Capítulo 5

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Helios y Serena continuaron bailado, aunque el chiquillo con los ojos más abiertos de lo acostumbrado comenzó a sudar frío, al principio se imagino que Serena quería saber qué estaba haciendo para acusarlo y eso le generaría problemas con sus padres, pero concentrándose en el baile, no respondió.

—Ví algo inusual cuando estaba tras la planta ¿Qué es?— Preguntó Serena llevando al pequeño al gran patio de la casa para que nadie los escuchara ya que sabía perfectamente que las paredes tenían ojos y oídos.

—Un aparato que invente que expulsa humo. No es nada peligroso pero generara un gran caos— respondió el travieso pequeño con una tierna sonrisa en su rostro.

Serena se llevó las manos a la boca sorprendida y respiro tranquilamente hasta que ya no lo soportó y comenzó a gritar muy emocionada.

—¡Oh! Debe ser fantástico, eres tan inteligente, esto es justo lo que necesitaba esta noche para no ser invitada más a estas fiestas.

—Pero usted sabe que nos meteríamos en problemas si llegamos accionar esa bomba— habló Helios con un tinte de miedo al imaginarse a su madre gritándole por tal invento loco que nuevamente había creado.

—No te preocupes, no es que me lleve todo el crédito pero asumiré la responsabilidad de todo y no te delataré— le afirmó Serena.

—¿Por qué hace esto?— cuestionó el pequeño un poco confundido.

—Ataque de rebeldía mi niño— respondió Serena con un guiño de su ojo derecho.

—No hare eso señorita. No permitiré que use está a máquina— Dijo el pequeño cruzandose de brazos y mirando hacia otro lado, pero Serena hizo un puchero para intentar convencer al pequeño.

—Ni crea que me convencerá con eso— dijo tajantemente el niño.

—Helios, si me ayudas prometo irte a buscar para que vengas hacer todos los experimentos que quieras a mí casa. Es un lugar muy amplio y tendrás bastante espacio ¿no era eso lo que querías?

—No. No y no— respondió Helios, pero tras la insistencia de Serena, este terminó aceptando.

El pequeño accionó la máquina, de inmediato todos los invitados estaban asustados por la gran expansión de humo que comenzó a brotar desde un rincón de la sala. Las mujeres gritaban por el miedo de que el gas fuera tóxico mientras trataban de no respirar.

Casi de inmediato, todos los invitados abandonaron el lugar y salieron al patio esperando que la cortina de humo que se formó se alejara lo más pronto posible —esto es un gran desastre— comentaban los invitados. Los anfitriones rojos de vergüenza por tan mala noche serían devorados vivos en las notas de sociales por el accidente habido.

Tanto la familia de Setsuna y la familia Tsukino se encontraban reunidas mirando con horror el espectáculo, Ikuko se quería desmayar pero no encontraba conveniente hacerlo, además de que no había un sillón o silla donde provocar su pérdida de conocimiento intencional. Fue en ese momento que Ikuko se percató de que su hija menor no estaba a su lado y comunicándoselo a su marido este se dispuso a entrar para buscar a su pequeña, pero fue detenido por sus otras dos hijas y los maridos de ellas, argumentandole que podía ser peligroso.

Darien miró a la familia Tsukino y luego a su hermano menor que se encontraba a su lado temblando de miedo, lo conocía bastante bien y sabía que ese baile con la señorita Serena no era solamente para que ella se librara de él, y sus sospechas aumentaron cuando ambos salieron al patio a platicar.

Helios estaba más asustado que nunca ya que Serena no salía del lugar, se estaba arrepintiendo de haberle explicado cómo funcionaba el aparato pero entendía que no se podía volver el tiempo atrás, sólo rezaba en silencio para que ella estuviera bien. El pequeño giró su vista y se topó con la mirada de su hermano mayor, sus pupilas comenzaron a temblarle, entendía que la mirada de Darien amenazaba con una fuerte reprimenda.

Pasaron algunos segundos que para los hermanos Chiba fueron eternos, hasta que escucharon una risilla que provenía del humo. Inmediatamente toda la gente miraba expectante intentando visualizar a la mujer que estaba riéndose por el acontecimiento.

—¿Vieron todo ese humo?— dijo Serena saliendo de en medio del desastre. Toda la familia Tsukino se encontraba roja de vergüenza, no podían creer que ellos estaban dando por muerta a la menor y ella saliera riéndose.

—¡Fuiste tú!— Gritó la anfitriona, roja del coraje mientras intentaba gritarle unas cuantas verdades —¡No sé cómo se nos ocurrió invitarte!

—Si lo hice es para que aprendan a no ser tan sínicos ¿O es que a caso a usted le simpatizo?— dijo Serena aún con una gran risa.

—¡Eres una…— la anfitriona quedó con la palabra en la boca, no hiba a dar de que hablar, y aunque ya lo estaba haciendo se tranquilizo para evitar que las habladurías sobre ella fueran más grandes —Bueno querida dejémoslo por la paz, no te invitaremos nunca más este tipo de reuniones, si no querías venir sólo tenias que decirlo de buena manera.

—Se los hice saber de mil y una maneras pero tuve que llegar a la ultima consecuencia para que entendieran. Ahora, con su permiso, me iré.

Serena comenzó su marcha hasta su carruaje que la esperaba listo para irse pero antes le acarició la cabeza al pequeño Helios que sonreía agradecido de que nada le hubiera ocurrido. La chica salió de la fiesta logrando su cometido; ya nunca sería invitada a esas fiestas.

Serena nunca se imaginó que la noche acabara así. Al principio tenía planeado hacer otra cosa más silenciosa hasta que apareció el invento del humo, algo estrafalario, pero bastante útil. Aún recordaba la imagen de todas y cada una de las personas sucias por ese humo blanco, con eso era más que claro que jamás la volverían a invitar de nuevo.

Serena estaba segura de que sería el tema de conversación al otro día y quizá durante de todo el mes, pero total, ya estaba acostumbrada.

Al regresar a su casa Serena se bajó del carruaje, aunque le costaba un poco caminar por los residuos duros que se impregnaban en cada parte de su cuerpo, lo único que quería era bañarse y pensar en su vida, ya que eso siempre le relajaba y salía como nueva. Esta acción no se hizo esperar, ordenó con suaves palabras, que le prepararan el baño mientras ella se despojaba de sus ropas. Se colocó su bata color blanco, y se dirigió a la sala sanitaria. Al abrir la puerta, le pegó el vapor y el olor a las sales aromáticas de lavanda, sus preferidas y las más relajantes. Sin esperar segundo alguno entró al agua con cuidado, un pie primero y luego el otro, se amarró su larga cabellera rubia para que no se le mojara y se recostó en la bañera. De forma inmediata, sus músculos se relajaron y sintió que toda la sangre se le iba a las mejillas con tan solo recordar esos impactantes ojos negros que la habían traspasado profundamente.

A su mente se le vino ese hombre elegante con voz aterciopelada y muy bien peinado, sin olvidar esos ojos negros iluminados por la tenue luz. Si no fuera por que el agua le llegaba un poco más arriba de los labios estaría babeando.

Darien. El nombre de aquel muchacho le era hasta encantador, nadie le había provocado un efecto así, ni siquiera alguno de sus antiguos maridos. ¿Qué tenia de especial este sujeto que la hacía vibrar cada fibra de su ser con tan solo pensarlo?

La viuda negraHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora