No fue hasta que se estaba desvistiendo media hora después que se dio cuenta que todavía tenía las pantis de ella en su bolsillo. Las sacó, mirándolas por primera vez. Seda negra, hermosa, de calidad. Las querría de vuelta, sin duda. La primera cosa que haría el lunes sería ponerlas en el correo.
Incluso mientras lo pensaba sabía que era una mentira. Pero, por ahora, se permitió a sí misma creerlo, porque no estaba ni de cerca lista para siquiera intentar conciliar su lujuria y necesidad por Juliana con todo lo demás que quería en su vida.
Juliana se sirvió un trago ligero en el momento que llegó a casa. Se sentó en el profundo alféizar y miró a la calle, observando a los peatones apresurarse a lo largo de ésta, sus rostros escondidos en bufandas.
Se había acostado con Carvajal, otra vez. En el asiento trasero de su auto, nada menos.
Una locura. Una absoluta locura, del tipo que no se había permitido desde que era una adolescente infeliz e imprudente, inclinada por la auto-destrucción. Ésta noche no se había sentido auto-destructiva, sin embargo. Se había sentido necesaria. Inevitable. Y se había sentido bien. La sensación de su piel contra la suya. El sabor de su boca. La gruesa dureza de Val moviéndose dentro de ella...
Pudo sentirse a sí misma mojándose de nuevo. Tragó más vodka y presionó su frente contra el vidrio frío de la ventana.
Quizá su madrastra había tenido razón todos esos años, tal vez había nacido como una zorra. Sin moral, auto-indulgente, indisciplinada. Quizá era por eso que había dejado de lado décadas de amistad con una maravillosa y adorable mujer en intercambio por diez terriblemente calientes minutos en los brazos de Valentina.
Era tentador flagelarse a sí misma, realmente rendirse al auto-disgusto que se cernía, esperando para descender, pero todo en ella rechazaba ese viejo y cruel juicio. Había luchado demasiado tiempo y demasiado duro por volver a ganar su autoestima después del desastre que fue su adolescencia para dejar que tal antigua recriminación tomara raíz en su mente de nuevo.
La verdad era que lo que había pasado con Valentina había sido extraordinario. Una tentación más allá de lo usual. No entendía por qué Carvajal tenía que ser quien encendiera su mundo en llamas tan espectacularmente, pero el hecho permanecía en que lo hacía. Una mirada y ella había estado lista para tenerla en cualquier parte, en cualquier momento. Un roce de su mano en su piel y había estado lista para correrse.
En otro tiempo y lugar, le daría la bienvenida en su cama y aguantaría su pasión mutua hasta que se quemara a sí misma hasta las cenizas. Pero Renata era una parte intrínseca de su mundo. No podía permitir que el deseo, la necesidad y la lujuria destruyeran la relación más duradera de su vida. Simplemente no podía.
Se tomó lo último de su vodka, luego se fue a la cama. Sólo cuando estaba cayendo en el sueño se permitió a sí misma pensar de nuevo en aquellos momentos en la parte trasera del auto de Carvajal.
La luz de la calle reflejándose en su cabello casi rubio. La dura y urgente estocada de su cuerpo dentro del suyo. La firme fuerza de sus músculos. La embriagadora esencia de su perfume.
Oh, había sido bueno. Tan bueno.
Sintió un único momento de profunda y penetrante pérdida mientras registraba el pensamiento. Lo que era loco, porque sólo era sexo. No significaba nada.
Todavía estaba divagando sobre su propia reacción cuando cayó en el sueño.
Todo fue mucho más claro al día siguiente. Ya no había duda en su mente de que había cometido un terrible error al permitirse a sí misma ser sacudida en su deseo por Carvajal de nuevo. No pasaría una tercera vez. De ahora en adelante, verificaría si Carvajal estaba en la lista de invitados antes de acceder a asistir a un evento social.
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EL MEJOR DE MIS ERRORES
FanfictionJuliana piensa que Valentina es una estirada mientras que Valentina piensa que Juliana es una malcriada. ¡Luego los guantes caen y también la ropa! Valentina G!P Está historia no es mía es una adaptación espero lo disfruten.
