Capitulo 17 Princesas

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Mina tapo su boca, para evitar que él gemido de decepción saliera de sus labios ante la escena que acaba de ver. Se sentía tan humillada. Malachite realmente amaba a aquella mujer ¿Cómo podía decirle tantas mentiras y palabras de cariño a ella cuando en realidad a la que amaba era a su esposa? aquello no le pareció una relación por conveniencia ni mucho menos monotonía. La mirada en Malachite al ver a su esposa era una que ni ella conocía. Las piernas le temblaban, así que dio un paso hacia atrás para recargarse en la pared, pero no al no calcular bien el espacio tropezó, cayendo sobre el césped.

—Auch... —Se quejo, esperando no haberse quejado muy fuerte para no ser descubierta.

Una vez que su esposa estuvo retirada Malachite comenzó a buscar a Mina con la mirada entre la gente. Al no verla, decidió ir a buscarla, pero un ruido cerca de él llamó su atención volteando pues parecía venir desde fuera de los baños. Así que caminó a paso lento y relajado el par de metros que lo alejaban de la barda que delineaba la entrada de estos.

Yaten la había visto a lo lejos, pero al ver el pequeño accidente que tuvo se acercó rápidamente— ¿Estás bien? —Ayudándola a ponerse de pie.

Mina negó con un movimiento de cabeza en señal de no estarlo— Lo siento —pero en ese momento escucho unos pasos, subiendo su vista viendo a la persona que se acercaba. Era quien pensaba, solo tomó el brazo de Yaten presionarlo un poco. Una sensación extraña e inexplicable la invadió ¿enojo? ¿tristeza? ¿miedo? no, desilusión, de él y de enfrentar aquella mirada.

—Yaten, podrías dejarme a solas con ella un momento —pidió Malachite al platinado, a lo que Yaten sonrió con ironía sujetando a Mina no con fuerza, si no con suavidad.

—Lo siento Mal, pero mi novia quiere retirarse, no se siente muy bien. La llevaré a un mejor lugar —Yaten no le quito la vista al hombre para demostrarle cual enserio hablaba.

—No es tu novia y lo sabes —le respondió inmediatamente con seriedad— Y sabes que de cualquier forma tendré que hablar con ella, así que entre más pronto lo haga mejor ¿No crees? —Lo cuestionó con algo de satisfacción.

Mina volteó a ver a Yaten, no quería que se fuera, pero Malachite tenía razón. Tenía que hablar con él, tal vez mejor ahora que sabía que tenía todos los argumentos para terminar con todo eso— Está bien Yaten, estaré bien —presionó su mano sutilmente para hacerle ver que de verdad lo estaba, mientras lo veía para demostrarle que era fuerte, aun así, agradeciéndole que la defendiera de aquel modo.

La soltó con lentitud aun no muy convencido de hacerlo y volteó para tomar el rostro de Mina entre sus manos— Te estaré esperando afuera —Se acerco a besar su frente— no lo olvides estoy a tu lado siempre —Murmuró antes de soltarla, pasando a un lado de Malachite al cual vio de reojo.

Mina agradeció que estuviera ahí con ella. En ese momento ni siquiera le importo lo que Malachite pudiera o no pensar de Yaten y ella, solo espero a que él se alejara para escucharlo hablar, percibiendo como Malachite correspondió una mirada altanera a Yaten que ella supo se sentiría muy superior a él, lo cual la molesto aún más, prefiriendo evitar su mirada mientras sacudía la tierra de su ropa.

—No pensé que vendrías, lo siento. No era mi intención que enfrentaras esto —le dijo Malachite en tono sereno, tratando de acercarse a ella, pero ella dio un paso atrás para evitar el más mínimo contacto entre ellos— Si quieres quedarte, puedes hacerlo, pero...

—No, no te preocupes —lo interrumpió, apenas viéndolo un instante para después volver a desviar su mirada. Le costaba siquiera ver aquella mirada segura y protectora que tantas veces la lleno de ilusión con sus palabras— no pienso hacerlo, no pienso ponerte en dificultades con tu esposa, ni hoy ni nunca —dio un paso para irse, pero él se lo impidió quedando frente a ella.

Maldito ErrorDonde viven las historias. Descúbrelo ahora