CAPÍTULO EXTRA: DANTE

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Me detuve en la puerta de mi habitación, observando la ventana sin cortinas, los muebles vacíos y las paredes sin posters. Todo estaba vacío, oscuro y frío, gracias a la helada noche, de diciembre, que estaba haciendo.

Un sentimiento de tristeza recorrió mi cuerpo, y apreté el estuche del violín contra mi espalda.

Hoy era el día. Al fin nos mudariamos de Italia.

Aquella idea me agradaba y me aterraba a la misma vez.

¿Qué me podría esperar lejos de mí hogar? Iba a estar en un pueblo nuevo, con personas a las cuales no conocía.
No sabía que podía suceder. Y eso solo me aterraba.

Lo único que esperaba era poder terminar tranquilo mi secundaria y vivir mi vida. Pero Canadá no hubiera sido mi mejor opción para aquello.

—¿Listo, cariño? —preguntó mamá tocando mi hombro.

Ese fue mi hogar durante diecisiete años. En donde crecí, lloré, amé y aprendí. El hogar que ahora estaría dejando.

Tal vez para siempre.

—Sí, listo —respondí girando mi cuerpo y siguiéndola.

Al pie de las escaleras estaban mis hermanos, con las maletas una junto a la otra y una mirada notable de cansancio.

—¿Ya? Vámonos antes de que perdamos el vuelo —espetó Dom, mi hermano mayor.

Salimos de casa y subimos todo al auto, para dirigirnos hacia el aeropuerto de Venecia. Y en cuanto llegamos los nervios y tristeza se volvieron a alojar en mi pecho.

Caminando por los pasillos de ese lugar, no pude evitar pensar en que diría papá justo ahora.

El solo pensara en él me ponía más melancólico.

—Oh, ya vienen sus abuelos.

Dos señores, de ojos glaucos y gran altura de detuvieron junto a nosotros. La primera en abrazarnos fue la abuela, Angela Salvatore.

—¿Llevan todo? ¿Sus instrumentos? ¿Sus libros?

Devian, quien casi no había hablado, se rio.

—Sí, nonna, llevamos todo.

A todas les gustaba él. Al ser de último año, por supuesto hacía que las chicas suspiraran como tontas (igual que con Dom, mi otro hermano) y, siendo un Salvatore, ellos esperaban mucho de mí.

Y la verdad, yo no esperaba mucho de mí.

No era muy bueno haciendo las cosas de manera correcta, pero al tener buenas notas no había un porqué para que mis hermanos me regañaran.

Que las chicas me prestarán atención me traía sin cuidado. Y a pesar de ello, si lo hacían. Ya que era Dante Salvatore, el hermano menor de Dominic y Devian, los dioses griegos de la secundaria Da Vinci.

Era bastante odioso.

Aún así, ninguna parecía querer salir conmigo. Nunca nadie me había elegido a mi, siempre todo era Dom y Devian.

Lo que también era bastante odioso.

—Creo que es su llamada —murmuró el abuelo, Fausto Salvatore.

Después de que papá muriera, todos pasamos tiempos difíciles. Más mis abuelos porque habían perdido a su único hijo. Y, a pesar de eso, seguían tratando a mamá como su nuera y una hija más.

—Es hora —susurro Dom.

Nos despedimos de los abuelos y avanzamos.

—¿Tienes todo? —preguntó Dom, quién iba caminando junto a Devian.

Los Salvatore ✔Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora