Libro 2 Capitulo 29 Jugando Nuestras Cartas

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Tu mejor maestro es tu último error.

Ralph Nader

-¯'v'¯-

JUGANDO NUESTRAS CARTAS

S*M

Por suerte para Seiya aquella noche al llegar a casa Rei no estaba ni siquiera se preocupó en pensar donde o con quien pasaría la noche. Era mejor, así evitaría el interrogatorio sobre porque estaba golpeado y todo aquel asunto. A la mañana siguiente se despertó recién salidos los primeros rayos de sol, se dio un baño y se alisto para salir.

S*M

Serena por fin había terminado de limpiar la cocina después de prepararse su desayuno, se sentó observando la casa aun semi vacía, solo lo básico. Una cosa debía admitir, la madre de Yaten tenía muy buen gusto, los muebles de sala que había comprado eran modernos, así que tendría que pensar en llenar esa casa en un estilo similar y ocuparía ese día para hacer esas pequeñas compras, claro si es que llegaba la persona que se encargaría del mantenimiento de la casa. Bebió el último sorbo de jugo cuando escucho el timbre, sonrió pensando en la persona que esperaba, está ansiosa por amueblar su ahora casa.

—Ya voy —Dijo justo antes de abrir quedándose un poco sorprendida de la persona que veía, no era precisamente la que esperaba— hola...

—Hola —Saludó con una sutil sonrisa y voz tenue. Se moría de ganas por recorrerla entera con la mirada, pero no lo hizo, solo se enfocó en aquellos hermosos ojos que le hacían perderse en ellos.

—¿Qué haces aquí? no está Yaten por si querías seguir golpeándolo —sonrió recargándose en la puerta.

Seiya desvió su mirada mientras rio algo divertido al escuchar aquello, pero manteniendo la tranquilidad— Que lastima venia justo de calentar mis manos —Bromeó volteando a verla— pero en realidad a quien buscaba era a ti

—Mmm ¿Y para que me buscaba Doctor Kou? ¿no le basto con lo que paso en la fiesta? —preguntó sin dejar de verlo, pero esta vez con una mirada diferente a la que había tenido al final de su conversación la noche anterior.

—La verdad es que quería disculparme con usted señorita Tsukino —expresó con seriedad sin dejar de verla.

Aquella respuesta le había sorprendido, pero esta vez no sería ella quien cayera. Se separó de la puerta entrando a la casa— Pase Doctor

Dio un par de pasos adentro para después detenerse quedando prácticamente en la entrada— Tal vez a su prometido no le agrade que alguien como yo esté a solas con su prometida

—Como le dije, Yaten no está. Además... —volteó a verlo deteniéndose a unos cuantos pasos de él— creo que yo también le debo una disculpa, jamás debí golpearlo ¿lo lastimé?

—He sufrido más en la vida que por una bofetada —no podía ni quería dejar de observarla— Me complace muchos sus disculpas, pero no son necesarias. Usted solo se defendió ante un hombre desesperado y cegado por el anhelo de reencontrarse con un amor perdido —se tomó un segundo, antes de continuar — La verdad no sé cómo pude confundirla la noche de ayer —sonrió— es más que evidente que usted es tan diferente a la persona con la que la confundo —arqueó una ceja observándola, para después sonreír de nuevo— es solo que aún sigo pensando que hay algo en usted que me resulta tan similar a ella

—¿Ah sí? —Preguntó acercándose a él lentamente hasta que estuvo junto a él cerrando la puerta sin dejar de verlo— ¿y qué es eso que le resulta tan similar a ella? —preguntó suavemente.

—Esa mirada —recorrió cada uno de sus orbes endiosado por la profundidad de ellos— es tan profunda que podría verse atreves de ella. Solo que la de la mujer que amo es más dulce y mucho menos fría que la de usted señorita Tsukino. Ella era tal vez algo común para algunos, pero para mí era todo un enigma descubrir cada reacción en ella al amarnos. Tan decidida pero frágil como una rosa —Sonrió ahora con un aire de nostalgia, desvió su mirada de la de ella— Algo que sin duda no es usted —agregó convencido de ello.

Maldito ErrorDonde viven las historias. Descúbrelo ahora