31. Confianza cristalina

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^Pov punto de vista de Legoshi tercera persona^

—¿Por qué crees que eres diferente a los demás carnívoros? —preguntó Louis de repente, sin mirarlo directamente.

Legoshi se quedó en silencio, sorprendido por la pregunta.

—Yo… no lo sé. Tal vez porque no quiero ser una amenaza para nadie.

Louis soltó una pequeña risa.

—Eso no cambia lo que eres. Pero no te preocupes. Incluso un lobo como tú tiene un lugar en este mundo… si sabes aprovecharlo.

Legoshi no supo cómo responder. Louis se levantó, con su típica confianza, y se alejó en la oscuridad.

El lobo gris se quedó ahí, solo, mirando la luna.

^Fin del Pov^

La tarde daba paso a la noche, y la tenue luz de las lámparas del teatro iluminaba el gran escenario donde los miembros del club de teatro realizaban un ensayo especial. Louis caminaba en círculos frente al grupo, su cojeo apenas era perceptible, excepto para Legoshi y yo. De hecho, no me hubiera dado cuenta si no fuera por los constante murmullos del lobo mientras lo ayudaba con la iluminación. Bastante tétricos por cierto.

Nadie se atrevía a mencionarlo, pero todos sabían que había forzado su cuerpo más allá del límite.

—Escuchen —declaró Louis, con un tono firme — Esta obra será nuestra mejor producción. No sólo por el talento, sino porque representa la unidad de nuestra escuela.

Los estudiantes herbívoros y carnívoros lo observaban con atención, algunos con admiración, otros con tensión.
En un rincón, Legoshi y yo permanecíamos en silencio, ajustando los focos desde el puesto en la cabina de luces. Desde allí tenía una vista perfecta del escenario, abajo Louis brillaba como el Mierdastar junior que es.

—Bien, comenzamos con la escena del duelo —ordenó Louis.

Los actores se apresuraron a sus posiciones. Un carnívoro, un perro salvaje llamado Kai, se movió nervioso al escenario. Estaba reemplazando a Tem en el papel del antagonista, pero su falta de confianza era evidente.

-¡No! —gritó Louis, interrumpiendo la escena tras apenas unos segundos—. Eso no es lo que quiero. Si no puedes intimidar a un herbívoro como yo, ¿cómo vas a representar a un villano?

Kai bajó la mirada, avergonzado.

—Lo... lo siento, Louis. Intentaré hacerlo mejor.

Louis suspiró, impaciente.

—No lo intentes. Hazlo.

Mientras tanto, Legoshi observaba la escena desde la cabina muy atentamente, casi que se inclinaba hacia el suelo y me ví tentada de agarrar su camisa.

—Emm, sé que Louis es genial y todo, pero tampoco como para tirarse sobre él... —dije en tono jocoso, cosa que mi compañero tomó un poco mal, se le crispó todo el pelaje y se agarró el hocico (después descubriría que eso es un signo de verguenza).

—Ah! Eh... M-me entusiasmé un poco ¿Tal vez?— intentó no mirarme directamente.

Aunque se notaba bastante avergonzado, volvió a su estado ensoñador.

—Aunque Louis es exigente, hay algo en su dedicación que lo hace admirable.  —dijo mirando al vacío— Esa perfección viene con un costo.

Nos quedamos mirando al escenario, dando por terminado el tema.

El ensayo continuó hasta altas horas de la noche. La mayoría de los estudiantes comenzaron a dispersarse, agotados. Yo pensaba seguirlos como el zombi viviente a estas horas, pero sentí la obligación moral de no dejar al inadaptado de Legoshi ahí solo. Obviamente no bajaría con él, no tengo tanto valor como para acercarme voluntariamente al cievo.

Louis permaneció en el escenario, practicando su monólogo principal.

—Louis… deberías descansar —dijo el lobo, su voz suave pero seria.

Louis levantó la vista, sorprendido por la intervención.

— ¿Quién te crees para darme órdenes? —replicó, aunque de cierta forma, menos estricto que de costumbre.

Legoshi mantuvo su mirada, algo poco común en él.

—No puedes seguir forzándote. Si sigues así, no podrás actuar en la obra.

Louis lo observaró por un momento, como si evaluara su sinceridad. Finalmente, dejó escapar un suspiro.

—No entiendes nada, ¿verdad? —dijo, con su voz más tranquila—. No tengo el lujo de descansar. Los herbívoros me ven como su símbolo de fortaleza, y los carnívoros necesitan un recordatorio constante de que no somos débiles.

Legoshi parece no saber qué responder, es un momento de tensión entre los dos, yo estoy enmedio literal y metafóricamente. No soy carnívora ni herbívora ¿Qué condiciones tengo yo en la balanza? Por primera vez, veo una grieta en la fachada perfecta de Louis.

—Es difícil ser tú. —murmuró finalmente.

Louis soltó una breve carcajada, aunque sin alegría.

—Difícil no es la palabra. Es necesario. Si no soy fuerte, todo esto se derrumbará.

Me quedé mirando desde las alturas, como una ninja

Antes de que Legoshi pudiera retirarse, Louis lo detuvo.

—Tú no has terminado aquí.

—¿Qué? —preguntó el lobo, confundido.

—Necesito que me ayudes con una última cosa. Vamos al escenario —ordenó Louis, señalando el centro del teatro.

¿Seré espectadora accidental de el comienzo de un romance interespecie gay?

Legoshi lo siguió, aunque estaba desconcertado. Louis le entregó un guion y señaló una línea específica.

—Leela. Quiero practicar mi respuesta.

Legoshi frunció el ceño.

—Pero yo no soy actor.

—No importa. Sólo léela.

El lobo tomó el guion y leyó en voz alta:

—“Eres un líder admirable, pero incluso los líderes necesitan descansar. ¿No temes que tu ambición te destruya?”

Louis, sin perder un segundo, respondió con intensidad:

—“Mi ambición no es sólo mía. Es el peso de todos los herbívoros que me ven como su esperanza. No puedo darme el lujo de fracasar”.

El silencio que siguió fue pesado. Louis se giró hacia Legoshi.

—Ves? Esa es la diferencia entre tú y yo. Tú te permites ser débil. Yo no puedo.

Después Louis finalmente aceptó retirarse a descansar. Legoshi esperó que yo bajara y apagó las luces del teatro.

—T-te acompaño hasta tu dormitorio, no es seguro de noche. — me dijo mientras caminábamos por el patio. Yo simplemente asentí, decidiendo no iniciar una conversación, porque a juzgar por su cara, está pensando en el ciervo.

—"Él carga con tanto… pero yo tampoco puedo ignorar lo que soy" —susurró, mirando sus manos.

Ehh, bueno, aquí se pasó de melancólico...

—Desde aquí puedo ir sola, gracias. — el último tramo del campus, frente a las pistas de atletismo, estaba lo suficientemente iluminado.

Me despedí y dejé al lobo atrás, que poco a poco se perdió entre la oscuridad.

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