo, de no ser por Devian, que me llevaba tomada de la mano.
—La 43. Este piso no me gusta.
Traté de hacer memoria sobre la primera vez que había entrado ahí.
El señor Renzo había dicho que ese piso estaba cerrado, pero no entendía por qué. Se veía bastante normal, exceptuando lo confuso y complicado que era. Parecía un laberinto, uno rectangular. Los pasillos conectaban unos con otros y si no te sabías la salida podrías dar círculos por al menos un par de horas.
—A mi menos, ¿no era que estaba cerrado? —Devian asintió, sin soltarme.
—Papá no lo quería abrir, no sé qué lo hizo cambiar de opinión. Hay algo que no me da buena espina, el aire se siente pesado y huele extraño.
Concorde con él, la verdad si se sentía un olor extraño en el aire. Parecía venir directamente de la ventilación y no quise imaginar si hubiera ratas muertas por los conductos.
Avanzamos por el pasillo, el cual se me estaba haciendo interminable. Pasamos por muchas puertas, pero no pareciera que hubiera alguien dentro de aquellas habitaciones. ¿Será en realidad que nadie usaba este piso? Entonces, ¿por qué nos habían dado ese?
Dante se detuvo, a unas tres puertas antes de la nuestra.
—Nos vemos mañana, chicos. Buenas noches.
—Buenas noches —respondimos al unísono, Devian y yo.
Metió la llave en la cerradura y abrió la puerta, para así entrar y cerrarla a sus espaldas, dejándonos a su hermano y a mi mirando a la nada.
Devian se giró hacia mí.
—¿Vamos?
Asentí, comenzando a caminar otra vez.
Llegamos a nuestra habitación, escuchando la llave tintinear contra la cerradura y como la puerta se abría en un chirrido. Dentro, la luz del baño estaba encendida. Al aparecer alguien había ya estado dentro, supongo que limpiando.
La cama estaba ordenada, y adentro olía mejor que en el pasillo. Era una mezcla de vainilla con canela, lo cual me alivio y me relajo al instante.
Devian se quitó el saco y lo dejó en la silla que estaba junto a la ventana, la cual estaba siendo tapada por una cortina. Sacó su celular, dejándolo en la mesita de noche, y las llaves del auto.
—En el baño hay una bata para que puedas quitarte el vestido.
Asentí mientras entraba al pequeño baño. Y justo como dijo Devian, había una bata blanca colgada de un perchero que había detrás de la puerta. Cerré y me dispuse a quitarme todo, esperando no romper la tela del vestido y no se cayera ninguna piedra.
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Los Salvatore ✔
Horreur¿Y si tus vecinos llegasen justo cuando los cadáveres comenzaron a aparecer? ¿Y si ya no puedes confiar ni en ti misma? * Los ojos de todo Barley están sobre los Salvatore, recién llegados de Roma y con aspecto muy normal al igual que cualquier otra...
