Capitulo 21: Preocupación

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En aquel árbol robusto, en posición fetal sobre una rama seguía el dragón que cubría su cuerpo humano con sus alas y cola.

Después de todo ese tiempo nuevamente se sentía indefenso y débil, todo por... ¿Algunos gritos?

— Vamos Toothless manten la calma — Pensaba el dragón intentando relajarse, pues incluso el creía que era ridículo sentirse así por algo tan insignificante.

Aunque dentro de él los sentimientos comenzaban a salir como un río que se desbordaba, se sentía solo una vez más y apenado por hacer ese favor a la anciana en lugar de ocultarse.

A pesar de haber pasado tan buenos momentos ese día no podía evitar sentirse mal, como en el nido, sus decisiones acaban en algún problema mayor.

Inmerso en esas ideas el dragón acabo quedando en el reino de los sueños una vez más para relajarse un poco, aún frunciendo el ceño en incomodidad mientras dormía.

Solo uno sabía que sentía en ese momento pero no estaba ahí para ayudarle pues estaba encargándose de  un encargo.

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Nuevamente era de día en Berk, la isla comenzaba a ser cubierta por la luz solar del amanecer y el joven vikingo seguía dormido. O eso hacia antes de ser abruptamente molestado por golpes fuertes en la puerta de su hogar.

El chico irritado por despertar así bajo rápidamente casi resbalando por algo extraño en el piso, de golpe abrió la puerta preguntando con furia.

— ¿Qué quieres? — Aquello lo dijo sin siquiera ver quién había llamado, siendo el autor del ruido su niñero Gobber que se veía preocupado.

— ¡Hiccup! Por los dioses, ¿Estás bien? —Sin pedir permiso el rubio tomo del rostro al chico mientras le revisaba, parecía buscar heridas pero Hiccup aún dormido no entendía que pasaba.

— ¡Casi ensució mis calzones chico!, ¿No notaste nada al venir acá?— Interrogó el viejo a Hiccup que se notaba aún mareado por recién despertar aunque cada vez volvía más en si.

— Si Gobber, viniendo casi resbaló con algo del suelo... — Dijo realizando una pausa al ver sus pies descalzos.

Los ojos del chico se abrieron de golpe al ver qué era lo que lo hacía resbalar.
Aquello era sangre, la puerta de su hogar estaba bañada en aquel carmesí líquido vital.

Gobber hablo de pronto mientras el chico se recuperaba de la sorpresa — Por eso revise si estabas herido, vi el charco en la entrada y estaba preocupado —

— N-no... No sé que pasó, anoche entre y no estaba eso aquí — Respondió nervioso el chico mientras Gobber lo tomaba del hombro para sacarlo de ahí.

— Tranquilo, puede ser una broma de mal gusto — Replicó el rubio para calmar a su pupilo hasta que alguien hablo... bueno, grito de fondo.

— ¡Por los dioses, Gobber ven rápido! — La voz era femenina y venía de la parte trasera del hogar de Hiccup, esta se trataba de la curandera que ayudo a Hiccup cuando se lastimó en el ataque del dragón.

Gobber fue a revisar mientras Hiccup le seguía a escondidas, esto sorprendió más al chico pues la sangre en la entrada era de un cuerpo destrozado entre los arbustos.

Las falta de moscas y el olor fresco de sangre revelaban que llevaba poco ahí, aunque la escena era demasiado para el chico que se volteo para regresar el estómago mientras se alejaba.

De fondo se escuchaba nublada una conversación que tenía Gobber con la curandera que no se pudo seguir entendiendo pues el chico prosiguió a desplomarse en el suelo.

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