19. Provocación II

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'Provocación II'

Infiltrarme a la casa de Sean fue fácil, cualquiera podría entrar. La puerta trasera del jardín ni siquiera tenía tranca, solo lo empuje un poco y está cedió.

Se preguntaran que hago en la casa de Sean. Resulta que he fantaseado de mil maneras con el. Y no me puede culpar, ese estúpido chico del que me enamore perdidamente en mi preadolescencia fue difícil de olvidar y ahora está aquí y es imposible no volver a sentir sentimientos por él.

Conozco dos tipos de distracciones que te sacan literalmente de este mundo; la droga es una de ella, te hace viajar y sentir que eres libre y la segunda el sexo, este también te libera, te relaja y no le hace mal a tu cuerpo.

Necesito algún tipo de distracción y bueno el parece ser una muy buena distracción.

Grito su nombre o el de Víctor pero solo me contesta el silencio sepulcral.

Seguramente Sean estará en el último entrenamiento que tienen con el equipo ya que mañana será el partido con nada más y nada menos que la academia.

Luego de media hora y varios minutos de espera escuché que la puerta de la entrada se abrió, confirme que era Sean porque su voz resonó en toda la casa llamando a Víctor.

Hubo unos minutos en los que no escuché nada supuse que estaba haciendo algo abajo. Escuché como subía las escaleras de forma lenta pero ruidosa.

La puerta se abrió y Sean entro bostezando y luego suspiro ruidosamente. Tiro su bolso al piso, quitó sus zapatos y luego su camisa aún sin ser conciente que alguien, yo, se encontraba en su habitación.

Podía notar que sus músculos se encontraban tensos, su rostro se notaba cansado, tenía ojeras y no era para menos, el entrenador los estuvo entrenando duro ya que, bueno, competíamos por primera vez con la academia y los que ya habían competido contra ellos decían que eran demasiado buenos en lo que hacían.

-¿Cansado?

Mi voz hace que el brinque en su lugar y luego volteé asustado.

-Hola Sean.

-¿Que-Que haces aquí Jul? ¿y porque estás en ropa interior? ¿y en mi cuarto en medio de la oscuridad? ¿Y en mi casa?

Ruedo los ojos. -No seas estúpido Sean.

-No soy estúpido Jul, solo me sorprende verte así cuando tú fuiste la que me dijo que no tendríamos nada.

Tiene razón. Asiento.

-Pero ahora podemos, está en tus manos aceptar o no.

Y claramente que aceptaría.

Fuí lanzada a la cama mientras el besaba mis labios y cuello.

-¿No deseabas esto? -cuestiono en un susurro.

-Si... demasiado.

-Bueno, te estoy dando mi consentimiento para hacerme lo que quieras por un tiempo indefinido.

-¿Tiempo indefinido? -asiento -Me parece justo después de todo este tiempo sin ti.

-Y bueno, si tienes suerte de pronto me quedé a dormir y podamos hablar sobre eso.

El sabe a qué me refiero con ese 'eso'.

-Yo prefiero hablarlo primero.

-¿Estás seguro?

Claramente no está seguro y está dudando, creo que prefiere que haya acción entre los dos y que luego hablemos a qué hablemos y luego las cosas se pongan tensas.

Juliette Langston © Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora