¿Quién Diría?

28.7K 2.7K 255
                                        

Hola! A pedido de los que estaban pidiendo (?) xDD Les dejo un nuevo cap. espero sea de su agrado. 

Capítulo VI: ¿Quién Diría?

—Aún no comprendo cómo milord permitió esto.

Ailim sacudió una mano con desinterés, mientras le indicaba a Stephen que removiera los postigos de la vieja ventana. El hombre rezongó pero cumplió con su tarea, aún cuando parecía más que dispuesto a abandonar en cuanto se lo ofrecieran.

Ella se colocó las manos en las caderas mientras inspeccionaba la nueva habitación con ojo crítico. Por supuesto, hallar ese lugar iluminado sería como pedirle al rey que la acompañara a pasear por Hyde Park, pero Ailim se mantenía optimista al respecto. Los cuartos del servicio de la casa de Iker parecían estar abandonados desde los tiempos de las conquistas romanas. Había tanta tierra, humedad y oscuridad que por un instante ella pensó que había hallado la mazmorra.

—Es acogedor —murmuró tratando de ver el lado positivo.

—Estoy seguro que las ratas estarán de acuerdo con usted. —Ailim intentó ocultar el desagrado que le produjo oír esas palabras. Odiaba las ratas—. ¿Por qué no escoge algún cuarto del segundo piso? Su señoría mando a cerrar estos en cuanto se hizo dueño de la casa…

Bueno, quizás no era el mejor lugar para dormir, pero estaban convenientemente lejos de Iker; justo detrás de la cocina, un lugar al que su señoría jamás intentaría entrar. Por eso era perfecto para ella.

—A mí me agrada y como nueva ama de llaves, debo procurar poner en condiciones cada esquina de esta casa.

Stephen rodó los ojos y en ese instante Ailim oyó el clic de la ventana cediendo bajo la fuerza con que la sometía el hombre. La habitación se bañó por la dulce luz del sol de la tarde y ella suspiró al notar que iluminada, era incluso más horrorosa.

                                                                ***

Tras observar el fuego chisporrotear por una hora completa, Ari comenzó a sentir los primeros indicios de aburrimiento. Su tía había desaparecido con el hombre barrigón hacía largo rato y ellas no habían vuelto a hablar sobre el asunto de las habitaciones. A ella le gustaba el cuarto que el conde había escogido, pero no entendía porqué su tía se había puesto tan molesta. Nunca antes le había gritado, no al menos sin que ella hubiese roto algo previamente. Por eso Ari sentía ganas de pedirle disculpas, había hecho algo mal, algo que había molestado a su tía y no sabía qué. Se puso de pie dispuesta a solucionar ese lío sin perder más tiempo; echaba de menos a su mamá y no quería tener que dormir sola esa noche, por lo que era primordial hacer las pases con su tía.

—¿A dónde va, señorita? —Ari se detuvo a medio andar, para sonreírle a Cleo con inocencia. Su nana bordaba tranquilamente, ajena a su pesar y a cualquier otra cosa que no implicara hilos y aguja.

—Voy a… —No se le ocurría una mentira rápida, sabía que Cleo no la dejaría buscar a Ailim, pues la mujer seguía a rajatablas las órdenes de su tía—.Voy a buscar un libro… creo que vi una biblioteca abajo.

—Recuerde lo que el conde le dijo. —Ella asintió seriamente, el conde le daba miedo por lo que sabía que debía hacerle caso.

Alcanzó la escalera en tiempo record, moviéndose con facilidad por los pasillos. Cleo tenía miedo de que se extraviara, pero a Ari le gustaba la aventura y sabía que nada malo le ocurriría entre esas paredes. Siempre y cuando siguiera las escasas reglas del conde, no había ninguna clase de límites.  

El Conde FantasmaHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora