Prendí las velas ya cambiadas, como todos los días, venía a hablarle.
No pasaba ningún día que no estuviera en el ático platicando o simplemente culparme por la idiotez mía. Había convertido ese lugar en mi hábitat, -literalmente- no salía a menos que tuviera que ir al baño o comer y la única foto suya que encontré la cuidaba como si fuera mi vida.
A veces venía a reflexionar y a dormir, me sentaba mejor que con los susurros y risitas de mis compañeras de cuarto.
También lo pensaba como un purgatorio, un auto castigo, cerraba todos los lugares donde pudiera entrar la luz y -en una oscuridad completa- le pedía perdón.
A éste momento la culpa se sentía como un ardor que se extendía por todo mi cuerpo, empezando desde la garganta.
Quería vomitar, como si fuera a solucionar mi malestar, librarme de esa sensación.
Varias veces pensé en la tentadora idea del suicidio, pero sería cobarde.
Además de ya haber pasado por esa situación antes, sabía que no tendría la fuerza ni el valor para hacerlo, en el fondo -muy, muy en el fondo- no quería perder esta vida que tanto me había costado sacar adelante.
Tampoco quería que con mi muerte, el asesino quedara libre de culpa.
Oh, ese tipo iba a pagar, me iba a asegurar que sufriera.
Que sufriera como yo la muerte de Sunan, que sintiera la culpa quemarlo a tal punto que el mismo se entregara, o lo que pase cuando finalmente me lo encuentre.
-No va a salvarse.
Dije sosteniendo la foto cariñosamente, nada que ver con la rabia en mi interior.
Al altar le faltaban más cosas, esperaba encontrar algo de él entre cajas. Me puse a buscar mientras tarareaba una canción.
Ví una caja rectangular con tapa verde, o eso creí ¡Era el terrario que mi amigo llevaba a todas partes!
Desesperada, lo abrí y busqué señales de vida, todos los insectos estaban secos y muertos.
Me dejé caer, decepcionada de mí, sentía que esa había sido una petición de Sunan, que cuidara a sus insectos, pero le fallé.
Cuando estaba a punto de llorar, ví movimiento entre la tierra de la caja.
Un insecto pequeño y con aspecto similar a una cucaracha salió de entre los muertos, una cigarra.
Abracé el terrario, podría cuidarlo.
[...]
Estaba abajo, preparándome para salir. Debía buscar en la biblioteca como cuidar cigarras, quizá habría algún libro útil.
Mis búsquedas en las bibliotecas casi nunca terminaban bien, me daba miedo que pasara lo mismo.
-¿Sora? - escuché desde atrás, salté del susto -¿No deberías estar en la escuela?
-Eh...
-Nos avisaron que no has ido desde la semana pasada ¿Todo bien? - la Akita me miró preocupada, seguramente porque si no iba a la escuela le pagan menos.
-Ya me voy. - cerré la puerta y escapé de la conversación.
Caminé por las calles escuadriñando cada animal que veía, debía estar alerta.
Bueno, tan alerta no fuí, porque casi me choca un auto.
-¡Pendeja estúpida! - gritaron en... Español? Con acento neutro, seguramente de los países cercanos a Brasil.
Me hubiera gustado hablar con esa persona para preguntarle cómo es su país, pero su gran diccionario de insultos y amenazas con atropellarme de verdad o pegarme con la chancla, me hicieron cruzar más rápido la calle, esta vez mirando a los dos lados.
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Hajin
Abenteuer«¿Qué pensarías, si un día, despiertas en un cuarto oscuro y frío? ¿Y... si ese cuarto oscuro y frío es tu hogar?» Sora se enfrenta a grandes problemas en una sociedad de animales antropomórficos, dónde tanto carnívoros como herbívoros convive...
