5: La comida jamás se rechaza

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Saben esa sensación de... ¿Tener una mirada fija sobre ti sin librarte ni un segundo?

Así me sentía siempre que Jaden estaba a mi alrededor. Y por alguna extraña razón, me ponía completamente colorada en el proceso.

Siempre fui ruda y libre, en todo sentido. La mayoría de las veces que me gustaba un chico era muy raro pues yo no demostraba ningún sentimiento hacia ellos más que desprecio.

Cuando comencé a salir con chicos, aprendí una cosa que me resultó muy útil.

Si no quieres que descubran que te gustan o atraen, trátalos mal, moléstalos, bromea con ellos. Trátalos como jamás en la vida una chica enamorada trataría un chico y tu secreto se quedara a salvo.

Supongo que por eso era que mis amores platónicos en el pasado no descubrían que sentía sobre ellos. Igual y ser lectora me ayudo mucho, el Enemies To Lovers siempre fue mi cliché favorito.

—Entonces... ¿A dónde iremos?

Suspiré viendo a Jaden quien no se había movido de mi lado en toda la hora que llevaba en la biblioteca.

—Eres tan insistente —bufé.

—Sigues sin responderme a donde iremos.

—Mira Jaden yo...

—¿Quieres comer?

Entonces una luz se encendió en mi cabeza.

¿Qué era lo único que yo jamás rechazaba?

Exacto, comida.

—¿Comida? —pregunte, el asintió complacido.

—Si, comida. De donde tú quieras —añadió.

La sonrisa que se plantó en mis labios le pareció en mis labios le tuvo que parecer graciosa pues sonrió igual.

—¿De donde yo quiera?

—De donde tú quieras.

Me puse de pie dándome la vuelta tomándo mis cosas.

—¿A dónde vas?

—Vámonos a comer, ¿O piensas quedarte ahí? 

Cinco minutos después, Jaden y yo estábamos en el Mac Donald's más cercano a un lado de la escuela. El viéndome con una sonrisa que aunque quisiera decir que la odio, era encantadora y innegablemente bonita.

—¿Qué? —pregunté viéndolo mientras masticaba.

—Te vez linda cuando comes.

El calor subió a mis mejillas.

—Déjame comer.

—Pero si yo no te estoy impidiendo...

—Jaden, una de las cosas que debes saber es que odio que me molesten mientras como. No me gusta que siquiera me hablen mientras como así que si este fue tu intento de primera cita estás muy equivocado.

—¿Estás admitiendo que tendrías una cita conmigo? —cuestionó con una ceja enarcada.

Entonces sentí que un trozo de papa frita se me atascó en la boca y empecé a toser como loca.

Desesperada, busque con la mirada la soda por la mesa pero entonces sonreí apenada cuando lo vi con la soda en mano.

—¿Ahogandote en la negación?

—Dámela y cállate —murmuré sintiendo la voz rasposa.

—Trágate tus mentiras entonces —dijo cediéndome la soda.

Forever | Libro I Donde viven las historias. Descúbrelo ahora