21. Pasado pisado

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Entré al salón abatida, enojada y... Derrotada, no quería volver, ni verles las caras burlonas a mis compañeros de clase.

Sentía una incomodidad terrible desde la mañana, como si mis pies fueran de plomo, una sensación eléctrica que recorre todo mi cuerpo, sentía que iba a vomitar en cualquier momento. Aún así, fuí obligada a ir a la cárcel educativa, había ido varias veces a mojarme la cara, pero no funcionaba ni mierda. No lo recomiendo.

La ansiedad sólo aumentaba.

Tenía el presentimiento de que algo malo iba a pasar, cuando caminaba por los pasillos de la escuela, me alertaba un escalofrío horroroso en mi espalda.

Los síntomas siguieron durante todo el primer bloque, cuando pudimos salir al receso y comer los bentos, yo tenía mi confiable barrita de cereal y una botella de agua del grifo. Tampoco es que quisiera uno, ¿No era demasiado comer arroz hasta en el desayuno? Por lo que había visto, agregaban el arroz como acompañamiento de cada comida del día.

No fué hasta que fui al baño que supe el causante de mi incomodidad.

Había terminado mi comida, quería intentar por última vez mojarme la cara, quizá y mejoraba. Pasé a quedarme mirándome en el espejo, simplemente pensando cualquier cosa con tal de distraerme.

Mi vista se enfocó menos en mi cara y más en los cubículos de atrás, el ambiente se puso tan tenso y frío que me empezó a agarrar un miedo inexplicable.

-No me asustas.

Dije en un intento de broma a mi misma, quería quitarme el miedo.

No fué buena idea, porque luego de decirlo, las puertas de los cubículos se abrieron de golpe, todas a la vez. Lo que parecieron horas, fueron solo segundos en total silencio, demasiado para ser normal.

Ya ni escuchaba el bullicio propio de las escuelas, ni ningún otro ruido.

El suelo empezó a crujir y las luces a fallar, completamente ilógico siendo un piso de baldosa y solo tener ventanales traslúcidos como iluminación.

Cuando todo estuvo en su punto culminante de terror, paró.

Ahora era sustituído por golpeteos detrás del espejo, tan concisos e inquietantes. Me alejé del es espejo, quedando en medio del baño, tenía el presentimiento de que si corría a la puerta, nada bueno iba a pasar.

¿En algún momento pasaron por algo tan irreal que no sabían que hacer?

La primer puerta de los cubículos se cerró violentamente, haciéndome saltar. Una oscuridad espesa se esparcía desde las cuatro paredes, sólo en ese lugar.
Siquiera tuve tiempo para pensar cuando una oleada de terror puro me invadió, un rostro cercenado y con pedazos de carne colgando se asomó por debajo de la puerta.

Sus cuencas estaban vacías y oscuras, lo que quedaba de su mandíbula estaba abierta dejando salir un quejido largo y tortuoso.

Su mirada era tan intensa y dolorosa que no podía moverme.

Tenía miedo de parpadear, que cuando abriera los ojos esa cosa estuviera frente a mí, un olor pútrido me hizo dar arcadas, siquiera la comida de Fukuda superaba eso.

Cuando ya pensaba que iba a morir ahí, una chica abrió la puerta del baño y me miró confundida, cuando ella entró, la cosa desapareció sin dejar rastro.

Salí de ahí antes de que decida volver.

Volví a clases, que ya habían empezado hace rato, -aún temblando- busqué bajo mi pupitre mis útiles.

Sentí algo carnoso y pegajoso, pero lo más terrorífico, palpitaba.

Pegué un grito interrumpiendo al profesor de historia, quien enojado, me pido que hiciera silencio. Le dí un "sí" tembloroso, retirando mi mano y viendo que una sustancia viscosa y negra escurría de ésta. Me restregué la mano en el uniforme frenética, tratando de borrar todo rastro de la sustancia.

HajinHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora