Capítulo 8

240 35 7
                                        

Serena se encontraba en su casa revisando con ánimo algunos documentos cuando de pronto su sirvienta la interrumpió con una voz suave pero clara —Señora Serena, la buscan unos jóvenes.

Ante tal acción la dueña de la casa dejó las cosas que estaba haciendo y le ordenó recibirlos.

Helios temblaba como jalea, en cambio Darien miraba con asombro cada rincón de la casa cuando la niña que los había recibido hizo que la siguieran. Los tres caminaron por un pasillo largo adornado con varios cuadros, en cada uno había hombres distintos, todos con la mirada fuerte. Los tres se detuvieron frente a una puerta de un color rojizo con vidrios y detalles hermosos que la hacían única.

Los dos chicos entraron quedando asombrados por la decoración de la habitación, Darien que se estaba fijando en cada detalle de la casa posó su mirada en un cuadro que estaba detrás de la anfitriona y ocupaba casi toda la pared. Se trataba de un hombre distinto a los mirados en el pasillo, con una mirada suave pero a la vez fuerte. Sólo se preguntó ¿Quién sería él?

—Helios ¡Que gusto tenerte aquí!— dijo Serena levantándose de su asiento brindándole su mano como señal de saludo —¿Qué les trae por aquí? Tomen asiento— indicó ella.

—Señorita, vengo a pedirle disculpa por lo del otro día, no fue mi intención— dijo el pequeño con las mejillas coloradas dándole un toque de inocencia. Serena apoyó su codo en el escritorio, su cabeza en su mano y dió unas pequeñas risas.

—No te preocupes— respondió Serena dándole una sonrisa que calmó al pequeño.

—Señorita Serena, quiero pedirle un favor. Usted me prometió que podría hacer un experimento en su casa ¿Puedo?

Darien, que oía atentamente cada palabra de su hermano y de Serena detuvo a su hermano tomándolo del brazo antes de que se levantara.

—No te mueves de aquí, hasta que solucionemos el "problemilla"— le susurro lo bastante bajo para que la dueña de casa no escuchara. Pero ella que iba caminando hacia la puerta logró escuchar una pequeña parte.

—¿Algún problema?— preguntó Serena mirando al menor, que inmediatamente negó con la cabeza y siguió a la mujer —¿Vienes?— habló dirigiéndose ahora a Darien, quien sin dudarlo la siguió haya llegar al patio, un lugar con grandes árboles y al lado izquierdo y poco más alejados se encontraban los establos donde se observaban los más hermosos sementales.

Los tres siguieron caminando pasando por una zona que parecía un pequeño bosque, hasta llegar a donde había varias colmenas, un hombre bastante fornido los esperaba ahí con unos trajes para que las abejas no les picaran.

—Señorita aquí esta lo que me pidió— dijo el hombre entregándole un par de cosas útiles para capturar a las pequeñas voladoras.

—Helios, te dejó con él, tengo que hablar con mis empleados. Si me necesitas me llamas— Serena comenzaba a retirarse pero la voz de Darien la detuvo.

—Espera. Necesito hablar contigo.

—Está bien, pero si no te molesta tendrás que esperarme. Espero que recuerdes donde está mi despacho o si prefieres pueden llevarte.

—Sé perfectamente en donde está, pero te acompaño, no estoy apurado.

—Bien, sígueme entonces.

Ambos se encaminaron a donde se encontraban los caballos. Al llegar, todos los peones dejaron sus actividades y saludaron a su patrona. Darien se sorprendió pero no lo dejó notar, sólo siguió siendo espectador de los acontecimientos.

—Caballeros, cuéntenme ¿qué ocurre?— dijo Serena con una voz suave pero al mismo tiempo fuerte dándose a respetar.

—Patrona, nuestros dos mejores sementales están perdiendo su fortaleza, les hemos dado de todo y siguen enfermos— comentó el encargado de esos dos caballos.

—Bien, traíganlos— dos peones colocaron a ambos caballos frente a ella. Serena comenzó acariciar a uno de sus caballos y este respondía a las caricias, aunque Darien se fijó en un detalle que tenía el caballo.

