Golpe de gracia

23.2K 2.3K 381
                                        

Les juro que este capítulo fue en su momento uno de los más difíciles de escribir, y mientras lo leía para editarlo, me di cuenta de porque me había costado tanto entonces. En fin, anteúltimo capítulo y último giro de la historia. Espero les guste, aunque tal vez no xDD

Capítulo XXXI: Golpe de gracia

Las calles de Londres estaban agitadas, la última vez que se vieron de esa forma, un barón había sido amenazado de muerte por una loca intrusa en su cama. Pero esta ocasión era diferente, aunque cualquiera sabría que el mismo hombre de aquella vez, estaba implicado en este nuevo escándalo.

Sir Reginal Ethon, avanzaba por las calles a gran velocidad con su sombrero firmemente apretado contra su cabeza, la vista en las adoquinadas y sucias aceras; y el cuello de su sobretodo convenientemente alto. No había que ser muy inteligente para saber que ese hombre intentaba esconderse de algo o de alguien. Pero su precario disfraz era producto de su falta de tiempo, Reginal había salido prácticamente en voladas de su casa, cuando su lacayo le hizo llegar el periódico de esa mañana.

Una sola idea cruzaba su mente mientras apretaba el paso de forma deliberada, una y sólo una: encontrar a ese desgraciado.

Reginal había ponderado en más de una ocasión cortarle la lengua a ese entrometido conde. Ahora ya no necesitaba más excusas, primero lo haría retractarse y luego se encargaría de que esa sabandija no volviera a ver la luz del día. Para su buena fortuna o cauta precaución, sabía exactamente donde encontrarlo, sólo esperaba que no fuese demasiado tarde.

El inmundo barco al que tuvo que arribar en el puerto de Chelsea, casi lo hizo dar la vuelta y desistir de su idea. Pero no podía, simplemente era imposible que dejara que ese maldito artículo siguiera arruinándole la vida. Incluso sus propios empleados lo observaron con recelo esa misma mañana, como si él tuviese que darle explicaciones, como si fuera indigno de su inmundo servicio. Le valía una mierda lo que esos insignificantes pensaran, podría despedirlos y contratar un nuevo personal, uno que no parara la nariz como si tuviera alguna pizca de moral. El único que lo preocupaba era su hijo, sabía de las habladurías que acarrearía ese condenado artículo y Lancet era demasiado blando, demasiado influenciable. Si no era bien aceptado por la sociedad, terminaría por hundirse en su propia humillación. Su hijo nunca había aprendido a valerse como hombre, era más bien una chiquilla bien alimentada. Incluso su matrimonio había sido algo concertado por él mismo, Lancet ni siquiera parecía interesado en su mujercita y a Reginal eso no podría importarle menos. Sólo deseaba que de una vez le dieran un nieto, lo demás lo podía ignorar, incluso el hecho de que al parecer Lancet disfrutaba más de la compañía masculina y no de las piernas abiertas de su dispuesta zorrita.

—Por aquí, sir —masculló un guardia de rostro adusto y un aroma tan nauseabundo como el mismo Támesis—. Ha llegado a tiempo, pensamos levar ancla esta misma tarde.

Reginal no respondió, no le causaba ningún interés entablar una conversación con aquel hombre. Lo siguió por los escuetos y malolientes pasillos, tratando lo más humanamente posible de no cubrirse la boca y la nariz con un pañuelo. ¿Cómo podía esa gente vivir en esas condiciones? Era compresible que no les ofrecieran el mejor trato a los criminales, pero los guardias parecían llevar la misma suerte. Lo único que los diferenciaba a uno de otros, eran los grilletes que inmovilizaban a los primeros en una diminuta celda.

—Adelante. —Abrió una puerta de metal y se detuvo en el quicio permitiéndole el paso. El barón enarco una ceja con desconfianza, pero no encontró razón para no ingresar en aquel oscuro lugar.

—¿Dónde está él? —instó receloso. El guardia le sonrió de medio lado, como si le divirtiera su pequeña dosis de recato.

—Allí dentro, sir. —Con un gesto de su cabeza indicó hacia las penumbras. Él se encogió de hombros con resignación, no había llegado tan lejos para echarse atrás en el último segundo.

El Conde FantasmaHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora