1. Adrenalina.

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Una explosión hizo estremecer todo el recinto, al igual que a mi, partes de la pared se derrumbaron, dejando ver un poco el exterior.

Un pitido agudo me dejó tirada en el suelo por un rato.

Por primera vez en mi vida, las imágenes del sol y la calidez, tuvieron sentido ¡El sol es tan agradable!

El trozo de espejo se cayó de mis manos, cortándome el pie, haciéndome soltar un lastimero gruñido de frustración.
A pesar de recibir heridas peores que está a menudo no significa que me doliera menos ¿No podía ser como un personaje shonen indestructible?

Con toda la furia lo arrojé lejos, mi pie tenía una cortada poco profunda pero larga, de la cual salía mucha sangre.

Ya había visto mi sangre tantas veces desde que estaba viva, por lo que no le tomé mucha importancia. Me quedé estática nuevamente mirando de lo que me aislaban esas paredes.

Ahora, ¿qué rayos fue esa explosión? Aún escuchaba gritos y forcejeos del piso de arriba.

—¡NO SE MUEVAN, SOMOS LA POLICIA! — una estridente voz se escuchó del final del pasillo.

¿Policía? ¿Qué... Qué era la "policía"?

Tuve que buscar entre imágenes en mi cabeza algo relacionado con la "policía" y lo encontré, a decir verdad me emocioné un poco.
¿Habían más humanos aquí?
Con ilusión me acerqué a la pequeña ventana con barrotes de mi puerta.

Hice un esfuerzo tremendo para poder alcanzar a ver algo y casi se me escapan las lágrimas de desilución. Bestias, eran más bestias.

Pero estos no eran siluetas sin características, animales completamente anormales con extremidades alargadas y parecidas a las de un humano pero perturbador. Me lancé hacia atrás, ocultándome lejos de la puerta, en una esquina cerca del hoyo en la pared.
Brisa fría entraba haciéndome estremecer.

El mundo ya me había dado una probadita de lo que eran capaces de hacer esos seres.

Puse en mis manos el trozo de vidrio afilado.
¿Por qué la desgracia me perseguía? Miré mis manos, no se parecen a las de una niña como la de las imágenes en mi cabeza... Llenas de cicatrices y suciedad.
¿Y si, al encontrarme estos animales, me volvían a usar como sujeto de prueba? Ya suficiente dolor aguanté con los anteriores.
Abracé mis piernas mientras temblaba.

Disparos que despertaban un terrible terror en mi compañero de cuerpo sonaban en el lugar.

—¡Creo que hay más aquí! — la perilla bajó y subió —Está cerrada. — comenzaron a empujar la puerta.

Fue la primera vez que agradecí que estuviera hecha de metal, sin llave no se entra ni se sale.

Me retracté cinco segundos después, cuando la estoica y brillante puerta de metal que había significado mucho en mi cautiverio se desplomó al suelo con las bisagras y todo, un rinoceronte uniformado de aspecto aterrador estaba del otro lado inspeccionando.

Escondí mis manos detrás mío.

Sus diminutos ojos viajaron por toda la habitación, hasta que se detuvo en mí.

—¡¿Qué?! — yo ya para ese momento estaba que me hacía encima del miedo mientras éste ponía sus manos cerca de sus costados dónde se supone que está su "arma", otra cosa a la que le temía mi otro yo.

—Déjamelo a mí. — una cebra puso su mano/pata apartando a su compañero.
Caminó hasta unos metros de mí, cabe aclarar que seguía en la esquina, se agachó a mi altura e hizo un intento de... No sé que trató de hacer, solo se que mostraba los dientes.

HajinHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora