La cita
*
El domingo por la mañana me sentí demasiado cansada. No había pegado un ojo en toda la noche, a pesar de que me tomé al menos dos pastillas para tratar de conciliar el sueño.
Quería dejar de pensar tanto, pero era inevitable con el hecho de que el asesino supiera que quería saber su identidad, quisiera que recordará cosas de mi pasado y que yo no recordará nada. Nada en lo absoluto.
¿Qué se supone que debía recordar? Intenté como loca recordar aquel día, después de haber visto a Jacob morir frente a mis ojos.
Sabía que no recordar podía ser por el trauma que sufrí, pero no recordaba más nada.
Y eso me frustraba bastante.
Me metí a mí baño pensando, divagando, tratando de recordar, pero eso solo hacía que me doliera la cabeza. ¿A dónde se habían ido todos esos momentos? ¿Habría alguna manera de poder recordar?
Sí, con una máquina del tiempo.
Me reí por esa tonta idea y me dispuse a terminar de arreglarme. Al salir del baño, me puse mi ropa interior y opté por ponerme unos jeans, un suéter largo y mis botas. Afuera estaba haciendo demasiado frío, como de costumbre. Tomando mi celular y cartera, salí de mi habitación para llegar a la cocina y captar un delicioso olor.
Eris estaba cocinando, no sabía que estaba cortando, pero sólo veía como utilizaba un cuchillo eléctrico. Sentí un pinchazo en mi cabeza, escuchando a la lejanía gritos, mientras el cuchillo hacía un ruido grotesco.
—¿Evelynn? Evelynn, te estoy hablando.
La voz de Eris me trajo de vuelta a la realidad, aún confundida porque no sabía que acababa de pasar. Parecía como si mi cerebro quisiera recordar algo, pero no llegaba hasta ese punto.
—¿Si? —pregunté, avanzando hacia el refrigerador para sacar el cartón de jugo.
—Qué si ya visitaste a Beatriz, hay que cambiarle las flores de su tumba.
Me detuve en seco, con el jugo en mi mano y el vaso en la otra.
¿Tumba? ¿Había escuchado mal?
Sentí ese horrible pinchazo detrás de mi cuello. —¿Qué?
—Estás muy despistada hoy. —Eris rodó los ojos fastidiada. —Qué si ya visitaste a Beatriz, su madre me dijo que ha estado algo resfriada desde ayer.
¿Había escuchado mal la primera vez? Mi corazón comenzó a latir como loco. Iba a entrar en pánico, creyendo que Bea estaba muerta. Aunque sería imposible, porque la había visto el día anterior y se veía muy bien. En una pieza y viva.
—No, no la he visitado. No sabía que estaba resfriada, si ayer vino. —Eris asintió, sin dejar de picar lo que sea que picaba.
El ruido del cuchillo me estaba comenzando a fastidiar.
—Sí, lo está, solo que hoy si no ha querido salir de la cama. Creo que estará descansando algunos días. ¿A dónde vas?
Bebí un poco de jugo. —Saldré con Devian.
Eris asintió, —Lleva guantes, hace demasiado frío fuera.
No me había siquiera puesto una bufanda, pero si después me iba a quejar del frío, sería mejor que le hiciera caso a Eris. Subí otra vez a mi habitación y pase una bufanda por mi cuello, me coloqué los guantes y volví a salir para bajar.
Eris no se detuvo con la comida, pensé que le daría un bocado en cuanto regresara. Se veía demasiado delicioso todo.
—Evelynn, ¿tomaste los medicamentos de hoy? —preguntó a lo que asentí.
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Los Salvatore ✔
Terror¿Y si tus vecinos llegasen justo cuando los cadáveres comenzaron a aparecer? ¿Y si ya no puedes confiar ni en ti misma? * Los ojos de todo Barley están sobre los Salvatore, recién llegados de Roma y con aspecto muy normal al igual que cualquier otra...