—Las patas— gritó Darien mientras todos le miraron —mueve mucho las patas, quizás tenga algo, quizá sea la herradura o alguna piedrecilla.

—¿Y que opinas del segundo caballo? Yo creo que es algo interno— replicó Serena.

—Pueden ser problemas de vejez…— finalizó el joven.

—¡Eso es imposible! Este animal apenas tiene seis años…— habló el peón principal.

—Con más razón, un caballo deja de ser útil hasta los tres años…— replicó Darien.

Las voces de los peones se comenzaron a elevar un poco molestos, lo que hizo que su patrona también comenzara a enfadarse.

—¿Qué sabes tú de caballos?— Gritó Serena un poco molesta.

—Más que tú al parecer— respondió Darien.

—¡Oh, tan seguro estas!

—Sí— dijo Darien con firmeza cruzándose de brazos.

—¡Idiota!

—¡Marimacho!

Serena lo golpeó, pero no fue una cachetada si no un puñetazo.

—Ahora si soy una marimacho ¿No? — dijo Serena enfurecida con el puño levantado amenazando con regalarle otro golpe igual. Serena arrastró al muchacho hasta su estudio mientras este se reponía del golpe ante la mirada atónita y las burlas de los hombres de Serena.

Serena furiosa ya no aguantaba más.

—Dirás— dijo ella abanicando su cara tal cual lo hacía Michiru.

—Deja de hacer eso— exigió Darien.

—¿Ah? entiendo a lo que te refieres ¿Qué ocurre con Michiru?

—¿Cómo lo sabes…?

—Yo también me fijo en muchas cosas, no eres el único— Se levantó de su asiento y caminó hacia la salida de su despacho —Ven te enseñaré la casa, ya que te gusta fijarte en detalles.

Él la siguió y ella comenzó a contarle todas las cosas de la casa.

Los cuadros que había visto al principio eran sus fallecidos esposos. Serena le mostró el comedor principal y la sala de estar, pero no subieron al segundo piso.

Esta vez se sentaron en la sala que tenía una decoración sencilla pero se sentía grato estar ahí.

—Ahora me dirás que pasa ¿Que era lo que tenías que decirme?— exigió fuertemente.

—Yo no soy de esas personas que piden favores ni nada, pero esto es una emergencia— respondió Darien dando una bocanada de aire para continuar —Anoche pasó algo que no debió de pasar.

Darien comenzó a contarle a Serena lo ocurrido en su casa mientras Setsuna y Michiru estuvieron ahí la noche anterior.

Al preguntar con quién estaba comprometido, Darien respondió:
—Estoy comprometido con Serena Tsukino.

De inmediato Setsuna golpeó fuertemente la mesa —¿sabes la maldición que tiene ella?

Antes de que Darien pudiera responder, Setsuna relató lo que le pasaba a los hombres que la desposaban. Luego de culminar la noche de bodas el marido en turno caía muerto en un dos por tres.

—No me importa…— respondió Darien terminando así la conversación con esa vieja.

Serena meditó las palabras del chico, después de todo si lo veía por el lado bueno se podría librar de su familia tanto como él, pero el lado negativo es que estaba la posibilidad de que él muriera.

—Esa maldita momia. Lo que dice no es cien por ciento verdad— susurró.

Darien dejó pasar ese murmullo y le preguntó —¿Aceptas?

—No lo creo— respondió ella, pero la oersoecy de su desición cambiaría con un grito que se escuchó interrumpiendo la escena —¡Serena! ¿Qué te dije de usar esos vestidos?

—Madre cálmate, te puede dar algo.

—Lo único que tengo es preocupación. Sigues sola y...— son dejarla terminar de expresarse, serena la interrumpió y suspirando le dió la gran noticia que su madre tanto deseaba escuchar —Lástima que mi padre no vino contigo porque te quiero presentar a mi prometido. Él es Darien Chiba.

La viuda negraHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora