capitulo 1

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De qué manera te odio, déjame contar las maneras.
Juliana Valdez tomó un buen trago de su copa de champaña mientras veía a la alta y castaña mujer de ojos azules a través de la sala de baile del hotel Hilton de Londres. Ella llevaba un clásico esmoquin negro para damas, con nada por debajo, pero de alguna manera se veía más estirada que amable. Pero ese era su don: tomar cualquier estilo, divertido o frívolo y convertirlo en algo totalmente insulso.
Valentina apartó la mirada del hombre mayor con el que estaba hablando y atrapó su mirada. Incluso desde la distancia ella podía ver la ligera mueca de su labio superior. Ella arqueó una ceja en un desafío tácito.
El sentimiento es totalmente mutuo, mi amiga.
De hecho, su antipatía había sido completamente mutua desde el momento en que su mejor amiga Renata comenzó a salir con ella hace seis años, y la familiaridad no había hecho absolutamente nada para aliviarla o mejorarla. A veces, cuando estaba sufriendo un ataque de reflexión poco frecuente, Juliana se preguntaba si ella y Valentina no disfrutaban secretamente la desaprobación de la otra. Ciertamente ella disfrutaba tomar fotos de Valentina al azar la mayoría del tiempo —cualquier cosa para sacudir su ridícula formalidad enjaulada— y juzgando por cómo rápidamente saltaba a la pelea, Valentina no era reacia a intercambiar golpes con ella, tampoco.
—Lamento eso. Estuve inmersa con una de las chicas Jones-Smith —dijo Renata mientras se reunía con Juliana.
Juliana se centró en su amiga, dándole la espalda a la pedante al otro lado de la habitación.
— ¿Podemos irnos ya? Los labios de Renata se estremecieron.
—Sabes que no podemos. Aún no han dado los discursos.
— ¿Y? Nadie va a notar si nos escabullimos. Pagamos por nuestros boletos, tienen nuestro dinero. Esa es la parte en la que ellos están realmente interesados.
—Compórtate. Esto no es tan malo.
—Eh, sé realista. Estas personas son los muertos vivientes. —La mirada de Juliana recorrió a la multitud bien vestida asistiendo a la recaudación anual de fondos de la Fundación de Corazón—. Más viejos que Moisés, más ricos que Dios y más aburridos que un camión lleno de contadores. Renata se echó a reír e inmediatamente después, se llevó una mano a la boca para ocultar su sonrisa, casi como si estuviera asustada de que alguien pudiera sancionarla por estar divertida por la irreverencia de Juliana.
Juliana miró a su amiga con cariñosa frustración. En todos estos años que había conocido a Renata solo había visto su cabello suelto un puñado de veces. Ella siempre estaba en guardia, siempre atenta, siempre elegante, considerada y buena… ahora más que nunca con su boda con la Señora Estirada cerniéndose en el horizonte.
—Te ves muy bonita esta noche en caso de que no te lo haya dicho antes —dijo Juliana impulsivamente, extendiendo su mano para tocar la seda del enfundado vestido azul pizarra de Renata
Con sus profundos ojos castaños, cabello rubio claro y estructura ósea delicada, Renata era la personificación de la fría y reservada rosa inglesa. Muchas personas idiotas creían que su frialdad se extendía más allá de su piel, pero era sin lugar a dudas la persona más apasionada, y más considerada que Juliana conocía. Lástima que Renata sentía la necesidad de ocultar toda esa pasión de la mayoría de las personas más importantes en su vida.
Renata agitó su mano desdeñosamente.
—Tú eres la que sobresale, Y siempre lo eres. Ese vestido es increíble.Juliana, -  deslizó una mano por el costado de su vestido suave de terciopelo rojo estilo flamenco y adoptó una pose de modo que mostraba una pierna vestida con malla gruesa a través de la abertura de su falda — pero Juliana nunca había sido una gran seguidora de las convenciones. Había puesto su cabello oscuro en una cascada en lo alto esta noche, y combinó su lápiz de labios a juego con su vestido.
—Pensé que le daría a la Fundación del Corazón algo explosivo por su dinero —dijo ella—. Probar algunos marcapasos.
Ambas rieron.
—Tengo una fiesta en la que podemos colarnos una vez que salgamos de aquí —dijo Juliana—. En el loft del Canary Wharf, música genial, bar abierto… va a estar muy bien.
Por un momento el rostro de Renata se iluminó. Luego su mirada encontró a alguien sobre el hombro de juliana y negó con su cabeza, la luz apagándose de sus ojos.
—No es realmente la clase de sitio de Val, me temo.
Los cabellos de la nuca de Juliana se erizaron. No necesitaba darse la vuelta para saber que la prometida de Renata se acercaba. Tomó un gran trago de champán mientras Valentina se unía a su pareja.
—Lo siento —dijo, su mirada sobre Renata —. Estaba hablando con Lord Burrows y perdí la noción del tiempo.
—No necesitas disculparte. No queremos hacerte perder la oportunidad de hacerle saber lo mucho que admiras su buen trabajo —dijo Juliana con su cara seria de póker.
Los ojos azules de Valentina estaban desaprobándola con frialdad, mientras encontraban los suyos.
—De hecho, eso era lo que estaba haciendo exactamente. Resulta que admiro mucho el trabajo de la Fundación.
—Además es un miembro del Club Savage —murmuró Juliana—. O quizás, ¿has encontrado a alguien que secunde tu nominación para la membrecía?
