1: Como todo empezó.

584 34 34
                                        



Glenville, un pueblo digno de apreciar.

Este tenía un lago algo importante, le llamaban "El lago de los millones" pues ahí, hacen años, había aparecido un millón de dólares bajo el puente.

También tenía un parque de skate, una plaza pública lo más linda y bien cuidada, un área natural con árboles y todo eso, en fin, un hogar para todos lo que aquí viven.

Entre los locales de por aquí, se encuentra la peluquería de Doña Rosa. Al igual que la barbería de Don Miguel y la cafetería de Marina.

Pero la mayor atracción del pueblo era su secundaria pública.

La secundaria de Glenville poseía una gran variedad de trofeos, medallas importantes y un montón de adolescentes malcriados que se la vivían haciéndole la vida imposible a sus profesores. Pero eso no era lo importante, lo importante era que era algo reconocido por ahí, algo importante en el pueblo.

Y ahí, es donde mi madre está llevándome justo ahora.

—¿Tienes exámenes en esta semana?

Arrugue el ceño. Mamá jamás indagaba sobre mis asuntos sobre la escuela. Rara la vez. Y contando que estábamos a penas regresando del receso de verano, era una pregunta algo tonta.

—A penas estamos regresando, dudo que vayan a darnos exámenes.

—¿Siempre tienes que ser tan hostil con tus respuestas? —bufo, aparte la mirada de ella y me concentre en la ventanilla.

Mi relación con mamá era una muy inexistente. Ella trabajaba en una tienda de ropa a las afueras del pueblo, por lo que debía irse más temprano de lo usual. No me quejo, la secundaria era mi lugar seguro. Mi escape.

Mientras ella se iba a trabajar refunfuñando lo tarde que se le estaba haciendo, mi papá iba camino a su trabajo como asistente del reconocidisimo Gabriel Santa María. Un jefe de un buffet de abogados sumamente importante y millonario.

Yo por mi parte, cruzaba las instalaciones de la secundaria con una sonrisa ladina en el rostro.

—Buen día —murmuré bajando del auto, mamá no respondió. En cambio, arrancó a toda prisa dejándome en la acera delante de la secundaria.

Camine por los pasillos pintados de naranja y suspire cuando llegue a la cafetería. La sonrisa de Gloria me recibió cuando me vio entrar.

—¡Buenos días, Danny! —saludó sonriente—, ¿Cómo estuvo ese verano?

Por mi mente pasaron los recuerdos de las discusiones de mamá y papá. Las quejas de mamá sobre su empleo, y la poca paga que recibe. Recordaba los regaños de papá por no haber atendido su rancho, las veces que me gritaba por haber olvidado atender los perros y la manera en que me despertaba cada mañana con un golpe en la puerta que me hacía quedar sentada en la cama de golpe.

Si, bueno, sin lugar a dudas había sido un verano...

Inusual.

—Bien Gloria, ¿Huevos revueltos en el primer día? —le di mi mejor sonrisa intentando cambiar el rumbo de la conversación, ella asintió poniendo el desayuno sobre mi bandeja.

—Así es, empezando con todo el nuevo periodo. ¿Ya sabes que clases tienes?

—No, aún no. Supongo que lo averiguaré con Talia.

Ella asintió, yo partí a sentarme en la mesa de atrás de la cafetería mientras degustaba mi desayuno.

Gloria era de esas regordetas empleadas de cafetería que te complacían siempre. Ella y yo nos hicimos buenas amigas con el tiempo. A pesar de tener más alumnas "queridas" como ella decía, siempre noté esa diferencia conmigo. Esos panecillos que guardaba a escondidas en mi mochila cuando me distraía, la leche con chocolate que estaban por darle a los estudiantes de paga y inclusive raciones dobles en día de hamburguesa.

Forever | Libro I Donde viven las historias. Descúbrelo ahora