Las mejillas de Valentina se tornaron de una sombra de color rojo ladrillo. —Lo siento si mis intentos por mejorar mi suerte en la vida parecen insensibles para ti, Juliana. No todos tienen la ventaja de haber nacido en los escalones más altos.
Su franca refutación a su indirecta velada la hizo sentir pequeña e insignificante. Abrió su boca para responder por igual pero la mano de Renata descansó sobre su muñeca.
— ¿Puedo sugerir un alto al fuego? ¿Aunque sea por esta noche? - Su tono fue ligero pero sus ojos estaban suplicando cuando se encontraron con los de Juliana. De repente se sintió avergonzada de sí misma por morder el anzuelo de Valentina.
No estaba segura por qué se había salido de su camino para molestarla. No era como si él hubiera hecho algo para provocarla. Salvo respirar, por supuesto. Tragando el último sorbo de su champaña, dejó su copa en una maceta de helecho cercana, ganándose otra mirada reprobatoria de Val.
— ¿Por qué no les facilito las cosas para todos y me largo a esta fiesta mía? —dijo ella—. Ustedes dos tendrán más diversión sin mí andando alrededor.
La expresión de Renata decayó y Juliana de inmediato se sintió una canalla por abandonar a su amiga en este evento tan aburrido-como-agua de fregar. Se obligó a mirar a Valentina.
—Deberían escaparse de aquí, también, lleva a Reni a algún lugar divertido. Recompénsala por ser tan estoica.
Valentina empezó a protestar, y entonces vio el rostro de Renata
.—¿Estás aburrida? —preguntó.
—No, por supuesto que no. Esto es divertido —dijo Renata con una sonrisa rápida. Juliana esperó que Valentina aceptara su palabra y continuara con sus propios planes para la noche, pero en su lugar frunció el ceño.—¿Por qué no estoy convencida? - Elizabeth arrugó su nariz.
— ¿Debido a que soy una actriz terrible?
Valentina sonrió, la lenta curva de su boca revelando un hoyuelo en su mejilla izquierda. Juliana frunció el ceño, como siempre hacia cada vez que veía ese hoyuelo.
No pertenecía a su rostro. Era tan simple como eso. Los hoyuelos eran traviesos y juguetones. Hablaban de risa y placer, no de trajes de tres piezas y chaquetas de punto con coderas.
—Si quieres ir a otro lugar, podemos —dijo Valentina—. Ya hablé con todos los que necesitaba.
—Podríamos tomar un trago en algún lado. Hay un bar cerca a tu casa —sugirió Renata
— ¿Por qué no? —dijo ella rápidamente.
—Genial. Si te diriges por la Bloomsbury puedes dejarme en la estación Tottenham Court por el camino —dijo Juliana despreocupadamente. Ignorando el ceño fruncido de Valentina, envolvió su brazo a través del de Renata y comenzó a caminar hacia la salida. Ella podría querer protesta pero era demasiado caballeroza para negarse a su petición… y Juliana no era suficientemente una dama para estar por encima de sus mejores instintos contra ella.
Se detuvieron para recoger sus abrigos y bolsos de la habitación de mantos antes de seguir a Martin al sedán Jaguar de época que era su orgullo y alegría. Sin mediar palabra le abrió la puerta trasera y ella le dio una sonrisa pícara cuando se agachó junto a él dentro del coche.
—Animo. No es demasiado lejos, entonces podrás deshacerte de mí.
Su boca estaba apretada pero no dijo nada.
A la madura edad de veintinueve años, probablemente debería haber madurado y no molestar a la gente por deporte, pero por alguna razón nunca se cansaba de provocar a Valentina con un palo para ver cuánto tiempo le tomaría antes de gruñir y refunfuñar.
— ¿Dónde es esta fiesta tuya? —preguntó Val mientras se deslizaba en el asiento del conductor y arrancaba el auto.
Ella estaba muy ocupada revolviendo su bolso en busca de una camisola negra que había metido allí antes y lo miró con sorpresa.
—No me vas a llevar todo el camino hasta allá. Es al otro lado de la ciudad.
Había incertidumbre en su voz, y por primera vez esa noche Val le sonrió, sus ojos encontrando los suyos en el espejo retrovisor.
—Tienes razón, no lo haré. Sólo estoy tratando de averiguar si la estación de Tottenham es el mejor lugar para dejarte.
—Lo es, confía en mí.
—Me temo que no soy tan ingenua.
—Creo que podríamos estar en desacuerdo en eso. Por cierto, es posible que desees mantener los ojos en la carretera por los próximos pocos minutos.
— ¿Perdón? Ella deslizó sus brazos de las mangas de su abrigo.
—Tengo que cambiarme.
Podía ver la tensión en su cuello, mientras la miraba por el espejo retrovisor.
Levantó la mano y encontró la cremallera oculta a un lado de su vestido. Arqueó las cejas.
Desafiándola a seguir viendo.
Los labios de valentina se crisparon y disparó su mirada al frente.
—No te preocupes. juli es una profesional en cambiarse en espacios pequeños
—dijo Renata.
—Sí, estoy segura de que ha tenido mucha práctica —dijo val rotundamente.
Juliana bajó la cremallera de su vestido y deslizó los tirantes antes de tirar la camisola sobre su cabeza. La dejó deslizarse por su cuerpo. Una vez que estuvo decente de arriba, comenzó a zafarse su vestido.
—De hecho, Valentina, la tengo. Montones y montones. He estado en muchos espacios pequeños —dijo mientras contoneaba sus caderas para dejar pasar el vestido—. Es difícil para una chica llevar la cuenta.

Espero chica que me acompañen con esta historia las quiero y ya saben. 👉⭐y déjenme saber si les va gustando está nueva historia

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